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PALABRAS DESLIZANTES

PALABRAS DESLIZANTES

imagesHay un gran comercio de palabras. Se venden, se prestan, se cambian y hasta se dan, con honor, palabras. Palabras para la pena, para las urnas, para la muerte, para la cuna y para la vida. Palabras altas y bajas; duras y tiernas; agrias y dulces; gruesas y finas. Palabras en manos de palabreros que embaucan, hipnotizan, deslumbran, hieren y ciegan.

Hay también palabras deslizantes que se pronuncian desde la cumbrera de un tejado que vierte sus aguas a corazones bien distintos, descosiendo las tejas o zurciéndolas, según que las palabras se deslicen a un lado u otro del filo que separa las dos vertientes protectoras de lluvia, evitando goteras y vías de agua que puedan ahogar la conciencia de los moradores que se protegen bajo las cumbreras.

Son las mismas palabras pero con distinto significado, según se caigan al norte o al sur, porque las mismas voces ofenden a quienes viven al norte de la vida y consuelan a los que sobreviven en el sur, como sucede con las palabras: justicia, igualdad y solidaridad, cuando la injusticia promueve insolidariamente la desigualdad.

La forma de evitar este deslizamiento de las palabras desde el caballete, es invertir los tejados poniéndolos hacia arriba, pero esto no es posible porque se inundarían las habitaciones sociales, quebrarían sus muros de la casa y nos quedaríamos sin espacio para vivir, ni palabras para invocar el milagro de la redención de la miseria.

GOTERAS EN EL CONGRESO

GOTERAS EN EL CONGRESO

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La lluvia ha caído como plaga bíblica sobre el Congreso abriendo grietas en la cúpula que protege a los padres de la patria, no para bautizar a ministros y diputados con agua santificada por ángeles celestiales, sino para avisarles de peores consecuencias si continúan oprimiendo al pueblo, como hizo Dios con el faraón, cuando éste desatendió la demanda de sus hijos.

La lluvia que ha roto el tejado protector de los privilegiados patronos políticos, no procede de condensaciones atmosféricas físicas, sino de lágrimas y sudores recogidos en todas las mareas humanas que recorren las calles de las ciudades destilando indignación, rabia, dolor, pobreza y desamparo, mientras los diputados mantienen sus privilegios, sueldos y favores, protegidos por una cúpula hecha de papeletas electorales, que ellos han convertido en papel mojado, haciendo oídos sordos a la voz del pueblo.

Los ejecutores y legisladores que ayer miraban con asombro hacía el techo del Congreso, deben obturar pronto las vías de agua abiertas para evitar que se cuele por ellas la ira del pueblo, provocando el naufragio de la placentera vida que llevan los mesiánicos salvadores de su patria.