SIRIA EN EL CORAZÓN

SIRIA EN EL CORAZÓN

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Me duele Siria en el alma y me late el corazón con indignación alentada por lágrimas de impotencia ante la brutal tragedia que está viviendo su pueblo, mientras los amos de la guerra juegan en los despachos sobre un tablero enrojecido con sangre inocente, al tiempo que un éxodo del terror es engañado y los refugiados no encuentran refugio, peregrinando heridos por concertinas y a la intemperie del pairo de la vida.

Tengo tres amigos sirios, uno médico que lleva entre nosotros cuarenta años aliviando el dolor de los españoles enfermos; otro, dentista, ocupado en mejorar la salud bucal de nuestros vecinos; y el tercero, profesor, empeñado en difundir generosamente su lengua materna entre quienes desean aprenderla, que ha podido traerse a parte de su familia a España, liberándola de la barbarie.

A los tres le brillan los ojos evocando a los familiares que allí se desgarran en una incivil guerra sin comprender nada, porque ante tanta locura no es posible entender las razones de unos y otros, ni aceptar que quienes pueden parar la guerra la prolonguen por razones de interés geopolítico, sin pensar en la aniquilación de tantos inocentes como están dejando injustamente su vida ante la indiferencia de los culpables y la pasividad que quienes pudiendo evitar la tragedia se lamentan cínicamente de ella.

Nada disculpa la salvajada que contemplamos impasibles en las pantallas televisivas, ni hay argumento que justifique el poder ilimitado de la sinrazón, salvo el empeño de la raza humana en demostrar que los más irracionales seres vivos son quienes presumen de lo contario, como evidencia el rastro de sangre que los animales racionales hemos dejado en la historia de la Humanidad, deshumanizada por intereses bastardos que rastrean el poder como reptiles.

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