QUEJÍO SOCIAL

QUEJÍO SOCIAL

Oswaldo Guayasamin 24

Brota un quejío en el alma del cantaor flamenco con desgarrado deje y abandonado al infortunio en dolorosa resignación de copla partida en dos por el soplo funerario de la eterna desgracia maridada con el pueblo que expresa su tormento con rasgueos de guitarra en las noches del Sacromonte.

Pero hay otro quejío social más ronco, impotente y decepcionante que el cantado en las cuevas gitanas, coreado por miles de gargantas unidas en dolientes manifestaciones reprimidas por vecinos uniformados, disciplinados y pagados por los reprimidos, pero obedientes a quienes determinan su futuro, castigando la insubordinación con la postergación o el despido.

Ambos quejíos son catárticas expresiones de una resistencia pasiva con mínimas consecuencias, pues las mareas policromadas que gritan consignas en las calles no alteran el rumbo de los decretos cuando tres emisarios europeos enviados desde el norte desenvainan sus espadas pretendiendo cortar donde ya no hay espacio para recortes, por encontrarnos al borde de la subsistencia.

Oyendo las propuestas troiskistas que nos están llegando, le responderemos el 2o de diciembre todas las mareas blancas, verdes, granates, negras, rojas y naranjas, porque sanitarios, educadores, inmigrantes, funcionarios, desempleados y jubilados, debemos ir a las urnas para evitar con nuestro quejío electoral los nuevos recortes que amenazan tras la jornada democrática.

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