PROTESTAS EN MI JUVENTUD

PROTESTAS EN MI JUVENTUD

Con motivo de la entrada que inserté en este blog sobre los “indignados”, donde aludía a las protestas que hacíamos los jóvenes en mi juventud, me ha preguntado un internauta sobre nuestras quejas juveniles, y voy a responderle salvando la gran protesta de la minoría que gritaba contra la dictadura, apoyada por el silencio precavido de una mayoría absoluta.

Esto pudo verse tras la muerte del dictador, con el grito mudo que soltamos los españoles al conseguirse la cuadratura del círculo con el suicidio de los “cuarenta de Ayete”, propiciado por la Ley de Reforma Política, que obligó al harakiri al Consejo Nacional del Movimiento tras declarar que dicha reforma  ¡estaba inserta en el proceso político iniciado el 18 de julio!

La falta de libertades, el abuso de poder, la disciplina militar académica, la desmedida influencia de la iglesia católica, los castigos escolares, la tergiversación de la historia, el oracionario permanente, la manipulación informativa y el lavado de cerebro con el espíritu nacional, fueron objeto de nuestra tímida protesta, sin éxito alguno porque la fuerza era desproporcionada y la represión franquista inclemente y sin redención.

Pero con desconfiada firmeza protestábamos por los rincones de las Facultades y ciertas parroquias contra cosas menores, – pero no sin importancia -, comparadas con las anteriormente citadas. Entre las cuestiones ajenas al gran objetivo común de retomar la democracia de la papelera donde fue arrojada el verano de 1936, protestábamos por:

  1. El conservadurismo ideológico de los padres y la rigidez doméstica
  2. La falta de comprensión de los adultos hacia los problemas juveniles
  3. El entusiasmo militar y la exaltación de los movimientos bélicos
  4. La instrumentalización de la voluntad y limitación de futuro
  5. El trato paternalista y la falta de respeto a las opciones personales
  6. La asfixia social generada por ilimitadas prohibiciones
  7. El materialismo disfrazado con moralina religiosa
  8. La ausencia de diversiones y organizaciones que no fueran juveniles y españolas
  9. El cinismo dominante en los dirigentes políticos y sociales
  10. La cultura enajenante y alienante de un Estado enajenado
  11. El castigo físico y psicológico en el centro escolar y la familia
  12. La fuerte represión religiosa y la obsesión por el sexto mandamiento
  13. El acoso permanente de los “grises” y los abusos impunes de la policía
  14. La obligación cotidiana de tener que estar a las diez de la noche en casa
  15. El miedo a comprar preservativos en la farmacia
  16. La burocracia, el “papeleo” y los clericales certificados de buena conducta
  17. El autoritario y abusivo respeto exigido por padres, profesores y adultos
  18. La guerra helada, fría, templada y caliente exterior, y la silenciosa interior
  19. El dedo que condenaba el sexo y la mano que tapaba los besos en las películas
  20. Las dificultades para salir al exterior y leer “libros prohibidos”

Estas son veinte protestas de mi juventud, entre las miles que circulaban de boca en boca con sordina. Digo esto porque protestar, lo que se dice protestar, no era posible hacerlo en un país con férrea censura periodística, disolución de reuniones con más de tres personas, frecuentes Estados de Excepción, prohibición de manifestaciones y condenas del Tribunal de Orden Público a quien se quitara el esparadrapo de la boca.

Invito a los que compartieron tan casposos años conmigo a participar en esta entrada, añadiendo otros argumentos merecedores de nuestra protesta en aquella época.

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