«PONTAJE COMUNICATIVO INTERNO»

«PONTAJE COMUNICATIVO INTERNO»


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Amanecí ayer de madrugada desconectado del mundo, sin teléfono, ni televisión, ni internet, y sin saber el porqué de tan penoso aislamiento, si no había hecho nada para merecer ese castigo a las cuatro y media de la mañana, misma hora en que un buen amigo se va a la cama.

No tuve más opción que esperar cuatro horas con el “Diario de una resurrección” en la mano y Enya en los auriculares, hasta que amaneció y pedí auxilio con el GSM a Movistar pidiéndole que me comunicara con los amigos que habían cargado 37 correos electrónicos en mi buzón virtual, privándome del mensaje que cada mañana me envía una amiga para alegrarme el despertar.

Bien, por la tarde retorné de nuevo en este mundo, y al preguntar por lo sucedido, me respondió el técnico que mi línea había sufrido un “pontaje comunicativo interno en la estación central”, lo cual me dejó tan desconcertado como el padre de la poesía “Varón” de Gabriel y Galán cuando el hijo le respondió que el aceite que ese año le correspondía era “pi menus erre”.

Con lo fácil que me lo hubiera puesto mi amigo Felipe, diciéndome que se había escachao la línea y descapichifoliao la comunicación, como el padre aludido dijo al rapaz de forma sencilla para calcular los cuartillos: “Sesenta la entera, doci pa la quinta, cuatru pa la tercia, quita dos pa una media, y resultan dos pa la otra media”.

Con la respuesta del operario le dije a Teresa: toma, anda, “¡Pués dil jaciendu las sopas con ella! ¿Y esos son saberis? ¡Esas son fachendas!”. Vamos, que ante la respuesta del obrero puse la misma cara que mis alumnos ponían cuando les explicaba gradientes, rotacionales, divergencias y otras cosas que a mí tantísimo me aburrían.

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