PAÍS ENROJECIDO

PAÍS ENROJECIDO

Mi moderada afición al fútbol no me impide reconocer que la marea roja que ayer inundó España entera acabó afectándome y quedé sumergido en ella irremediablemente, comprendiendo aquello que no sólo de pan vive el hombre, ni de toda palabra que sale de la boca de Dios, ni de arriesgadas primas económicas, ni de empréstitos, crisis, paro y decepción.

El país enrojeció con unos locos bajitos, magos del balón, cautivadores de ilusiones, provocadores de sueños y encantadores de esperanzas, que hicieron el milagro de hacernos olvidar durante unas horas la realidad que ahora tirará la puerta abajo pintando de negro el futuro que ayer enrojeció con la fantasía del mágico juego balompédico que nos brindaron once nacionalistas españoles de todas las comunidades autónomas.

Si Lope de Vega conseguía en horas veinticuatro  pasar sus obras de las musas al teatro, a la “roja” le bastaron unos minutos para transformar un país sonrojado por la crisis en un país enrojecido de alegría por la victoria.

Dice el maestro Distéfano  que el secreto del fútbol está en que la bolita entre o no entre en la portería, porque todo lo demás es humo. No es verdad. Ayer quedó demostrado que jugar al fútbol con encanto es el secreto de un deporte que tantos ejercitan sin descubrir la esencia de su belleza, porque sólo los privilegiados son capaces de armonizar eficacia y  estética.

Un comentario en «PAÍS ENROJECIDO»

  1. Ayer con ese enrojecimiento, se demostró una vez más que con esto (del futbol) si nos unimos haciendo piña, nos olvidamos por un momento de los pequeños y grandes problemas que nos aquejan, particulares y generales. Esa unión nos la han transmitido desde hace un lustro, esos a los que llaman bajitos, que son grandes en valores. Nos han demostrado y enseñado que cuando se quiere se puede.
    Ahora solo falta que aprendamos a unirnos para abordar las otras, las más serias, que a buen seguro si hubiesemos empezado hace esos cinco años, los mismos que «estos grandes» empezaron a enrojecer nuestra piel de toro, ahora otro gallo nos cantaría.
    Como bien comentas disfrutemos de esta última alegría ya que no de solo pan vive el hombre.

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