LOS PROFES Y DOÑA ESPE

LOS PROFES Y DOÑA ESPE

Las declaraciones hechas ayer por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, sobre el horario de trabajo de los profesores de Secundaria, sólo pueden calificarse de cinismo malintencionado entreverado con manipulación descarada. No caben otras opciones para justificar sus palabras, en este mundo político de mediocridad, trampas y mentiras, donde la  ignorancia, el engaño y la perversión argumental, se están convirtiendo en patrones universales de conducta para conseguir objetivos inalcanzables por vía de la honradez y el talento.

Si la Condesa consorte de Murillo y Grande de España afirma sinceramente que  las 20 horas de trabajo de los profesores  son inferiores a las dedicadas por el resto de los madrileños a su oficio, pone en evidencia que pasó por el Ministerio de Educación sin romperlo ni mancharlo.

Pero cuesta trabajo creer que una señora tan lista, haya dirigido a los profesores durante tres años sin enterarse que las 20 horas lectivas, es decir, las que el docente pasa frente a los alumnos, sólo representa una parte del trabajo que éstos realizan, como queda rubricado en las 40 horas semanales que firman cada mes, dedicadas también a preparar clases, corregir pruebas, resolver problemas, elaborar programas, hacer adaptaciones curriculares, asistir a reuniones, diseñar experimentos, confeccionar resúmenes, realizar esquemas, atender a padres, etc.

Actividades a las que se pueden añadir otras complementarias nada desdeñables como soportar el desprecio de autoridades públicas, resistir insultos e insubordinaciones de los alumnos, aceptar el control de incompetentes inspectores, resignarse ante la critica social por unos periodos vacacionales nada comparables a los que disfrutan los funcionarios de prisiones o los controladores aéreos, vivir la esclavitud horaria de las clases y aguantar a treinta hijos que no soportan sus padres.

Las declaraciones de la susodicha regente obligan a pensar en una premeditada y burda manipulación de la realidad docente que es preciso denunciar ante los lectores de este blog. La ignorancia y el descaro de esta técnica en Información y Turismo llega a extremos insultantes, obligándonos a decir en voz alta el esfuerzo intelectual, psicológico y social que representan los periodos lectivos, en nada comparable con el exigido en otros profesiones.

Ha de saber la Condesa que en cada hora de clase los profesores han de trabajar la motivación de los alumnos, detectar los preconceptos, provocar el conflicto cognitivo, modificar sus ideas previas y consolidar los nuevos conceptos. Por otro lado, deben que explicar con claridad, promover la participación, atender a los rezagados, evitar la decepción de los aventajados, responder a preguntas, mantener la atención, preguntar oportunamente, poner notas, hacer puntualizaciones, insistir en las ideas importantes, reforzar los matices, anotar las ausencias, resumir lo explicado, controlar el ritmo, ajustar el tiempo, facilitar materiales y revisar la tarea individual.

Por si esto fuera poco, tienen que controlar el volumen de voz para que se sitúe entre lo inaudible y lo que aturde. Si son monótonos en la exposición, se dormirán los alumnos, pero si las variaciones de su voz son excesivas, algunos se perderán. El vocabulario ha de ser rico y adecuado. Han de tener buena dicción, evitar las muletillas, adecuar las pausas, hacer los cortes cuando proceda y relajar la clase en el momento oportuno.

Si sus gestos son moderados pueden resultar inexpresivos, pero si los exageran hacen el ridículo. Si el ritmo es rápido pierden a los alumnos menos aventajados, pero si es lento se les van los del extremo contrario. Si les ven desganados no lograrán la motivación adecuada, pero si están permanentemente entusiasmados acabarán con un mote popular. Han de manifestar su sentido del humor a tiempo porque de lo contrario las risas que intentan provocar tendrán un origen diferente al que pretenden. Si suscitan poco la participación algunos alumnos se desconectan, pero si la promueven demasiado corren el riesgo de romper la clase por el eje. Deben presentarse ante los alumnos relajados y tranquilos, aunque acaben de salir de un conflicto dos segundos antes, o lleven sobre su espalda un grave problema personal.

Además, han de ser ser imaginativos para las soluciones. Creativos en las aclaraciones. Equilibrados en las apreciaciones. Justos en las valoraciones. Mediadores en los conflictos. Dialogantes ante los problemas. Autocríticos con la tarea. Comprometidos con sus ideas. Moderados en las expresiones.

¿Le parece poco, Condesa? Pues hay más. Dado que se trata de educar a los alumnos y de provocar conductas deseables para la sociedad en la que van a integrarse, los profesores han de esforzarse, y esforzarse mucho, – algunas veces hasta la santidad -, por ser respetuosos con el descarado; tolerantes con el desobediente; educados con el descortés; comprensivos con el hablador; amables con el impertinente; críticos con el soberbio; pacientes con el despistado; flexibles con el intolerante; despiertos con el adulador; ágiles con el pícaro;…. y simpáticos con todos.

Venga presidenta, déjese en paz de provocaciones y no juegue con el colectivo responsable de instruir a los futuros dirigentes sociales, para que de las aulas no salgan ciudadanos como los que ahora nos gobiernan.

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