LEÑA AL MONO

LEÑA AL MONO

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Wood to the monkey, dicen los ingleses para definir uno de los más degradantes deportes nacionales, practicado en la piel de toro por una minoría de cavernícolas desde que Caín miró de reojo a su hermano Abel, sin que este se diera cuenta de los garrotazos que se les venían encima a la gran mayoría de abelitas, propinados por el detestable y espinoso cainismo de los cardos envenenados.

Dar “caña” a todo lo que se mueva en dirección contraria al pensamiento propio; apalear el honor del vecino que sostiene pensamiento divergente; zaherir a quien se asoma por la ventana opuesta al balcón del inquisidor; y golpear impunemente la honestidad del discrepante con ensañamiento, es quehacer propio de quienes han borrado las palabras respeto y tolerancia de sus comportamientos, queriendo imponer el pensamiento único.

“Leña al mono, que es de goma” es lo que están haciendo algunos con una persona que ha optado por afiliarse al partido político de su preferencia, convencido de haber tomado una decisión personal acertada, por mucho que los escasos habitantes de la caverna hayan salido con sus garrotes a la luz, aprovechando la libertad que pretenden hurtar a los demás.

José Julio Rodríguez Fernández no merece las descalificaciones, desprecios, insultos y vejaciones que está sufriendo, por haberse unido a un círculo de Podemos, tras abandonar una ejemplar vida militar, convencido que puede continuar sirviendo a la patria en otro ámbito diferente al que ha dedicado 46 años de su vida.

Respeto, por favor, a las personas por mucho que sus ideas disten de las nuestras; sus comportamientos no coincidan con los nuestros; sus opciones vitales no sean las nuestras; y sus opiniones diverjan de lo que pensamos, porque solo desde la tolerancia alcanzaremos la paz social que deseamos.

Discrepemos dialécticamente de las ideas no coincidentes con las nuestras y defendamos tenazmente el pensamiento propio, pero respetemos a las personas y evitemos los insultos personales y las descalificaciones ad hominem, recordando lo que Sandro Pertini le gritó a un diputado en el Congreso italiano: “Combato sus ideas porque son diferentes a las mías, pero estoy dispuesto a dar mi vida para que usted pueda expresar libremente sus ideas”.

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