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SI GOBERNARA EL VERSO…

SI GOBERNARA EL VERSO…

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Siempre he soñado con un mundo gobernado por el verso, convencido que con tal legislador parlamentario y presidente del Consejo, la humanidad habría seguido una historia diferente a la sufrida por la raza humana desde que Caín hizo lo que hizo, según cuenta la imaginaria leyenda bíblica.

Si gobernara el verso, las armas de destrucción masiva serían poemas de conciliación; las declaraciones de exclusión, tratados de inclusión; los discursos adversos, mensajes de esperanza; y las sentencias condenatorias, indultos.

Si gobernara el verso, la vida humana sería una realidad soñada; los depredadores, depredados por la bondad; las falsificaciones descubiertas a contraluz; y las quimeras, portadas de periódicos.

Si gobernara el verso, la solidaridad no sería aspiración inalcanzable; dominaría la tolerancia los rincones del dogmatismo; el diálogo resolvería los conflictos; y la convivencia sería alimento diario compartido.

Si gobernara el verso, la generosidad sería bandera nacional; el entendimiento, Constitución popular; la sinceridad, enseña social; el humor, presea global; y la utopía, consigna ciudadana con aspiración a la felicidad colectiva.

Si gobernara el verso las guerras no formarían parte de la historia de la Humanidad; el cinismo, sería inalcanzable; la hambruna, palabra ignorada por el diccionario; y la paz, compañera inseparable del vecindario.

Si gobernara el verso no habría notarios que certificaran compromisos; ni letra pequeña en los contratos; ni fango en el lodazal de la corrupción; ni cinismo en los profetas; ni ingenuidad en el pueblo; ni mediocres en las Instituciones.

Por eso, los partidos políticos no incluyen al verso en sus listas electorales, negando el voto a los soñadores y optando por vivir la realidad de los escépticos, sabiendo que el verso los arrojaría del paraíso por frustrar la esperanza en un mundo feliz y hermanado que camine unido hacia la paz, la convivencia, el amor y la solidaridad.

LA PAZ SIGUE MERECIENDO UNA OPORTUNIDAD

LA PAZ SIGUE MERECIENDO UNA OPORTUNIDAD

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En plenas fiestas navideñas, desbordantes de felicitaciones y buenos propósitos, entre los que se incluye desear paz a los hombres de buena voluntad, vamos a desearle también paz a los malignos, con la esperanza de que se reconviertan y entre todos podamos darle a la paz la oportunidad que lleva esperando desde minutos después que Adan y Eva mordieran la manzana.

Cuando la envidia de Caín dio muerte a su hermano Abel, se hizo realidad la maldición bíblica contra la humanidad, ocupada desde entonces en regar de cadáveres la tierra, sin atender los gritos desgañitados pidiendo la paz, incluso cantando como hizo Lennon en 1971, sin que los matarifes se hayan dado por enterados, conscientes de que a sus despachos no llegarán nunca los disparos porque son ellos quienes manipulan los botones de guerra desde vesánicas poltronas.

Conseguida la paz en las trincheras, una vez silenciados los fusiles, neutralizadas las bombas y desactivados los misiles, se firman cínicos tratados de falsa pacificación preludio de interminables guerras frías, semejantes a mortales arenas movedizas que engullen derechos ciudadanos y condenan a la miseria pueblos enteros, a quienes no llega nunca la paz verdadera, sincera y duradera, que anhelamos las personas de bien.

Una paz que roce el corazón de todos los hombres con un soplo de amor comprometido hasta la médula con los derechos humanos que se conculcan impunemente tras la firmas de los armisticios, con un cinismo que espanta el sentido común y evidencia el silencio cobarde de quienes contemplan el exterminio, convencidos de que a ellos no ha de llegarles nunca el turno en la cola que todos hacemos a la puerta de la morgue social.

Estamos obligados a darle definitivamente una oportunidad a la paz universal. Es tiempo de vendimiar y brindar juntos por una paz que agite el alma de todos los seres humanos, respete los derechos fundamentales, lleve pan a toda las mesas y facilite digno empleo a todos los trabajadores. Una paz que llegue hasta el más oculto y desconocido rincón del planeta. Que llegue a la humanidad entera sin distinción alguna ni discriminación entre los seres humanos. Una paz que serene nuestras vidas, en la que nadie quede excluido porque mientras haya un ser humano quijada en mano, la asustadiza paloma de la paz no se acercará a nosotros con una ramita de olivo en el pico.

LEÑA AL MONO

LEÑA AL MONO

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Wood to the monkey, dicen los ingleses para definir uno de los más degradantes deportes nacionales, practicado en la piel de toro por una minoría de cavernícolas desde que Caín miró de reojo a su hermano Abel, sin que este se diera cuenta de los garrotazos que se les venían encima a la gran mayoría de abelitas, propinados por el detestable y espinoso cainismo de los cardos envenenados.

Dar “caña” a todo lo que se mueva en dirección contraria al pensamiento propio; apalear el honor del vecino que sostiene pensamiento divergente; zaherir a quien se asoma por la ventana opuesta al balcón del inquisidor; y golpear impunemente la honestidad del discrepante con ensañamiento, es quehacer propio de quienes han borrado las palabras respeto y tolerancia de sus comportamientos, queriendo imponer el pensamiento único.

“Leña al mono, que es de goma” es lo que están haciendo algunos con una persona que ha optado por afiliarse al partido político de su preferencia, convencido de haber tomado una decisión personal acertada, por mucho que los escasos habitantes de la caverna hayan salido con sus garrotes a la luz, aprovechando la libertad que pretenden hurtar a los demás.

José Julio Rodríguez Fernández no merece las descalificaciones, desprecios, insultos y vejaciones que está sufriendo, por haberse unido a un círculo de Podemos, tras abandonar una ejemplar vida militar, convencido que puede continuar sirviendo a la patria en otro ámbito diferente al que ha dedicado 46 años de su vida.

Respeto, por favor, a las personas por mucho que sus ideas disten de las nuestras; sus comportamientos no coincidan con los nuestros; sus opciones vitales no sean las nuestras; y sus opiniones diverjan de lo que pensamos, porque solo desde la tolerancia alcanzaremos la paz social que deseamos.

Discrepemos dialécticamente de las ideas no coincidentes con las nuestras y defendamos tenazmente el pensamiento propio, pero respetemos a las personas y evitemos los insultos personales y las descalificaciones ad hominem, recordando lo que Sandro Pertini le gritó a un diputado en el Congreso italiano: “Combato sus ideas porque son diferentes a las mías, pero estoy dispuesto a dar mi vida para que usted pueda expresar libremente sus ideas”.

DIGODIEGOS DOGMÁTICOS

DIGODIEGOS DOGMÁTICOS

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La Iglesia parmenidea, estática, conservadora e inmóvil, ha dado un viraje hacia el cambio heraclitiano para demostrar al mundo que todo fluye y nada permanece, lo que traducido en términos dogmáticos y doctrinales significa que importantes “digos” doctrinales están pasando a ser “diegos”, para sorpresa de clérigos y seglares.

No lo digo yo, sino mi respetado y querido papa Francisco, hablando de un catolicismo como religión moderna, humana y razonable, que ha sufrido lentos y tardíos cambios evolutivos a lo largo de su historia, nunca tan contundentes como los actuales, por mucho que se reconozcan los tímidos virajes habidos sobre las hipotéticas verdades religiosas.

Pasar del “solo el ser es” al “nada es, todo cambia” comenzó con la desaparición del limbo, – “hipótesis teológica” a olvidar, según Benedicto XVI – ese extraño lugar donde iban a parar las almas de los infantes que morían sin ser bautizados, porque estaba mal visto que los impúberes sufrieran las consecuencias de algo tan cruel, sin ser responsables de nada.

Luego vino la reforma del purgatorio con indulgencias plenarias y no plenarias incluidas, porque a las púrpuras de la curia, las mitras de los palacios episcopales y bonetes parroquiales no les parecía justo que purgaran penas transitorias quienes no podían meter dinero en el “cepillo” para evitar el castigo, concediéndoseles el indulto.

Pero el otro día hemos sabido por boca del bendito papa Francisco, que el infierno es un recurso literario, metáfora del alma aislada, fruto de la calenturienta imaginación de los profetas. ¡Dios mío, menos mal!, aunque podrían haberse inventado un castigo más liviano que condenar a los feligreses eternamente al fuego en las calderas del cornúpeta y malvado Pedro Botero.

No contentos con eliminar de un plumazo limbo, purgatorio e infierno, también resulta que la historia de Adán y Eva es un cuento. ¡Joer!, según viene la cosa cabe esperar que conviertan en fabulación todo el Antiguo Testamento, porque esa fabulación del barro, la costilla, el paraíso y la manzana, no se diferencia de las protagonizadas por Jacob, José, Abraham, Goliat, Isaac, Sen, Abel, Cam, Jafet, Esaú, Caín, Malaquías, Ezequiel, David, Josué, Moisés, Aarón, Tobías,  ….

¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?

¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?

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Caín engañó a su hermano invitándole a dar un paseo por el campo con la finalidad de matarlo, y cuando Jehová le preguntó por Abel, el asesino respondió que no era su guardián, siendo condenado por Dios y maldito en la Tierra, culminándose así el primer asesinato de la historia de la Humanidad para los creyentes bíblicos, en forma de fratricidio, aunque no sepamos claramente como se produjo el homicidio.

Ante la ausencia de un modelo de matanza inspirado por Dios a los profetas, cabe pensar que fue voluntad divina no proponer manera alguna para matar a un hijo de Dios sin merecer condena, pero cualquier asesinato lleva aparejada la maldición del matarife y su condenación a vagar despreciado por la Tierra hasta caer en brazos de Lucifer.

Todos tenemos claro que quien mata a otro de un disparo, navajazo, hachazo o garrotazo, es un asesino. Pero tenemos dudas en calificar así a quien mata congéneres por órdenes superiores colgándolos del cuello por una soga, electrocutando sus cuerpos o inyectándoles en vena líquidos letal, como hacen los verdugos con los condenados a muerte.

En cambio, no hay ciudadano occidental, ni creyente civilizado, ni ley democrática que considere asesinos a quienes provocan la muerte de un niño cada siete segundos por la hambruna, ni a quien priva a los enfermos de medicamentos necesarios para la supervivencia, ni a los que ordenan guerras enviando soldados al matadero.

Los creyentes en las palabras de Yahveh contenidas en el libro sagrado que pertenezcan a estos tres colectivos, han de tener clara la maldición divina que reciben, la condena al fuego eterno y la vida errante que les espera en la Tierra mientras en ella pertenezcan, porque de no ser esto así cabe pensar en segundas verdades sobre tal pasaje bíblico, que pueden llevar a la revolución de los injustamente condenados a muerte, para salvar sus vidas.

ENTRAÑABLE FRASEOLOGÍA MATERNA

ENTRAÑABLE FRASEOLOGÍA MATERNA

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Igual que existen diccionarios jurídicos, taurinos, científicos, sanitarios y marinos, tienen las madres una fraseología propia y exclusiva, que manejan a diario con soltura, resignación, curiosidad o malestar, según los momentos cotidianos en que la utilizan para dirigirse con amor fraternal a los jovenzuelos y jovenzuelas que ha parido, recordadas hoy en esta bitácora con humor filial.

Fraseología transmitida durante siglos, de generación en generación, por ósmosis histórica y sin aprendizaje alguno, que vienen empleando las madres desde que la primigenia Eva le dijo a Caín “me tienes harta con tus tonterías”, y a su otro hijo Abel le gritó: “¡deja en paz a tu hermano!”.

Desde entonces hasta nuestros días, cada mamá ha prevenido a su hijo diciéndole “te vas a caer” cuando el chiquillo hace equilibrio; “ese chico no me gusta”, a la adolescente enamorada; “mira a ver con quien andas”, al joven descontrolado; “me tienes hasta el moño”, en momentos de enfado; o “estoy harta de ser tu criada”.

Propio de las madres es acabar una reprimenda censurando que “te entra por un oído y te sale por el otro”; amenazando con “que sea la última vez”; advirtiendo que “me tienes harta”; cuestionando “¿qué te has creído?”; y preocupada por la capacidad sensorial del joven preguntándole “¡¿estás sordo?!”, “¿cuántas veces lo tengo que repetir?” o “¡¿no ves dónde pisas?!”. Eso sí, cuando llega la sanción rematan las madres con aquello de que “me duele a mí más que a ti” o “cuando tengas hijos te vas a acordar de mí”.

Las sentadas ante el televisor se resuelven preguntando “¿es que no tienes deberes?”; también tienen remedio infalible contra el tedio: “¿estás aburrido?, pues ordena tu habitación que está hecha una leonera”. Y si el hijo no hace caso, llega inevitablemente la amenaza: “cuento hasta tres…”.

Ante los viajes piden: “llama cuando llegues”. Si suena llamada o mensaje en el móvil, no falta la pregunta “¿quién era?”. Pero si el hijo sale de casa, las propuestas son muy variadas: “abrígate”, “hasta las doce y ni un minuto más”, “¿con quienes vas?”; “a ver qué haces”. Y si mal regresa el-la joven, el recibimiento se acompaña con “qué horas son estas de venir” o “esta casa no es una pensión”.

Al preguntarle donde se encuentra algo, la madre responderá: “donde siempre” o “donde lo hayas dejado tú”. Su preocupación por la alimentación y salud le hará decir: “come, anda; come y calla”, “tómate el zumo que se le van las vitaminas”, “ponte las zapatillas y no andes descalzo”, “lávate las manos” o “¿te has limpiado los dientes?”.

Finalmente, si el hijo -o la hija, claro – se queja, la madre responderá “ni jo, ni ja”, y si pide explicaciones oirá: “porque lo digo yo, y basta”. A las que se añaden: «apaga la luz», «cierra el grifo», «llevas tres horas en la ducha», «pon la mesa», «no soy tu esclava». En mis tiempos amenazaban: «como me quite la zapatilla, te pongo el culo como un tomate»….

MACABRO CENTENARIO

MACABRO CENTENARIO

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Se cumplen hoy cien años del comienzo de la Primera Gran Barbarie Mundial, más conocida como Gran Guerra, Primera Guerra Mundial o Guerra Europea para los americanos, que comenzó a fraguarse en el siglo XIX y recibió el pistoletazo de salida el 28 de junio del siguiente, cuando el estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip se encontró casualmente con su víctima junto a una pastelería de Sarajevo.

Este don nadie lo cambio todo, perforando a tiros el cuerpo del heredero imperial, archiduque Francisco de Austria, dando pie a que los austrohúngaros se enfrentaran a los serbios, apoyados por rusos, ingleses y franceses, contra italianos y alemanes, comenzando así una salvaje guerra que duró cuatro sangrientos años, llevándose por delante a millones de personas, nunca bien contabilizadas.

Leyendo diarios personales escritos por soldados que fueron llevados al matadero, el corazón se desgarra disolviendo la razón humana en locura de sangre derramada en las trincheras a golpe de bayoneta calada, rubricando con hechos reales el metafórico pasaje bíblico de Caín y la despreciable hazaña de Sansón, que inspiraron a Freud y Nietzsche, ahogando de impotencia el corazón de todos los ciudadanos corazonados.

Los tiroteados militares, hablan en sus cartas de miles de soldados hechos pedazos, de restos humanos desperdigados por el suelo, de gritos de dolor en las morgues hospitalarias, de amputaciones serrucho en mano, de buitres alimentándose de cadáveres y de insoportables hedores de carne humana nutriendo gusanos al sol.

El asesinato del archiduque fue una casualidad, de acuerdo; pero la guerra fue llevada a cabo con premeditada meditación y despreciable cobardía por mandamases que nunca pisaron el campo de batalla, ni pasaron hambre, ni temblaron de miedo, ni estuvieron frente a un pelotón de fusilamiento, ni saltaron por los aires de un cañonazo ni su carne alimentó perros callejeros hambrientos, porque a las cero horas del siglo XX el plato amargo de la locura estaba puesto sobre la mesa europea.