LA MILICIA, RELIGIÓN DE HOMBRES HONRADOS

LA MILICIA, RELIGIÓN DE HOMBRES HONRADOS

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El gesto parlamentario del ministro de Defensa, don Pedro Morenés, mandando callar con el índice en los labios a la diputada Irene Lozano, tiene mayor alcance del concedido por muchos que presenciaron escena tan lastimosa, fruto de una traición subconsciente que no puede ocultarse tras las disculpas pedidas, porque ya estamos hartos de ellas.

No sólo pedía silencio don Pedro a la diputada Lozano, sino también a la propia perseguida por los amigos del acosador condenado en sentencia firme, sin que el ministro haya tenido el gesto de reconocimiento que merecía Zaida, y merecía la gran mayoría de militares ofendidos por su desprecio, que llevan el patriotismo, la profesionalidad, el honor, la honradez, el valor y la generosidad, con más orgullo que las medallas y condecoraciones obtenidas en su vida de milicia.

Por eso, rechazo las descalificaciones globales habidas a un colectivo que no las merece, pues comparto las palabras escritas en 1689 por Calderón, afirmando que la milicia es una religión de hombres honrados, por mucho que una minoría de milicianos se empeñe en demostrar lo contrario.

Muchas veces he advertido sobre el grave daño que sufren los colectivos profesionales cuando el silencio cómplice toma cuerpo entre sus miembros, para acallar, disimular o encubrir los atropellos de una minoría que mancilla el grupo profesional al que pertenecen.

Políticos, militares, sindicalistas, médicos, profesores, sacerdotes, abogados, jueces, fontaneros y trapecistas, deben saber que por encima de la amistad está el honor. Más allá del compañerismo se sitúa la verdad. Vale la justicia lo que es inalcanzable para la afinidad ideológica. La lealtad personal no justifica el falso testimonio. La honradez cotiza más alto que la deshonesta entrega. Y la empatía con la persona herida tiene que prevalecer sobre la simpatía al ofensor.

Un comentario en «LA MILICIA, RELIGIÓN DE HOMBRES HONRADOS»

  1. Como militar que he sido durante mas de 30 años, y me sigo sintiendo aunque la enfermedad y las leyes me hayan apartado de el ejercicio de mi vocación, no puedo estar más de acuerdo con su comentario.
    Siempre he tenido a gala el poner por encima del compañerismo mal entendido la preocupación constante por el bienestar de mis compañeros y subordinados, especialmente estos últimos; pues tuve la suerte de tener unos mandos que durante mi formación así me lo inculcaron.
    Es un baldón para toda la Milicia el que se produzcan estos hechos y el que pueda haber alguien que intente disimularlos.
    Gracias por la defensa que hace de este colectivo.

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