IMPERIALISMO FINANCIERO

IMPERIALISMO FINANCIERO

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Por más milongas que nos cuenten los ministros, y por más veces que los portavoces políticos repitan que sucede lo contrario de lo que pasa, la tozuda realidad demuestra que los gobiernos no gobiernan, la democracia es una adormidera y las votaciones electorales un guiño tuerto a la voluntad popular.

Esto revelan las encuestas y reflejan las urnas, como quedó testificado en las últimas elecciones generales, donde más de diez millones de votos, representantes de la tercera parte del censo, optó por no votar a los partidos, evidenciado la falta de confianza en las organizaciones políticas y en la falsa democracia que los voceros tratan de meternos con calzador desde las tribunas.

La poca capacidad de los gobiernos para gobernar y la inoperancia del sistema democrático están en entredicho, porque ambas están sometidos al poder financiero, desde que éste inició su andadura con pisada fuerte y firme el ademán hace dos décadas, cuando los mercados financieros cogieron las riendas del poder, sometiendo votos, urnas y democracias a su interesada voluntad supranacional.

Pero no hemos sido engañados, ni debemos acusar a nadie de traición, ni podemos quejarnos de lo que ahora padecemos, porque fuimos claramente advertidos a tiempo y nadie hizo algo para evitarlo. A comienzos de 1996, el banquero alemán Hans Tietmeyer que presidía el Bundesbank advertía a las democracias europeas que los mercados financieros desempeñarían el papel de gendarmes, correspondiendo a los políticos someterse a ellos como verdaderos gobernantes en las aparentes democracias.

Y concluyendo el año 1997 fue cuando el presidente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, tomó aire para gritar al mundo: “El Estado no debe dar órdenes a los bancos”, que era tanto como decir que los bancos darían órdenes a los gobiernos.

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