GRACIAS, HAMILTON NAKI

GRACIAS, HAMILTON NAKI

Hace hoy 45 años que el corazón de Denise Darvall comenzó a latir en el pecho de Louis Wahskanski, insertado allí por las manos artríticas del joven cirujano Christian Barnard en el hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo, donde estuvo latiendo dieciocho días hasta que una despreciable neumonía paralizó sus movimientos, inducida por el tratamiento inmunosupresor a que fue sometido Louis.

Todos los honores del primer trasplante de corazón fueron para Christian Barnard, pero quien hizo posible el sueño de la vida aquel 3 de diciembre de 1967 en Sudáfrica fue un hombre negro, apartado por el apartheid, protagonista de la más vergonzosa historia de la medicina moderna, al que no permitieron salir en las fotografías.

Jardinero, limpiador de jaulas, anestesista de animales y “cirujano clandestino”, Hamilton Naki permaneció durante décadas en el más absoluto anonimato, sin recibir el reconocimiento que merecía por hacer posible en el quirófano, los aplausos y honores que su patrón se llevó a manos llenas.

Sin el ayudante Hamilton Naki no hubiera sido posible el trasplante que conmocionó al mundo, retrasando durante años la muerte de muchas personas. Pero cuando un descuido periodístico lo hizo aparecer en la foto del equipo quirúrgico, la dirección del hospital se apresuró a decir que era un empleado del servicio de limpieza.

Honor, gloria y gratitud al humilde Hamilton Naki, que sin estudios reconocidos, se convirtió en excepcional cirujano cardiaco con mérito para recibir en 2003, con 78 años, el título de médico honoris causa, poco antes de que su corazón dejara de latir el 29 de mayo de 2005, mientras disfrutaba de la vida con la humilde pensión de un jardinero.

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