DIAGNÓSTICO ECLESIAL

DIAGNÓSTICO ECLESIAL

Ha sido recordado por la historia, anunciado por la jerarquía eclesiástica, pregonado por los feligreses y predicado por la clerecía, que la Iglesia católica es redentora de condenados, liberadora de oprimidos y salvadora de pecadores, pero nunca sospechamos que fuera también experta en medicina social, con capacidad para diagnosticar enfermedades sociopolíticas, aunque sean notorios sus milagreos en santuarios marianos.

En opinión de la Conferencia Episcopal Española, la sociedad está enferma, muy enferma, enfermísima, contaminada por una “cultura de la muerte” que la ha llevado al matrimonio homosexual y al aborto. Vaya por Dios, amigos, la decepción que me he llevado al comprobar lo equivocado que estaba, creyendo que la grave enfermedad social que nos afecta, tiene orígenes diferentes a los expuestos por la infalible Iglesia católica.

Creía ingenuamente que la alteración fisiológica de la sociedad era debida a la corrupción generalizada en todos los estamentos sociales, incluida la Iglesia. Pensaba que la dolencia era causa de la injusta distribución de la riqueza, contándose la Iglesia de los pobres entre las Instituciones más ricas del planeta. Consideraba que esto, unido a la pederastia y el quebrantamiento sistemático de votos sacerdotales por parte de los profesionales de la virtud, desacreditaban toda crítica.

Fijaos lo equivocado que estaba, que había llegado a pensar que  las guerras santas y los crímenes contra la Humanidad que iluminaron tantas hogueras inquistoriales, eran la causa de muchos males históricos y el origen de lastimosas secuelas.

También creía yo que el todopoderoso Estado católico que padecimos los de mi generación, amordazados, sin pensamiento divergente ni opinión contraria, tenía mucho que ver con las voces que todavía impone la Iglesia en la sociedad, creyendo que aún estamos en tiempo de dominio y condenas a otras ideologías y creencias religiosas, haciendo que la innombrable laicidad no pase de ser una palabra sin contenido real en nuestra Constitución.

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