CALVARIO CIUDADANO

CALVARIO CIUDADANO

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La muerte de Jesús de Nazaret que hoy celebra la Iglesia, trae a mi bitácora el recuerdo de todos los hijos de Dios que mueren en la fe católica por decretos y órdenes ministeriales firmadas por sus hermanos de confesión religiosa, con la misma mano que se dan golpes de pecho en las iglesias y asisten ceremoniosos a las procesiones penitenciales.

Imaginando el recorrido del Hijo de Dios camino del Calvario, contemplo en la pantalla de televisión a los enfermos contagiados con hepatitis C, que también recorren su calvario camino de una cirrótica muerte segura, que podrían evitar los que se santiguan y otorgan méritos terrenales, cruces y honores a Vírgenes y Santos, sin percibir la condena que reciben de ellos.

Imaginando el cadáver de Jesús enterrado en el sepulcro prestado por José de Arimatea al carecer de tumba propia, contemplo las imágenes televisivas de la expulsión violenta de sus casas a hijos de Dios, ordenada por quienes comparten su fe y glorifican al Señor ante las mismas cámaras sociales, donde firman impasibles los desahucios.

Pero también, imaginando al Cirineo ayudando a Jesús a llevar la cruz, abrazo solidariamente a todos los miembros de las ONGs, comedores sociales, centros asistenciales y profesionales de la judicatura, sanidad, docencia y parroquias, que junto a bomberos, monjas y el resto de ciudadanos laicos, ayudan a los desfavorecidos a llevar la cruz del infortunio sobre los hombros.

Un comentario en «CALVARIO CIUDADANO»

  1. Mi querido amigo Paco: Tu «descreimiento» como tu mismo te defines en materia de fe, no te resta ningún mérito en cuánto a tus pensamientos, lúcidos como siempre, pero sobre todo salidos de tus sinceros sentimientos. Ojala todos, creyentes y no creyentes, tuviéramos esa claridad de ideas que tu tienes, pero sobre todo, que se reflejaran en nuestros cotidianos actos. La hipocresía y falsedad, como tu apuntas, es el estandarte de quienes sin sentirse culpables, son la causa de la mayoría de los males que abundan en esta controvertida sociedad. Todos tenemos que llevar una cruz, la vida no es fácil, pero nunca deberíamos perdonarnos el ser los causantes, de otros lleven acuestas ese pesado madero.

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