ASESORES

ASESORES

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El asesoramiento en la gestión pública que debería ser excepcional, pasajero y ocasional, se ha transformado en algo rutinario, estable y fijo, debido al clientelismo, al nepotismo, al amiguismo y a la incompetencia de muchos políticos sin escrúpulos, que ocupan puestos de responsabilidad en la Administración, para los que no están capacitados.

El único oficio para el que no se necesita experiencia, ni conocimientos, ni exámenes previos, pruebas selectivas o demostración de aptitudes para el trabajo, es la profesión política. A los incompetentes les basta con afiliarse a un partido, digerir píldoras indigeribles, tener habilidades miméticas y camaleónicas, hacer genuflexiones, ocultar verdades, engañar burdamente, lucir con descaro cara de cemento armado y carecer de mínima ética para  el servicio público.

Considerar que ciudadanos mediocres, intelectualmente débiles y contaminados moralmente, están capacitados para gestionar vidas ajenas, sin otro mérito que ir con el carnet del partido entre los dientes, es tanto como declarar que todos podemos ser cirujanos con un bisturí en la mano.

Estos polítiqueros necesitan parches sor desvergüenza para aliviar su ignorancia, contratando a miles de asesores que se sumen con él al mamoneo. Es decir, si un político es experto en el área que se le encomienda, no necesita asesores que le asesoren porque se asesora a sí mismo con sus conocimientos y experiencia; pero si desconoce el área que se va a poner entre sus manos no puede ser nombrado para ese cargo, por lo que tampoco necesita asesores. O sea, ¡asesores al paro!

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