VIOLENCIA SEXUAL

VIOLENCIA SEXUAL

viola

Traen las ondas a mi mesa de trabajo la noticia de una violación nocturna en portal oscuro, realizada por un baboso depredador de pestilente moral que acechaba escondido a una víctima, cuyo delito era ser mujer desafortunada a quien el azar puso frente al antropófago sexual desneuronado.

Hay pocas acciones humanas más degradantes para quienes las practican, y humillantes para quienes las sufren, como las violaciones a débiles, indefensas y desprotegidas mujeres, realizadas por alimañas degeneradas, que sólo aspiran a poner una muesca más en sus putrefactas gónadas.

Conjugan las violaciones todos los aspectos acreditativos de la irracionalidad, con mengua de la condición humana, identificando a los violadores con groseros cuadrúpedos que patean el honor de las víctimas y conculcan todos los derechos fundamentales básicos, mientras exhiben una brutalidad selvática.

La cobardía del violador le lleva a ejercer la violencia física, abusando de su mayor fuerza para intimidar a la víctima a tortazo limpio o poniéndole la punta de la navaja en la yugular para doblegar su voluntad. Nula valentía que exige condición bandolera, de vándalo, para ejercerla sin reparos y, muchas veces, con total impunidad por el silencio de las víctimas.

Ruedan por el suelo junto a la mujer violada, todos los principios que sustentan nuestras sociedad, como son: libertad, privacidad, respeto y dignidad, sin que la crueldad del monstruo obtenga placer sexual, porque sólo busca deleitarse con el dominio y sometimiento de la voluntad ajena a su capricho montaraz.

Eso es lo que busca y consigue el violador, sabedor que la satisfacción frustrada de la bestia se reduce a los segundos que tardan los espasmos en llevar el esperma desde las enfermizas vesículas seminales del bruto a la vagina mancillada de la víctima.

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