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Mes: junio 2018

NOSTÁLGICA HOGUERA

NOSTÁLGICA HOGUERA

Con tizón rescatado del cerro de cenizas que la hoguera de San Juan ha dejado en la plazuela de mis juegos infantiles, escribo el recuerdo de aquellos años de hambre, represión, rosario y estraperlo, cuando la libertad se antojaba imposible en sórdidos años de posguerra, sin que los niños percibiéramos la oscuridad en la vivíamos ni los adultos nos explicaran la realidad de aquel tiempo de silencio, leche en polvo, orfandad y mutilados en incivil guerra fratricida.

Recorríamos las casas del barrio pidiendo a los vecinos sillas viejas, armarios desvencijados y otros muebles inservibles para hacer con ellos doméstica torre ardiente en fuego nocturno, mientras los petardos, bengalas y cohetes atemorizaban a los perros, al tiempo que los adolescentes explotábamos “bombas” a los pies de las niñas, como alarde de dominio trasnochado para demostrar con ese atropello nuestra preferencia hacia la vecina que nos alteraba la sangre en solitarias y cálidas alcobas estivales.

Celebrábamos la llegada del solsticio de verano al hemisferio norte, saltando nueve veces sobre los rescoldos de hogueras para ganar protección contra el infortunio amoroso y tener la suerte de encontrarnos al día siguiente con la sonrisa de la falda pretendida, en la tienda de ultramarinos donde nos comisionaban quienes podían hacerlo.

Con el rostro iluminado por el fuego, pedíamos inútilmente que el Sol mantuviera su fuerza, sabiendo que su debilidad iría en aumento a partir de aquella noche hasta alcanzar su límite con la llegada del solsticio de invierno, según explicaciones del maestro, pero manteniendo la esperanza en el fuego purificador como ardiente clavo al que agarrarnos en momentos de dificultad, junto a quienes habían anhelado el milagro de la catarsis depuradora, desde que Adán y Eva inspiraran las primeras páginas bíblicas a los narradores de cuentos, conjurando hechizos y maldades con cantos peticionarios al fuego purificador.

FANATISMO

FANATISMO

El fanatismo de cualquier tipo, sea cual fuere la ideología que lo sustenta: religiosa, política, deportiva o segregacionista, es una constante en la historia universal porque forma parte de la condición humana, sin distinción de raza, procedencia o condición de los fanáticos, al estar enraizado en la necesidad de creer en algo y pertenecer a un grupo privilegiado de visionarios, prevaleciendo el impulso colectivo sobre la individualidad de cada uno de sus miembros, abducidos por el credo correspondiente.

La persona fanatizada practica el sectarismo social como forma de entender las relaciones comunitarias, carece de pensamiento divergente, objetividad intelectual y capacidad mental para distinguir fabulaciones de realidades y falsificaciones de verdades históricas, confirmando con ello la teoría del propagandista nazi Goebbels, cuando afirmaba que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad indiscutida.

Las doctrinas fanáticas tienen gran poder de penetración en jóvenes carentes de ideales que aceptan incondicionalmente aspiraciones, ilusiones o proyectos vitales –por equivocados o quiméricos que estos sean- poniendo su voluntad a disposición del banderín de enganche enarbolado por todos aquellos carentes de discernimiento objetivo, ilusiones alternativas y aspiraciones sustitutivas.

Caracteriza a los fanáticos el maniqueísmo reduccionista, formando ellos parte de los “buenos”, claro; la intransigencia ideológica a pensamientos divergentes; el autoritarismo impositivo de sus convicciones; la irracionalidad de sus dogmática posición doctrinal; y la implantación, por cirugia ideológica, de opacas orejeras que les impiden ver las alternativas mentales que abundan al borde del obsesivo camino que recorren.

Lo grave de la situación es que al fanatismo se llega pisando alfombras y entrando en la obstinación por la puerta principal del edificio doctrinario, pero se sale de él dejando pelos en la gatera, porque el final de la exacerbación concluye siempre en violencia, fractura social, desencanto general y frustración generalizada entre los abducidos, cuando estos no alcanzan sus objetivos.

OPOSICIÓN POLÍTICA

OPOSICIÓN POLÍTICA

En democracia la oposición política es pieza fundamental e imprescindible, que debe cumplir los principios de limpieza mental, honradez moral, lealtad ciudadana y alejamiento de intereses personales y/o de partido, para servir a la sociedad desde el lugar que las urnas o las votaciones parlamentarias sitúan a los opositores, aunque algunos no acaben de digerirlo y prefieren moverse en el filo de la vendetta, haciendo temblar al sistema.

Tal comportamiento nada tiene que ver con la auténtica oposición política, tan necesaria en un Estado democrático, porque se sitúa en la subestructura del sistema para intentar cambiar lo que proceda y hacerse con el poder en el futuro, respetando las reglas de juego.

Es obligación de la oposición controlar las acciones del Gobierno, vigilar sus pasos y colaborar con sus aportaciones a la buena marcha del país, al tiempo que presenta un proyecto alternativo al que esté aplicando el partido en el poder, defendiéndolo con hechos, acreditativos de las promesas anunciadas.

Cuando el vocerío interno impide oír los mensajes externos. Cuando los codazos en los pasillos obstaculizan ir codo a codo con los compañeros. Cuando los jóvenes envejecen aspirando sustituir a megaterios encadenados a la poltrona. Cuando la autocrítica no forma parte de la doctrina. O cuando las actitudes han borrado eternos valores del diccionario ideológico, la oposición se aleja de su función.

Y cuando se culpa del fracaso electoral a la epistemología occipital adventicia que determina la hectodérmica e hipostásica neuralgia escafoidal del Rhinopithecus strykeri…, entonces no queda otro remedio que marcharse a casa y dejar paso a los que pueden renovar la esperanza, antes de que sea demasiado tarde, pues en política los resultados electorales dictan cambios y actualmente las circunstancias piden un relevo.

RESACA DE INTERROGANTES

RESACA DE INTERROGANTES

La votación parlamentaria que el viernes llevó al líder socialista desde su piso en Pozuelo de Alarcón al palacio de la Moncloa no fue hecha a favor de este, sino en contra de Rajoy para sancionar la corrupción, contribuyendo a la defenestración política del gallego, los diputados del “tres per cent”, con asombro de propios y de extraños.

El voto real a Pedro Sánchez y a don Mariano llegará en las próximas elecciones generales, donde sabremos la realidad que ahora se oculta tras la euforia de “hunos” y la frustración de “hotros”, mientras diez interrogantes ocupan el pensamiento de los ciudadanos que buscan respuestas sin encontrarlas.

  1. ¿Cuándo serán las próximas elecciones que hagan realidad la XII legislatura española democrática, pilotada por el sexto presidente del Gobierno?
  2. ¿Se reproducirá en la derecha española la descomposición que hubo en la Unión del Centro Democrático, disuelta el 18 de febrero de 1983?
  3. ¿Cómo va a gobernar un gabinete moderado de izquierda socialista con unos presupuestos de derechas elaborados por el presidente decapitado?
  4. ¿Hay algún plato especial guisado en mesas herméticas que nos obliguen a engullir en un futuro inmediato, con riesgo de indigestión colectiva?
  5. ¿Qué esperan recibir los partidos Unidos Podemos, ERC, PDeCAP, PNV, Compromís, EH Bildu y Nueva Canarias, del Gabinete socialista?
  6. ¿Ha quedado algún asesor presidencial junto al deportado Rajoy, para llevarle a futura exclusión definitiva y eterna con sus consejos?
  7. ¿Encontrarán los líderes anaranjados de Ciudadanos la estratégica brújula perdida que les permita recuperar el codicioso rumbo a la Moncloa?
  8. ¿Conseguirá el PSOE convencer a los ciudadanos de que ha llegado a la Moncloa para quedarse en ella por votación popular, y no como transeúnte?
  9. ¿Enterrarán los independentistas catalanes la estelada en el marco de un Estado Federal monárquico con futura aspiración a República Federal del Estado o continuarán pertinaces reclamando la República Independiente Catalana?
  10. ¿Tendrá internamente el Partido Popular generosidad y talento para renovarse, radicalizando su actitud en sentido contrario al comportamiento mantenido desde que Aznar quedó investido rey de reyes, señor de señores y patriarca universal inmune a todo error, con sabiduría divina y poder infinito.