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Año: 2013

ANIVERSARIO REVOLUCIONARIO

ANIVERSARIO REVOLUCIONARIO

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Hace hoy 96 años el descontento del pueblo ruso con la autocracia zarista llevó a los ciudadanos a una revuelta en Petrogrado, capital de la Rusia zarista, que fue preludio de la rebelión militar forzadora de la abdicación del zar Nicolás II, dando comienzo la Revolución Rusa.

El crecimiento de la clase obrera, unido al agravamiento de la pobreza y el malestar de los ciudadanos por no recibir aquello que merecían, fomentó una conciencia revolucionaria rebelde al poder del zar que nada hizo por evitar la injusticia social reinante, permaneciendo impasible antes “los chinches y cucarachas” que se paseaban por los hogares empobrecidos.

Tras la brutal represión llevada a cabo por la todopoderosa Ojrama, policía secreta del zar, encarcelando ciudadanos y deportándolos, continuaron las manifestaciones populares como la convocada en San Petersburgo, exigiendo un cambio de política al zar Nicolás II, que fue duramente reprimida, creándose como respuesta los primeros órganos de poder independientes del Estado zarista: los soviets.

La hambruna y escasez de medios en la población de un país que había tenido la mayor tasa de crecimiento de Europa antes de la gran guerra, no fue tenido en cuenta por el zar y por su querida Alejandra, a pesar del asesinato de su oculto asesor Rasputín.

Las revueltas sociales fueron inicialmente reprimidas por militares y policías hasta que una compañía de soldados se sumó a los insurgentes, arrastrando a toda la guarnición de Petrogrado a la rebelión, provocando el derrocamiento del zarismo y triunfando la revolución ante el entusiasmo popular.

23 – F

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Bueno

Los convocantes de las manifestaciones que hoy van a celebrarse nos piden que acudamos a ellas para luchar contra el paro y la corrupción, con la misma fuerza que rechazamos hace hoy 32 años los vesánicos disparos que hicieron al techo del Congreso algunos tricornios enajenados, entre los miles de mentes sanas que forman tan prestigioso cuerpo de seguridad del Estado.

Años convulsos aquellos en que los etarras y las luchas ucedistas internas despertaron el ánimo de algunos salvapatrias herederos directos del franquismo, como puede suceder ahora con demagogos populistas que brotasen en tierra indignada, regados por la cobardía política de quienes someten la voluntad popular a la ambición de los consejos de administración de las entidades financieras y no miran de frente la corrupción política.

Con los pies en el suelo, pisando el fango y sin apelar al catastrofismo, vemos que se está formando un peligroso cóctel social de consecuencias imprevisibles donde se mezclan gotas de incompetencia política, con chorritos de injusticia social, cucharadas de corrupción y litros de cinismo, junto a cisternas de indignación ciudadana y paro laboral, que pueden ser preludio de inevitable desobediencia civil por parte de las fuerzas del orden, los sanitarios, jueces, funcionarios, honrados militantes políticos, bomberos, profesores, cerrajeros y gente de buen vivir.

Hace 32 años nos sublevamos contra el esperpento golpista protagonizado por un puñado de visionarios, y hoy levantamos hoces y guadañas de indignación contra el abuso, desprecio y ruina que sufren los inocentes de la tragedia, mientras los causantes de ella se pasean por la cubierta de barcos que navegan a toda vela por encima de la miseria rumbo a paraísos financieros, sin percibir los tijeretazos sociales y sacrificios que reciben injustamente quienes no provocaron el naufragio.

MUJERES FLORERO O DESCARADO CINISMO

MUJERES FLORERO O DESCARADO CINISMO

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Mujer florero es aquella que se luce en el escaparate doméstico sin más mérito que decorar la casa, recibiendo del marido todo lo que él le entrega sin preocuparse por saber de donde saca el marido todo lo que saca “pa» tanto como destaca.

La mujer florero se limita a ser un adorno más del hogar, ocupándose de estar bien arregladita, limpia y dispuesta a recibir los mimos, caricias y regalos de quien hace cuanto se le antoja con el dinero de ambos, sin que a ella le interesen los bienes comunes que comparte en gananciales con su protector.

Para que se entienda, la mujer florero es una mezcla del “calzonazos” masculino con la “tonta” del refrán que nada le importa si le dan pan y la niña obediente al mandato de “come y calla”. Es una muñequita de salón, con belleza cosmética y escaso talento, despreocupada del marujeo económico familiar que la obligaría a cotillear en las corruptelas financieras de su marido.

Es decir, que la mujer florero nada sabe de cuentas porque le basta con disfrutar de fiestas cumpleañeras, coches de lujo, palacetes catalanes, viajes por el mundo, regalos de Louis Vuitton, firmas en barbecho, privilegios reales, carteras ministeriales y otras menudencias sin importancia, que no están al alcance de los imbéciles ciudadanos que soportamos los insultos de sus mentiras oficiales.

Pero la jugada no puede salirles bien: o son tontas de solemnidad que nada saben, en cuyo caso no deben estar donde están; o están mintiendo, en cuyo caso el cinismo debía condenarlas a las tinieblas evangélicas, donde sólo hay llanto y crujir de dientes.

RECORTAZO AL TASAZO

RECORTAZO AL TASAZO

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El Ministerio de Justicia acaba de anunciar una reducción del 80 % en las tasas judiciales que arbitrariamente nos había impuesto, según ha comunicado por carta el fiscal Gallardón a la Defensora del Pueblo. Noticia que celebramos con amargura porque viene oscurecida con negra sombra de decepción, pues exigimos la abolición de la presurosa Ley 10/2012.

No obstante, debemos satisfacernos con la rebaja del ministro aunque no comprendamos lo sucedido, porque si las cantidades impuestas en dicha ley eran las justas, no debían reducirse; y si no lo eran, jamás debieron imponerse.

La decisión del ministro alivia parcialmente temores, evita lamentables injusticias y protege parcialmente la indefensión, pero tiene el sabor amargo del más radical totalitarismo en el seno de una seudocracia que lleva años esperando convertirse en democracia. Lo sucedido hace pensar en una perversión del sistema consistente en introducir cada cuatro años a los ciudadanos en las urnas, reteniéndolos en esa jaula el tiempo preciso para promulgar leyes de caza, cargar las escopetas y disparar contra ellos.

La actitud del ministro es paradigmática de lo que no debe hacerse en democracia, por mucho que Gallardón se considere investido de divinos poderes, similares a los del papa cuando habla excátedra.

Alguien tendría que decirle a este fiscal revenido a concejal, senador, diputado, presidente de comunidad, alcalde, ministro y déspota, que los ciudadanos no somos perdices en el coto privado de sus caprichos vesánicos. Ni cobayas de experimentación para sus ratos de ocio. Ni muñecos de chocolate con los que alimentar su prepotencia. Ni siervos resignados para satisfacer su vanidad. Ni juguetes distractores de su incompetencia.

Alguien tiene que decirle a don Alberto que antes de disparar, conviene apuntar. Que antes de tomar decisiones que afecten a otros, hay que consultar a los afectados. Que para recibir aplausos conviene evitar provocaciones. Que la prepotencia y el despotismo son propios de regímenes absolutistas. Y que la prudencia, el respeto, la cordura y el sentido común deben guiar las actuaciones de los  mandamases.

DESOBEDIENCIA CIVIL

DESOBEDIENCIA CIVIL

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La desobediencia civil, consecuencia de la objeción de conciencia, es el rechazo de las personas a cumplir determinadas leyes y órdenes, por considerarlas contrarias a sus convicciones personales forjadas en principios éticos o religiosos. Fundamentos disconformes con exigencias impuestas por leyes y mandatos externos, que determinan la desobediencia civil del objetante, sin cometer delito por someter ordenanzas humanas a dictados naturales de la conciencia.

Eso ha hecho el bombero que ayer se ha negado a cizallar las cadenas de acceso a la vivienda de una anciana de 85 años que iba a ser desahuciada, ante la cara de asombro de los policías y agentes judiciales que reclamaron su presencia, y el aplauso de los ciudadanos solidarios que se oponían al desahucio. Nuevo brote verde de rebeldía e insumisión a órdenes que pretenden malversar la conciencia personal de cada cual,  preludio de próximas desobediencias si las autoridades se empecinan en seguir por el camino que han tomado.

La Constitución recoge en su artículo 30 este derecho ciudadano, pero sólo en el ámbito del servicio militar, olvidando que la conciencia personal va más allá de negarse a disparar balas contra otro ser humano, porque existen otras formas de matar o mutilar al vecino, sin necesidad de pegarle un tiro en el pecho o volatilizarlo de un bombazo.

¿Puede obligarse a un cirujano a dejar abandonado en la puerta del quirófano a un enfermo sin “papeles”? ¿Debe condenarse a un soldado por negarse a cumplir órdenes de matanza opuestas a su conciencia? ¿Merece castigo un bombero por cumplir su código deontológico, desobedeciendo mandatos que considera inmorales?  ¿Puede inhabilitarse a un policía por negarse a golpear ciudadanos que piden pan, trabajo y justicia o apartarle del servicio por disparar al aire pelotas de goma en vez de hacerlo a los ojos de quienes defienden los intereses del propio policía que los mutila? ¿Puede obligarse a un juez a dictar sentencia de desahucio contra un desposeído, basándose en una ley añeja que colisiona con su ética personal y su desacuerdo legal?

La objeción de conciencia provoca una dolorosa confrontación entre dos normas desiguales en su ámbito de influencia, pero con igual mérito, validez e influencia sobre las personas: la norma legal impuesta por la sociedad; y el código ético personal que determina los comportamientos individuales.

Existe un choque frontal entre el derecho objetivo y la norma subjetiva. El primero con más tinte de racionalidad que el segundo, aunque éste aventaje en convicción y compromiso al primero, amparándose en la Declaración de los Derechos Humanos y en  decretos naturales contrarios a ordenanzas legales, sean éstas las que fueren.

Los que pretenden someter la objeción de conciencia a las leyes comunes, alegando los valores democráticos que las dictan, olvidan que los ciudadanos no estamos sometidos a la disciplinas contrarias a nuestro código moral de conducta, ni obligados a claudicar ante el patrioterismo de poltrona y chequera, pretendido por demagogos que llenan sus bocas con palabras que contradicen los comportamientos y actitudes que manifiestan.

Los demócratas hemos de acabar con esa lacra de patrioterismo y democratismo, con que pretenden adoctrinarnos y domesticarnos para evitar la rebelión y acrecentar la sumisión, a base de amenazas, pelotazos, garrotazos y leyes que benefician a los mantenedores del sistema.

Quienes dan las órdenes no siempre tienen razón, y es obligación ciudadana oponerse a ellas cuando el daño que generan a los vecinos lo aprovechan unos cuantos pescadores en este río revuelto cargando las redes de beneficios personales que aliviarían poblaciones enteras, como es de todos conocido, sin necesidad de dar nombres de los depredadores, porque están en boca de todos.

PEINETAS POPULARES

PEINETAS POPULARES

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Cuando hablo de peinetas no me refiero al ornamento femenino para el cabello que tiene forma convexa y púas, usado por las mujeres como adorno o para asegurar el peinado, encajándolo en el moño. La peineta que traigo hoy a la bitácora hace referencia al gesto que hacen algunas personas levantando el dedo del corazón de forma obscena, como falo eréctil, manteniendo la mano cerrada y con el revés hacia fuera.

Peinetas hacen los futboleros a futbolistas y viceversa; con peinetas obsequian desde el volante los conductureros a los conductores; peinetas indignadas dedican los manifestantes a los policieros; y obscenas peinetas vuelan en las discusiones, reprimendas, broncas y desacuerdos como rúbrica final de la contienda.

Entre las peinetas más degradantes y despreciables testificadas en esta tierra de María Santísima, destacan las protagonizadas por el borbón Juan Carlos, el hombre-hombre Aznar, el salvadoreño Trillo y el charcutero Bárcenas. El primero dedicó su peineta a un grupo de personas que le abucheaban en Euskadi; el alcaldeso se la brindó a un grupo de universitarios que le piropeaban; el obrero supernumerario la ofreció al público mientras abrazaba a su amiguito; y el presunto trilero onubense, obsequió ayer con una peineta a los periodistas que le daban la bienvenida en el aeropuerto madrileño a su regreso de las agotadoras jornadas que pasó esquiando en Canadá.

Desde la época romana, la peineta representa el falo erecto, siendo considerado impúdico por San Isidoro el dedo del corazón, que fue llamado “digitum infamis” o “impudicum” por el poeta Décimo Junio Juvenal, destacando hoy tal levantamiento por su mal gusto, falta de respeto y la poca estética, como reflejo de incultura, prepotencia y cobardía.

Con tal erección digital se pretende insultar al oponente llamándole «sodomita afeminado» o “maricón”, expresando al mismo tiempo el deseo de que al receptor “le den por el culo”, otorgándole así una dimensión anal sin reparos, como insulto homófobo que pretende ofender con grosero gesto al destinatario del ultraje.

IGNOMINIA LABORAL

IGNOMINIA LABORAL

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Unknown

El salario de miseria con que el Estado compensaba el trabajo de quienes se dedicaban a la sagrada tarea del educar a los niños en las escuelas, alumbró entre la población infortunadas frases hacia ese desdichado colectivo, como la utilizada por los ciudadanos desaventurados que proclamaban “pasar más hambre que un maestro de escuela”.

El vecindario sabía las penurias económicas de los maestros, pero ignoraba las condiciones de trabajo de las maestras, obligadas por ignominiosos conciertos a cumplir unos mandatos de esclavitud personal y profesional que hoy nos espantan, si querían acceder al puesto de trabajo en una escuela. Puede leerse con estupor el contrato de trabajo que hace apenas 90 años estaban obligadas a firmar las maestras que aspiraban a dar clase durante ocho meses en alguna de las escuelas del reino, recibiendo por su trabajo 70 pesetas mensuales.

A imposiciones “menores”, tales como vetarles fumar y tomar bebidas alcohólicas, debían cumplir obligaciones “propias de la condición femenina”, como barrer el aula a diario, fregarla una vez por semana, dejar pulida la pizarra cada día y encender el fuego a las 7 de la mañana, junto a otras opresiones que afectaban directamente a la dignidad personal de la maestra, sin que ésta tuviera oportunidad de manifestar queja alguna.

Entre tales humillaciones, figuraba la prohibición de teñirse el pelo, usar polvos faciales, maquillarse y pintarse los labios, órdenes que eran antesala de vejaciones relacionadas con la indumentaria a lucir, como impedirles usar vestidos de colores brillantes o lucir faldas que estuvieran a más de 5 centímetros por encima de los tobillos, estando obligadas a llevar dos enaguas. En este compromiso de esclavitud, se prohibía a la maestra casarse, pasear o viajar con hombres, no pasearse por heladerías y estar encerrada en su casa desde las 8 de la tarde hasta las 6 de la mañana.

Esperamos que el retroceso histórico en materia educativa provocado por los injustos recortes presupuestarios, no lleve a estos límites el trabajo de nuestras heroicas maestras y que la marea verde sea apoyada por los ciudadanos para evitar hundirnos en un pozo del que tardarían las futuras generaciones tres vidas en salir.