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Año: 2012

DEMOCRACIA A LA ESPAÑOLA

DEMOCRACIA A LA ESPAÑOLA

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Durante años estuvimos justificando lagunas democráticas en el país, argumentando la bisoñez de nuestra democracia y los inevitables efectos colaterales derivados de los cuarenta años de dictadura que padecimos, pero ya no caben más disculpas ni retrasos.

Nuestros jóvenes y los adultos en primera madurez, han nacido y crecido en democracia y somos responsables los de mi generación de haberles ofrecido un sistema de gobierno que poco tiene que ver con la realidad que se vive en países democráticamente consolidados.

Basta comprobar la impunidad política, ética y judicial con que se mueven los dirigentes políticos, para certificar que la igualdad ante la ley, el compromiso moral con el pueblo y la renuncia al cargo, son quimeras inalcanzables en este país.

Basta contemplar la corrupta mancha de aceite que se extiende por la piel de toro, para solicitar que la indignación de los desfavorecidos y parados se derrame por encima de ella y ahogue en sangre la especulación, los abusos, las mentiras y las trampas.

Basta recordar nombres como Flick, KIO, Rumasa, Ibercorp, Urralburu, Salanueva, Roldán, Conde, Naseiro, Hormaechea, Pallerols, Villalonga, Forcem, Gescartera, y ver hoy inscritos en la punta del iceberg a Gürtel, Malaya, EREs, Matas, Palau, Pretoria, Campeón, Renedo, Berzosa y Urdangarín, para darnos cuenta, como dice la pancarta, que no hay suficiente pan para tanto chorizo suelto en un país que juega a ser democrático.

Basta oír a la infanta Pilar mandando callar a los vasallos de su hermano Juanito y culpando a los medios de comunicación de las fechorías de su sobrilítico Iñaki, para sentirnos despreciados como siervos medievales de la gleba.

Basta leer el programa electoral del PP, repasar las hemeroteca y pasear la vista por las videotecas para darnos cuenta del fraude electoral cometido por la gaviota, al prometer que no harían algunas cosas que están haciendo, dañando especialmente a los inocentes de la tragedia.

Basta recordar ciertas gestiones del anterior gobierno, evocar algunos ministros/as y contemplar las navajas que vuelan en Ferraz y Sevilla, para comprender lo que pasó el 20-N y disponernos a aceptar resignados el oscuro porvenir que nos espera con lo que está por venir del socialismo político profesional.

Basta ver tirados en estercoleros políticos valores democráticos como la honradez, igualdad, participación, transparencia, solidaridad, respeto, tolerancia y verdad, para confirmar sin error la degradación del sistema.

Basta comprobar la indiferencia con que una sociedad dormida y adocenada acepta resignadamente el despilfarro institucional, el abuso salarial de políticos y la incompetencia de los dirigentes, para certificar el cierre por defunción.

Basta reflexionar un par de minutos sobre la dimisión del presidente alemán Christian Wulff al apuntar hacia él la fiscalía de Hannover, para constatar el camino democrático que aún nos queda por recorrer.

Basta oír al Jefe del Estado apelar a razones judiciales y penales para acreditar la honestidad de cargos públicos y yernos, olvidando el clamor popular de los súbditos exigiendo testimonio ético, compromiso moral y honradez a la mujer del César.

ROSTRO AMABLE DE UNA INCIVIL GUERRA

ROSTRO AMABLE DE UNA INCIVIL GUERRA

Presenta la Universidad de Salamanca en su sala de exposiciones  algunas de las fotos que hizo Kati Horna en los años 1937 y 1938, cuando España de desangraba en un salvaje guerra incivil, para conmemorar el nacimiento de la fotógrafa húngara.

Retratos que muestran la imposible cara amable de una guerra, que yo deseo compartir con todos vosotros.

¡OS QUEDA LA PALABRA!

¡OS QUEDA LA PALABRA!

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Recurro al poema de Blas de Otero para decirle a quienes fueron mis colegas durante más de treinta años, que siempre les quedará la palabra para luchar ante sus alumnos por una enseñanza pública de calidad, pidiéndoles a ellos que hagan lo mismo, aunque el cinismo administrativo les acuse de defraudadores.

Voy a recordaros que el aciago lunes 23 de febrero de 1981 estaba dando mis clases en el “Álvaro de Mendaña” de Ponferrada, y que el martes me pasé todo el día leyéndoles la Constitución a mis alumnos y hablándoles de los valores democráticos que un centauro quiso llevarse por delante a tiro limpio, mientras otro salvapatria sacaba a pasear los tanques de la sinrazón por las calles valencianas, aterrorizando cobardemente a una población indefensa.

No se me escapó aquel martes ni un solo catión por la comisura de los labios, porque mantuve apretados los dientes defendiendo la libertad que tanto habíamos anhelado. Puedo deciros que pasados los años, algunos alumnos han recordado aquellas “clases” como magistrales, aunque unos pocos dijeran que defraudé el sueldo de la jornada porque no me pagaban para democratizar las mentes juveniles, sino para explicarles la energía de Gibbs y los gradientes vectoriales.

Quienes estén convencidos que en la educación del pueblo está el futuro de la nación. Los que crean en la verdadera igualdad de oportunidades intelectuales. Aquellos que estén convencidos que el talento no depende de la cuenta corriente, han de convencer a los jóvenes que la mejor salida a sus aspiraciones es disfrutar una enseñanza gratuita y de la mejor calidad, que esté al alcance de todos los que quieran acceder a ella.

De todos, sí. Pero especialmente de aquellos jóvenes que no tienen otra posibilidad de superar una fatal condenación a la ignorancia que no merecen, simplemente porque no tuvieron el privilegio de la cuna que a otros tanto beneficia, sin mérito alguno, con menor esfuerzo y nulo sacrificio.

Profesores, compañeros, amigos, ¡nos queda la palabra!

CUARESMA POLÍTICA

CUARESMA POLÍTICA

Hoy, miércoles de ceniza, los sacerdotes católicos recuerdan a sus fieles que no son más que polvo y que en polvo se convertirán. Esto se lo vienen advirtiendo desde el siglo XII, haciéndoles una cruz en la frente con cenizas procedentes de palmas secas incineradas. Vale. Con este acto comienza la cuaresma, periodo litúrgico de reflexión.

La conversión que pide la Iglesia a sus seguidores se la pedimos los ciudadanos a los políticos, porque ahora les corresponde a ellos cumplir con la cuaresma política que los demás soportamos el resto del año.

¡Convertíos!, dice la Iglesia a los pecadores, mientras los laicos hablamos a los políticos de matanoeiete, que es lo mismo, pero laicizando los deseos de reconciliación. La conversión que pedimos es tomar la solidaridad por bandera, enarbolar la pancarta de la honradez y abrir la puerta a quienes se encuentran en un callejón sin salida. Lo pidió el suegro de Urdangarín en Nochebuena; la Iglesia lo solicita hoy a sus fieles; y todos los ciudadanos se lo demandamos a los políticos en este tiempo de mudanza.

Deseamos que arreglen los cortocircuitos con el pueblo y cierren las vías de agua por donde se escapa la lógica que alimenta nuestras esperanzas en una vida pública honesta, sosegada, respetuosa y fraternal. Queremos ser por unos días el destino de sus acciones. Y que vuelvan a sus despachos el Lunes de Aguas dispuestos a compartir con nosotros la corona de laurel.

Bien está que la Iglesia recuerde el dies irae mortuorio en tiempo de penitencia, para que los políticos sigan su ejemplo porque ya en el siglo XIII el frailecillo Tomás de Celano les advirtió en un poema que Dies irae, dies illa, solvet saeclum in favilla : El día de la ira será un día que reducirá a cenizas el mundo. Y los ciudadanos estamos iracundos y bastante indignados.

En este tiempo de reflexión deben recordar los padres de la patria que el oficiante de la ceremonia es el pueblo que sumerge el dedo pulgar en las cenizas procedentes de la combustión de los programas electorales; y que un político puede volverse polvo en las urnas, a poco que se empeñe. En esa ceniza laica no hay pata de conejo, ni ojo de venado porque no es un acto de superstición, sino de fe secularizada de un pueblo que espera respuesta urgente de los políticos a sus problemas.

En la Iglesia, la paloma inspira la conversión, pero los de Génova prefieren confiar en la gaviota y los de Ferraz en una rosa marchita por falta de ventilación. Detrás vamos los pecadores sufriendo calvario sabiendo que el futuro de España debe ser pilotado por espíritus jóvenes que nos ayuden a ganar la vida y compartir pacíficamente la tierra sin garrotazos de polinazis valencianos.

¡Convertíos y pensad en el pueblo!, ese podría ser el lema de la cuaresma política. Cumplid la palabra dada, acrisolad la honestidad y no hagáis flechas con la pólvora. Reconvertid las actitudes y cread un mundo más justo y más humano. No queremos que los políticos nos preparen para la pasión y muerte, sino para la resurrección. Tampoco deseamos verlos hacer morcillas con la sangre del oponente, ni presenciar combates personales a bayoneta calada en las trincheras políticas.

¡Ah!, y que coman muchas chuletas políticas de especuladores y corruptos estos días porque renunciar a ello no vale si se hartan de mariscos con banqueros en sus despachos, detestando el menú ciudadano que propone un cambio de rumbo como penitencia política.

CARNAVALADAS

CARNAVALADAS

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Estamos en plenos carnavales o, si preferís,  carnestolendas, que para el caso es lo mismo puesto que ambos invitan a los católicos a despedirse de la carne durante los próximos cuarenta días con sus correspondientes noches, aunque la  mayoría de ellos no hagan mucho caso al ayuno y la doble abstinencia de carne y “carne”.

Buen momento para hablar de carnavaladas, esas informalidades, fingimientos y disfraces que utilizan ciertos sujetos. Por eso, llamar carnavalero a quien emplea máscaras, caretas y disfraces no es una inconveniencia. Entendedme. Con esto no quiero decir que el Papa vaya por el ahí haciendo carnavaladas porque en su día sustituyera temporalmente la mitra por el tricornio de charol; el solideo por un gorro militar; y proteja su cabeza del frío romano con un camauro del siglo XII. No.

En cambio, sí puede tildarse de carnavalada la carcajada del magistrado Giménez en la vista del juicio contra Garzón; o las monerías de los “amiguitos del alma” que terminaron llamando gilipollas a Camps y ofreciéndose “dos hostias”; o las galopadas a calzón quitado del yernísimo entre Belice a Luxemburgo, con escala en La Zarzuela.

Carnavalada de primera magnitud es el busto de 24 metros de altura que se está levantando en el aeropuerto de Castellón en honor al abuelo propietario del mismo, acusado de cohecho, tráfico de influencias y fraude fiscal, porque el juez no ha  reparado en el delito de “derroche faraónico”, ausente del código penal. Al mismo nivel se encuentra la carnavalada de los EREs andaluces, pringosa mancha de aceite y cocaína que a todos avergüenza menos al desvergonzado protagonista de los hechos. Todo ello intencionado. Adrede vamos, para entendernos, y sin posibilidad de llevar los saturneles romanos cien años más allá de la cuaresma para estos sujetos.

En tiempos de sequía liberal no fueron posibles los disfraces por las calles, salvo para algunos atrevidos ciudadanos que sacaban del armario ropas viejas y vestidos apolillados, buscando en los baúles recuerdos y añoranzas del pasado, ocultos en el refajo de la abuela o en el kepis militar del pariente fallecido.

Pero hoy algunos se ponen trajes de alpaca bien ajustados con “correa” evidenciando que a sus cuerpos no les corresponde el armani político que lucen. Hay también sujetos que se disfrazan con túnicas de honradez para ocultar sus engaños, sin conseguirlo; y un tercer grupo de individuos que, se pongan lo que se pongan, siempre van disfrazadas, lo que nos obliga a pensar que se encuentran en permanente actitud de carnaval.

Ante esto, cabe preguntamos si cada cual es lo que ve en el espejo por la mañana al levantarse de la cama o lo que representa ser al pisar la calle. El drama de Calderón nunca tuvo más vigencia que ahora, en esta sociedad de lo políticamente correcto, donde cada uno cumple su papel frente a los demás. Todos soñamos que somos algo, aunque no lo entendamos, y tememos despertar del sueño para dormir eternamente. Pero pocos se dan cuenta que no es lo mismo ser lo que se cree uno que es, que creerse uno lo que no es.

LA MUERTE SALIÓ A SU ENCUENTRO

LA MUERTE SALIÓ A SU ENCUENTRO

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Acabo de enterarme casualmente por boca de un amigo, que hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de José Luis Martín Vigil y lo primero que se me ocurre es lamentar haber tenido noticia de su fallecimiento un año después de ocurrido éste.

Fue el padre Martín Vigil guía espiritual de quinceañeros extramuros de la tapia, que llegó a mi oscura adolescencia del Infanta, sin él pretenderlo ni saberlo. Y lo fue por su novela “La vida sale al encuentro”, escrita para mozuelos en años de sueños redentores, soledades del alma y liturgias diarias, a la espera de castos y románticos amores con alguna niña que se pareciera a Karin, buscando entre los compañeros del colegio algún amigo tan noble Pancho y anhelando un padre Urcola que sustituyera al cura Esteban.

Crecido ya en cuerpo y madurada el alma, volví en años de sosegada increencia a leer la novela y me reservo la opinión que ya me produjo, porque prefiero conservar intacto el recuerdo adolescente que dejaron sus páginas en mi desorientado espíritu durante los años de internamiento.

No fue sólo a mí, pues su treintena de ediciones ayudaron a miles de jóvenes de varias nacionalidades a salir al encuentro con la vida, cuando los clérigos bombardeaban nuestro cerebro a base de amenazas infernales, el dictador pintaba cacería y naufragios en El Pardo, los maestros nos metían las letras a reglazo limpio y la censura robaba besos de las películas.

No supe más de Martín Vigil hasta que hace unos años lo encontré de nuevo en su “Estación término”, preparándose para el gran viaje que no tardaría en llegar, abandonado por todos y lamiéndose las heridas que en su alma dejaron la homosexualidad que siempre ocultó y las continuas acusaciones de pederastia.

Bestsellerista como ningún escritor de la época a pesar de su mediocridad literaria, nos ha dejado una veintena de novelas, con mérito algunas de ellas de comprometerse con la realidad social que muchos se negaban a ver y otros guardaban en sacristías, redacciones de periódicos y sindicatos verticales.

Quiero pensar, – porque así lo quiero pensar, aunque razón me falte -, que fue un buen hombre capaz de ilusionar a muchos jóvenes en tiempos de sequía, al que la Iglesia y los medios de comunicación condenaron a muerte en vida y ocultaron la desaparición del finado en su bragueta.

“Sólo deseo, – escribió en su testamento -, la cremación y la consiguiente devolución de mis cenizas a la tierra, en la forma más simple, sencilla y menos molesta y onerosa. Pasad, pues, de flores, esquelas, recordatorios y similares. Todo esto es humo. Sólo deseo oraciones. De este modo, sólo me llevo lo que me traje: mi alma.».

ARPONAZO INFANTIL

ARPONAZO INFANTIL

Cuando un cetáceo recibe un arponazo puede salvar la vida y curar las heridas producidas por el venablo, pero nunca borrará de la piel la huella del tridente.

Esto sucede con los arponazos ideológicos infantiles que padecimos los niños de mi época y continúan sufriendo los actuales, pertenezcan a la civilización que pertenezcan, cristiana o cualquier otra de las que hay repartidas por el planeta, sin que puedan liberarse los infantes de los rastros indelebles que deja el anzuelo religioso correspondiente.

Esto lo saben muy bien los virtuosos profesionales de todas las creencias, que mantienen fuerte empeño en el adoctrinamiento de niños, cuando la capacidad de raciocinio no esta plenamente desarrollada y el poder adulto sobre una mente en formación es total.

Que nadie piense en la responsabilidad exclusiva de los padres, porque quienes no los tuvimos sufrimos también amaestramiento de tutores, padrinos, clérigos, profesores y medios de comunicación, con más intensidad de la que nos hubiera llegado de nuestros progenitores.

Carga ideológica sabiamente anticipada a la inteligencia plena y al pleno desarrollo cognitivo que permite al catequista clavar el estoque ideológico hasta la bola, sin miedo a pinchar en un hueso que haría imposible la manipulación mental a que se somete la candidez de los niños.

De forma tan bien intencionada como perversa, se invierte el orden de las cosas para robar la voluntad en crecimiento. Si la religión es una opción personal que se acepta libre y voluntariamente ¿no sería más ético esperar al pleno desarrollo mental del niño para ofrecer al catecúmeno la religión que se profesa? ¿Por qué ese empeño en bendecir con agua la cabeza del recién nacido para incorporarlo a la grey divina sin contar con él para evitarle ir ¡al Limbo!? ¿O ya no hay Limbo? ¡Vaya por Dios!

Claro que siempre le queda al discípulo la posibilidad de abandonar el barco en el futuro,  aunque no pueda librarse de la huella dejada por el arponazo. Pero el respeto a la libertad de pensamiento de quien viene al mundo es tan importante como el respeto a la vida del feto que con tanta fuerza se demanda.

La ética y el orden lógico exigen anticipar la razón a la fe, porque la capacidad para decidir ha de caminar unos pasos por delante de las creencias. Primero discernir, reflexionar, tratar de comprender, y luego elegir con criterio aquello que más conviene a cada cual, aceptando libremente la doctrina o rechazándola a voluntad.