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Año: 2012

PACOCAMPISMO

PACOCAMPISMO

Ahí sigue don Francisco Camps sacando pecho, aprovechando que los ciudadanos honrados no se han recuperado aún de la estupefacción sufrida con sus vergonzosas conversaciones telefónicas, y sin darse cuenta que sus compañeros de partido están pasando la guadaña cada cinco minutos para segarle los pies en cuanto asome por los alrededores de Génova.

Confundir la votación de un jurado carente de básicos conocimientos ortográficos, con la inocencia moral, el compromiso ético y la limpieza política, sólo es propio del Pacocampismo. Nueva doctrina polítiquera que consiste en protegerse la cara con cemento armado en lugar de crema Poms, sonreír sin mostrar demasiado los colmillos, alardear de superhombre poniéndose plataformas en los zapatos, contar con la ayuda de Dios para llegar a la Moncloa y remar el L’Albufera.

Sabed, amigos, que es el Pacocampismo una corriente de pensamiento fundada por un elegante abogado valenciano que luce hermosos trajes con gaviota en la solapa. Personaje que destaca por su cinismo, chulería y prepotencia. El Pacocampismo es una extraña forma de hacer política, originada por un virus cuya cepa procede de Borbotó, hospedándose luego en despachos a media luz de la noche valenciana, cuando un arrebato despótico del fundador le llevó a tomar la coctelera y poner dentro de ella un buen chorro de ambición, bastante cara dura de alto grado, una rodaja de impunidad y mucha codicia de poder. Luego agitó el recipiente con energía, llenó la copa de su “amiguito del alma” y brindó con él sin percibir la mancha en el traje debida a las gotas que cayeron al chocar las copas, prueba muda de la acusación no percibida por el jurado popular que lo juzgó, mientras el “recibidor” deseaba larga vida al “conseguidor”.

Ahora, con el fuego fatuo de la sentencia metido en las entrañas ha decidido calentarse las manos dando tortazos a diestro y siniestro. Y para desocupar el cerebro de buenos pensamientos ha redactado el código del Pacocampismo, mientras ofende al inquilino de la Moncloa, aspirando a ocupar su trono.

Leyendo este breviario puede verse que sus tres características básicas son: permanente sonrisa de conejo, furibunda ambición de poder y descarado cinismo. Por eso defiende la teoría de que todo puede conseguirse con despotismo y rostro pálido. Por eso hicieron cola en su despacho tantos especuladores sin escrúpulos. Por eso en torno al Pacocampismo hay un olor fétido que trasciende los filtros más potentes. Por eso muchos populares no soportan ya el hedor que despide y comienzan a fumigar sentido común a su alrededor, acompañado de tímidas gotitas de ética y democracia.

El Pacocampista que se precie ha de asomar la cabeza a través del cartón blanco de la camisa, arriesgándose a que se la corten. Irá planchado, bien trajeado, entallado y sonriendo. Adiestrará su olfato oliendo en despachos de la planta superior y tendrá el rejón dispuesto para lanzarse en picado contra el primer disidente que divise. Si pierde la habilidad de hacer negocios nocturnos después de la cuarta copa, será excluido del grupo. Llevará siempre en el bolsillo una maza para aporrear sobre las mesas; una cuchilla para afilarse la lengua; una escofina para limar el crecimiento continuo de su nariz; y un dedo índice de plástico para acusar. Pero nunca llevará preservativos, porque su religión se lo prohíbe.

Los seguidores del Pacocampismo deberán ser flexibles en apariencia, arrastrarse como serpientes y ser más escurridizos que las anguilas. Cualidades que les permitirán moverse entre los pasillos de la política sin recibir la mínima salpicadura aunque estén más pringados que una tostada.

SOLEDAD FINAL

SOLEDAD FINAL

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Al rodearme José Antonio con sus palabras en un abrazo solidario, unido al incondicional amor filial a la madre que tantos días humedeció la almohada con lágrimas de viudedad al verlo partir hacia el Infanta, no he tenido más opción que tomar la pluma para verter el sacudimiento interno que su recuerdo puso en la orfandad que compartimos, aunque jamás paseáramos juntos por el Patio Central.

Con su pregunta ha vibrado la fibra de Ángel y volado el recuerdo de José María a lejanos recuerdos junto al río Henares, haciendo posible el hermanamiento de nobles sentimientos en la pantalla virtual. Gracias por ello a quien propició la ocasión de tal encuentro y me dio la oportunidad de parafrasear los versos del poeta recordando ¡qué solos se quedan los viejos!

La inevitable soledad de la muerte a la que nos enfrentaremos todos en solitario y sin compañía alguna, por muchos que sean los que toman nuestras manos en el andén del último viaje, no justifica el abandono en la sala de espera de la estación de quienes nos han llevado hasta donde ahora estamos.

Abandono en algunos casos familiar y siempre profesional, sin comprensión alguna, en un alarde de despilfarro social y laboral que nadie evita, muy superior al despilfarro de la megalomanía política en obras faraónicas inservibles.

Aparcar en un rincón la experiencia lúcida de quienes han ido abriendo paso a los que hemos ido detrás; despreciar la sabiduría no contenida en libros ni en aulas universitarias; subestimar sabios consejos; postergar maduras opiniones; desdeñar la pericia demostrada, y rechazar la veterana voz ilustrada, son delitos sociales sin posible redención y actitudes que sólo conducen al suicidio moral de una sociedad ciega y sorda por voluntad propia.

Pero más triste es olvidarse de abrazar cada día a quienes todo lo han dado por aquellos que los olvidan. Más ingrato es olvidarse de corresponder a todos los bienes recibidos. Y más doloroso es abandonar a quienes saborean amargamente la soledad, porque los hijos que todo han recibido de ellos le niegan el tiempo que a ellos pertenece y el cariño que merecen.

“¿Tienes padres todavía?”, preguntaba José Antonio a todos sus compañeros en el libro de caras amigas, sin esperar respuesta. Y yo aconsejo a los afortunados que pueden abrazar a sus padres todavía, que no pierdan el tiempo porque su soledad no espera y una vez pasado el rubicón de la vida no cabe el arrepentimiento.

¡MUERA LA PEPA!

¡MUERA LA PEPA!

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Eso, ¡muera la pepa!, ¡que muera!, y que muera ya de una vez. Pero no la Pepa constitucional que vitoreaban clandestinamente los liberales dos años después de votada la Carta Magna el 19 de marzo de 1812, para evitar que el abyecto felón del Fernando les cortara el gañote y arrojará a los pies de los Hijos de San Luis.

No, esa no. Esa que resucite hoy en España al cumplir los 200 años de su nacimiento, para orientar el camino de su hija póstuma nacida en 1978, que va por la piel de toro más perdida que Belén Esteban en una biblioteca.

¡Muera la pepa!, ¡pues claro! Pero la pepa del abuso y el desorden. La pepa que gobierna en los consejos de administración y en los despachos oficiales. La pepa del despilfarro, el descontrol y la impunidad. La pepa por la que trepan los indeseables sin escrúpulos, los que ascienden pisando a los demás como si fueran peldaños.

Esa pepa que no hace pupa al Papa. La pepa que baila con especuladores, que tima a jubilados, que explota a los subempleados, que amarga la vida a los parados y se sienta en la mesa a papear con pregoneros de la catástrofe.

Muera la pepa del bullanguero jolgorio institucional, del sonoro desbarajuste ministerial, de la preocupante incomprensión judicial, del aceitoso despotismo social, de la negra porra policial, del premeditado engaño contractual, de la frecuente manipulación colegial, de la indeseable reforma laboral, del calculado silencio episcopal y del excesivo abuso patronal.

Que muera la pepa, para que la Pepa pueda vivir.

TENTADERO

TENTADERO

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Confieso mi antipatía hacia la llamada fiesta nacional, incrementada por comentarios recibidos de buenos amigos conocedores de la oscura trastienda e irregularidades que se mueven entre bastidores, pero admitiendo que ayer se movió algo indefinible en mi ánimo hacia el espectáculo taurino.

Fui invitado a pasar la tarde en la finca la Calderilla donde pastan los toros del Puerto de San Lorenzo, propiedad de Lorenzo Fraile, junto a mi amigo Paco el notario, para asistir a un tentadero de vaquillas y sorprenderme de lo que José Juan y Lorenzín hacen rutinariamente.

Había que examinar las cualidades de unas becerras para ver si eran capaces de dar toros bravos como Dios manda o quedaban para chuletas a la brasa. Examen duro para ellas, con evaluación y calificación de las actitudes que mostraron ante puya, capote y muleta, que el torero francés Jean Baptiste le mostró en distintas posiciones y lugares del ruedo.

Silencio ceremonial en la pequeña plaza de tientas. Torerillos a la espera de robar unos muletazos. Gritos de estímulo a la embestida del animal. Y distraída mirada del veterano propietario que ha puesto en manos de sus dos hijos la hacienda y sabiduría que hizo grande la ganadería.

Trastienda de la fiesta que me ha dejado poso de esperanza en nuevo encuentro con faenas camperas, para aliviar la ignorancia que atesoro sobre cuanto allí sucedió, sin atreverme a preguntar para no interrumpir un protocolo tan ceremonial.

Pero tuve tiempo de constatar los conocimientos y satisfacción de José Juan al salvar vaquillas para maridarlas con sementales o su firmeza en condenarlas a muerte inmediata, y la valentía de Lorenzín a caballo enfrentándose a un toro de la manada que se le encaró a campo abierto.

Al final, merienda fraternal, compartiendo mesa propietarios, amigos, invitados, toreros y torerillos que participaron en el tentadero, donde el vino corrió abundante para acompañar queso, chorizo, salchichón, croquetas, huevos y ensalada, entre bromas, risas y comentarios sobre una hermosa tarde campera en las postrimerías del invierno.

HISTRIONISMO POLÍTICO

HISTRIONISMO POLÍTICO

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A mí tampoco me gustan los espectáculos histriónicos que montan los políticos, porque no favorece el buen entendimiento de quienes asistimos estupefactos a la representación. Al contrario, sus actuaciones en el escenario provocan irónicos codazos entre los espectadores que ocupamos asientos contiguos en el patio de butacas.

Ocurre simplemente porque estos galanes van por libre, interpretando personajes falsos para contentar a los incondicionales que aplauden enfervorizados, despreciando el buen sentido de la audiencia civilizada, actuando como los histriones, de forma desmedida y afectada. Su indisciplina les ha llevado a dejar abandonados en las papeleras los guiones establecidos por el juego democrático, reuniéndose antes de cada función en los camerinos privados para ensayar modales que nada tienen que ver con la realidad que viven los pacientes espectadores antes de comenzar cada sesión.

Son tan malos comediantes que se les ve el plumero a la primera de cambio, por ofuscarse en representar papeles que no les corresponden. En mi opinión, esta confusión mental tiene su origen en el intercambio permanente de guiones a que les obligan las urnas, ya que deben interpretar alternativamente roles opuestos que los desorientaban, originándoles peligrosas esquizofrenias políticas. Esto hace que millones de ciudadanos se queden afónicos en el exterior del teatro, hartos de gritarles que se vayan, sin que los actores perciban los bocinazos, pues la sordera social que padecen les impide escuchar las descalificaciones que los irritados vecinos les expresan cada día en sus actuaciones.

Incapaces para representar el excepcional drama que nos dejó un ilustre madrileño hace más de trescientos setenta años sobre el sueño de la vida, donde se tratan los límites impuestos por la moral social, las razones de Estado y la ética que sustenta el gran teatro del mundo, se conforman con poner en escena vodeviles de tres al cuarto, representando situaciones equívocas que calientan el ánimo de unos pocos, suscitan la hilaridad de sus parientes y provocan rechazo en casi todos.

Espero que tú, lector, no hayas caído en la trampa de discutir con los que contemplan el espectáculo a tu lado, y confío en que hayas sido de los que se recuestan en la butaca de la indiferencia sin darle mayor importancia a cuanto hacen los histriones en el proscenio. Ten en cuenta que al apagarse los focos guardan para ellos la amistad que enmascaran en la ficción, obviando las consecuencias que sus intervenciones pueden tener en espectadores poco avispados.

No te creas, amigo, las broncas y los insultos. No aplaudas las descalificaciones que se hacen entre ellos, porque eso te descalifica. No te rías con las hirientes ironías que se intercambian, porque eso dice poco a tu favor. No te creas las mentiras que cuentan, porque esa ingenuidad desacredita tu inteligencia. No imites sus modales, porque en esos gestos radica el germen de la hostilidad social. Esto es lo más grave porque entre el público puede haber espectadores que lleguen a creerse la farsa y desentierren las quijadas de burro que descansan en los libros de historia.

REFORMA ELECTORAL

REFORMA ELECTORAL

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                                Ha tenido espacio en esta bitácora la decepción, el desencanto, la denuncia y el grito sordo de rebeldía ante la injusticia, el abuso y la explotación. Pero también los anhelos, esperanzas y quimeras han tenido cabida en este diario, porque soñar es gratis y no se ha de tener miedo a despertar a la realidad, por mucho que ésta escape a la consoladora ficción.

En este juego de anhelos inalcanzables me propongo sugerir unas pequeñas reformas en la ley electoral, recogiendo de la papelera política las propuestas que han ido enviando los ciudadanos al Parlamento, utilizadas por congresistas y senadores como guión para sus sainetes y aplausos de familiares y amigos.

Y lo hago ahora, cuando hace apenas unos meses que los nuevos ediles se han acomodado en los Concejos, los parlamentarios han ajustado los cinturones a los escaños y se ha dado el pistoletazo de salida a las elecciones andaluzas y asturianas, con ley vieja, en odre avinagrado por oxidaciones de esperanzas frustradas.

La reforma propuesta es simple y democrática, pero ilusoria porque en España la soberanía popular está secuestrada por una partitocracia que todo lo contamina:

  1. Votación directa de los ciudadanos a sus representantes.
  2. Sanciones penales por el incumplimiento de promesas electorales.
  3. Ocho años de permanencia máxima en la vida pública.
  4. Incremento salarial político del 15 % sobre el sueldo que se percibe.
  5. Expulsión de la vida pública del delincuente aunque haya prescrito el delito.
  6. Expulsión de la vida pública del delincuente aunque haya defecto de forma judicial.
  7. Dedicación exclusiva al cargo público que se ejerza.
  8. Control individualizado de la actividad política personal.
  9. Sustitución de quienes no superen la valoración ciudadana.
  10. Financiación de la campaña electoral por los candidatos.

11. ….. (Añadir más reformas, a voluntad)