INJUSTO ASESINATO DE LOS ROSENBERG

INJUSTO ASESINATO DE LOS ROSENBERG

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Ser comunista en la época del macartismo tenía más peligro que meterse en la bañera con una docena de gremlins, porque el alcohólico senador era poco melindroso en cuestión de chamuscar a rojos en la silla eléctrica, como hizo con el matrimonio Rosenberg en junio de 1953, acusándoles de pasar hipotéticas informaciones a los rusos sobre la bomba atómica, que años después se demostró ser falso, cuando los judíos Julius y Ethel ya habían sido achicharrados en la prisión estadounidense de Sing-Sing.

La desclasificación de los documentos relativos al caso, demostró la falsedad de los testimonios aportados por los testigos de cargo presionados por el FBI en sus interrogatorios para que dijeran lo que McCarthy quería oír, poniendo en evidencia concluyentes pruebas de que el ingeniero eléctrico Julius y la frustrada actriz-cantante Ethel no habían cometido el delito por el que fueron electrificados, con cierta dificultad porque la señora tuvo que soportar tres descargas para que oliera a chamusquina el recinto.

Se confirmó que los secretos militares revelados por Rosenberg no tuvieron nada que ver con las bombas atómicas fabricadas por los rusos para igualarse con los estadounidenses en armamento militar de destrucción masiva quitándole la exclusiva a los yanquis, cuando las dos Coreas andaban a garrotazo limpio y los americanos estaban enfrascados en cazar brujas por los rincones.

Bastó a los jueces la sospecha y al Gobierno la duda razonable, para condenar sin paliativos a pena de muerte a la pareja por si acaso, incinerando por lo sano la inocencia que proclamaron los acusados sobre las acusaciones que echaron en sus espaldas los cómplices de dos asesinatos que permanecen impunes en la historia de un país sin aparentes fisuras democráticas.

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