URNAS PELIGROSAS

URNAS PELIGROSAS

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La incomprendida ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, se encuentra indefensa ante las críticas recibidas por advertir al pueblo sobre el peligro de las urnas, creyendo los ignorantes ciudadanos que la señora se refería a esas cajas transparentes con ranura en la parte superior por donde se introducen papeletas electorales o respuestas populares a las consultas de los gobiernos democráticos.

Pues no, amigos, no es así. La menistra – que diría Paco Martínez Soria – habla de unas plantas venenosas que contaminaron su infancia en el colegio vallisoletano de La Enseñanza, cuando una monja de la Compañía de María le dio a beber una infusión de urnas a comienzos de los años setenta, para inmunizarla contra la epidemia democrática que se avecinaba.

Sabe esta ingeniera agrónoma de plantas lo que nadie sabe y tiene un espíritu protector tan comprometido con la ciudadanía que le lleva a prevenirnos de las ampollas, quemaduras, vómitos y trastornos gastrodemocráticos que sufriríamos por ingestión de urnas o simple inhalación de estas plantas con cañete como purgante.

Las propiedades alucinógenas de tales hierbas silvestradas ha dilatado las pupilas de Tejerina, provocándole confusión mental, delirio extrasensorial y aceleración del ritmo cardiaco, ante la posible intoxicación masiva del pueblo con estos vegetales.

La atrofiapina, tremiedol, escapatelamina y marchatesol que contienen, provoca en las personas vacunadas contra las urnas en la infancia, ciertas convulsiones verbales atróficas, calambres cerebrales y diarreas mentales esporádicas, con graves  consecuencias para su inmediato futuro, pues la mantendrá en estado de coma y aletargamiento los meses previos a las intoxicación masiva del pueblo con tan bebedizo.

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