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LA MUERTE DEL GRILLO

LA MUERTE DEL GRILLO

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No le deis más vueltas, amigos. Todas nuestra desgracias politiqueras vienen por la muerte del grillo, -de Pepito me refiero, claro-, no del insecto ortóptero de la familia grilloidea que adormecía nuestros sueños urbanos infantiles en las noches estivales, cuando al fresco en tajuelas y con botijo, oíamos cantar las horas al sereno.

El grillo de Collodi al que me refiero, inseparable amigo de Pinocho, era el norte que orientaba sus pasos hacia la honestidad, al ser la conciencia del muñeco que le permitía distinguir lo bueno de lo malo, obligándole a realizar lo hacedero por su bondad y despreciar lo vicioso por su maldad.

Con la muerte de Pepito Grillo la conciencia ha desaparecido de ciertos espíritus politiqueros que rigen Instituciones públicas, haciendo que la nariz de tales pinochetes crezca y crezca de día en día con sus mentiras, hasta alcanzar la cumbre de la cucaña a la que ascienden por sus narices, para no emplear otros nombres alusivos a depósitos genitales de ambos sexos.

Sin Pepito Grillo en el cerebro, los despepitados electoreros se van descerebrando paulatinamente, infectados por un virus más dañino que el astrológico cangrejo, con la diferencia de que este microorganismo proteínico y nucleico acabará vencido, mientras la enfermiza epidemia de codicioso poder se expande irremediablemente por los sillones amenazando con atrofiar las meninges ciudadanas de un pueblo harto de cambalaches, mercadeo, prepotencia y cinismo, propiciado por incapaces holgazanes que llevan meses cobrando suculentos sueldos, sin dar un palo al gua, salvo los chapuzones que disfrutan en piscinas privadas y salados mares, camuflados en playas para evitar ser descubiertos y abucheados por los vecinos de su sombrilla.

EL VIRUS EN CASA

EL VIRUS EN CASA

Unknown

Bueno, amigos, pues ya tenemos el virus del ébola en casa, ante la inquietud de la población, incrementada por las declaraciones de algunos facultativos de La Paz negando que se pueda garantizar al 100% que el virus no salga  a pasear por la calle de Alcalá con la fiebre almidoná y la guadaña apoyá en la cadera.

Anticipando el sincero deseo que pronta recuperación de los misioneros repatriados y larga vida para ellos, la situación creada por la decisión gubernamental de traerse a los afectados con el virus, bien merece cinco reflexiones al respecto, obviando la opacidad de la operación, el gasto real que ha representado y las comidas playeras de Ana Mato mientras muchos ciudadanos sirven polémicos platos sobre la mesa.

  1. Se trata de un arriesgado precedente con inevitable tinte discriminatorio para futuros casos de ciudadanos españoles que exijan el mismo tratamiento oficial, como ya ha sucedido con la fallecida Emma Rodríguez, que pidió sin éxito ser repatriada desde Argentina por la neumonía atípica que padecía, o la hermana Pascalina, compañera de los repatriados Miguel Pajares y Juliana Bonoha, que acaba de morir por el virus sin ser repatriada, igual que todos los que han quedado abandonados a su suerte en Monrovia y Liberia.
  2. La desproporción del esfuerzo, discriminación, riesgo y gasto, se podría haber compensado enviando al lugar de origen ayuda humanitaria, hospitales de campaña y medicinas para atender a todos los afectados, luchando in situ contra la pandemia, en vez de intentar salvar a dos privilegiados hijos de Dios, dejando al resto desangrarse, esperando que los atienda su Padre.
  3. Lejos del “sálveme yo y que se fastidien los demás”, es una grave irresponsabilidad desplazar el virus de un sitio para otro, sometiendo a la población a un riesgo innecesario para el beneficio conseguido, ya que los enfermos pueden recibir en su lugar de origen cuidados similares, salvo los paliativos, preludio de lo indeseable.
  4. Por otro lado, el brutal gasto del traslado, pagado por nosotros mientras se hacinan enfermos en los pasillos hospitalarios a temperaturas insoportable, se caen techos de las habitaciones, se cierran plantas, faltan medicamentos y se reduce personal sanitario por falta de dinero, bien podía haberlo pagado la millonaria y especuladora orden religiosa a la que pertenece, Hospitalarios de San Juan de Dios, que su Sicav, Finanzas Quercus, contaba en 2001 con 12 millones de euros en tesoro público, 1,16 millones en renta fija del Banco de Santander y su empresa de gestión sanitaria factura 25 millones de euros anuales.
  5. Ser misionero tiene graves riesgos que forman parte de su comprometida vocación, expresada por el agustino José Luis Garayoa que se está dejando la vida por los demás en Sierra Leona: «Tengo miedo, pero me quedo aquí porque quiero. Si marchara, mis noches se llenarían de pesadillas al sentirme traidor a mi pueblo. Así que, con ébola o sin él, no pienso alterar en lo más mínimo mi salida del país. Los misioneros no solemos ser nunca los primeros en abandonar el barco. Tampoco ahora. Si, como dice el Papa Francisco, el pastor debe de oler a oveja, conviviendo cerquita de ellas, con mucha más razón deberá estar presente si el lobo las ataca. Solo el asalariado huye cuando ve llegar el peligro. El buen pastor es el que da la vida por las ovejas. Y ese es el amor que de Jesús de Nazareth aprendí».

EL MILAGRO DE FÁTIMA

EL MILAGRO DE FÁTIMA

Cuando hablo del milagro de Fátima no me refiero a la advocación católica mariana que se venera en el distrito portugués de Santarem, sino al milagro político logrado por los populares al conseguir emular a la rosada miembra Bibiana con la jacarandosa Fátima Báñez, ambas andaluzas y en edad de crecimiento mental, con el único mérito acreditado de llevar muchos años portando el carnet del partido en la boca.

No le bastó a doña Fátima agradecer emocionada el capotazo que nos había echado la Virgen del Rocío para salir de la crisis y volver al crecimiento, – aunque termináramos hundiéndonos más en el paro y el decrecimiento -, que se ha convertido en el brote más verde del Gobierno al recibir inspiración divina para anunciar su buena nueva, ofendiendo el sentido común de los ciudadanos con un insulto tan grosero.

Ahora, que media España se desangra, los populares han incorporado al guiñol político el nuevo retrato de la frustración, alimentando con mentiras oficiales falsas expectativas en los desesperados, de consecuencias fatales para ellos si no fueran más inteligentes de lo supuesto por esta joven irresponsable del empleo.

En medio del lodazal nos preguntamos qué habrá pretendido conseguir Fátima Báñez al decir lo que dice Cospedal que no dijo, diciendo que estábamos saliendo de la crisis, precisamente cuando el paro batía un nuevo record histórico. Nos gustaría saber también si la responsable de empleo ha tenido revelación divina para decir eso o si Fátima ha revelado por fin su incompetencia a la población de manera ostensible, aunque el jefe no cuestione su continuidad al frente de un ministerio que no merece.

Debe saber la responsable de la seguridad social española que la desvergüenza no es el mejor atajo para levantar los ánimos del pueblo, pues las mentiras conducen a parajes sin retorno, donde la moviola es la antesala del olvido, y las tomaduras de pelo una puerta de salida hacia el destierro político.

Sinceramente, amigos, no podemos creernos tanta farsa, sin sospechar una segunda verdad, presintiendo que el virus de la insensatez ha infectando el cerebro de la ministra con una enfermedad cuyos síntomas vienen definidos por la falta de sentido común, ausencia de autocrítica, alejamiento de la ciudadanía, ceguera política y exceso de ignorancia.

Lo malo no es que la señora Báñez esté donde está, sino los esfuerzos que está haciendo por quedarse ahí naufragando en sus propios errores, queriendo prolongar su miopía hasta que san Judas Tadeo, conseguidor de lo imposible, haga el milagro de enviarla a su lugar de procedencia.