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GRACIAS, SALVADOR

GRACIAS, SALVADOR

Retrato blog

El escritor francés Antoine de Saint-Exupéry nos dijo por boca del principito, que no hace importante a la rosa su aroma o la belleza de sus pétalos, sino el tiempo que a ella se dedica, cuando se contempla la galanura que la hermosea y el seductor soplo perfumado que nos embriaga.

Algo que me ha sucedido a mí sin remedio de olvido ni alternativa para abandonar la memoria, porque debo agradecer a Salvador su generosidad, no por el retrato al óleo con que me ha sorprendido, sino por el tiempo que me ha dedicado, desde que recibí su ofrecimiento, de incalculable valor por el entrañable afecto que en él ha vertido.

Imposible de agradecer al mejor retratista de Salamanca que haya puesto su mirada sobre mi rostro durante horas, para ilustrar con sus pinceles sobre el lienzo un retrato que me dará larga vida en un cuadro sobreviviente a mi desaparición inevitable, cuando la innombrable comience a subir los escalones de esta bitácora donde habito.

La generosidad de Salvador me deja sin palabras para expresar el agradecimiento que siento, y sin posibilidad de corresponder a tanta desprendimiento, porque cuando la amistad entra por la puerta los vicios morales salen espantados por la ventana.

Tanta donación es fruto del noble y desinteresado afecto que nos une, alargándose en una doble eternidad desde el día que me llamó por teléfono para decirme que me pasara por su estudio, sin prevenirme sobre la feliz sorpresa que allí me esperaba.

Permíteme, Salva, que comparta este retrato con todos aquellos que me estiman, sin que yo haya hecho demasiados méritos para recibir su afecto, porque en ocasiones no he dado de mí todo lo que esperaban, otras veces se decepcionaron con dislocadas actitudes mías y en algún momento les molestaron mis comentarios, aunque mi intención fuera otra.

Desde hoy tu-mi retrato me acompañará en esta cabecera de mi vida que cada día cumple el gratificante oficio de saludar a los amigos reales y virtuales que visitan la casa que desde hoy compartirás conmigo, porque te has ganado un espacio en mi historia, el reconocimiento por tu afecto y mi gratitud sincera por la amistad que me has brindado, sin esperar nada a cambio.

TELEADICCIÓN

TELEADICCIÓN

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El día que el ingeniero físico escoces John Logie Baird puso en marcha el primer televisor, no sabía que tal aparato crearía en muchos ciudadanos adicción semejante a la provocada por los alcaloides tropanos, los opioides, cannabiaceos o hierbas de la tía María, pues su invento cambio hábitos familiares, costumbres ciudadanas, juegos callejeros y lecturas diarias, por tronos reclinables ante el dios de la casa que todo lo inunda con su presencia.

La cosa empezó empezó cuando Logie hizo parpadear en 1924 una Cruz de Malta en las 25 líneas de la pantalla, que después se hicieron marioneta blanquinegra en 625 rayas, más tarde color y finalmente tres dimensiones en plasma, encandilando a seres humano de toda edad, sexo, nacionalidad y condición, algunos de los cuales padecen síndrome de teleadicción severa.

Personas inestables y carentes de iniciativa, sumidas en letargo vital y tedio cotidiano, caracterizadas por una sequedad mental contagiosa y pasividad crónica de espíritu, con tendencia inercial rutinaria y fijación visual a una pantalla sin filtros, pero con propiedades adormecedoras, claramente alienantes, profundamente penetrantes y lamentablemente deformantes, que concluye en el encarcelamiento personal a las imágenes virtuales que entran en los hogares por la ventana televisiva como realidad incuestionable, con fuerza manipuladora singular.