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Etiqueta: soberanía

TONTOS, CIEGOS Y AMNÉSICOS

TONTOS, CIEGOS Y AMNÉSICOS

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Parece confirmarse cada día con más fuerza el rumor que corre por las diferentes cúpulas del poder, afirmando que los ciudadanos somos tontos, ciegos y amnésicos, pretendiendo además que seamos mudos, cojos y mancos, por fuerza de ley establecida a decretazo limpio contra nuestra capacidad de razonar, ver y recordar.

La convicción que tienen los dirigentes en nuestra tontuna crónica, ceguera congénita y endémica desmemoria, está avalada por la torpeza de las mentiras con que pretenden engañarnos, y la opacidad con que disfrazan la transparencia, sustituyendo todos los cristales institucionales por gruesos muros de hormigón, semejante a la cara de cemento que exhiben los ocultadores.

La falta de entendederas que nos atribuyen para ser incapaces de comprender lo incomprensible, nos faculta para ver claramente sus intenciones bajo las pieles de cordero que cubren sus cuerpos y recordar todo aquello que con nosotros hicieron, cuando tuvieron oportunidad hacer lo contrario de lo que hicieron.

Nuestra discapacidad mental ha sido diagnosticada por los embaucadores con gran demagogia, afirmando que las cosas están cambiando aunque los ciudadanos no seamos capaces de percibir los cambios, refiriéndose a mejoras que sólo disfrutan los favorecidos por la quiebra, y no los millones de ciudadanos que están pisando el umbral de la pobreza.

La sorpresa inicial ante las actitudes de algunos líderes políticos del bicolorín parlamentario, comienza a tornarse en espanto sólo justificado por manías obsesivas de poder, desprecio a los gobernados y ausencia de la mínima ética exigible a quienes deciden o han decidido sobre nuestras vidas, en la autocracia que han levantando ambos sobre las ruinas de la soberanía popular.

ABSURDIDAD MONÁRQUICA

ABSURDIDAD MONÁRQUICA

Unknown

Durante la Edad Media y siglos posteriores a ella, España estuvo regida por monarquías absolutas, con el resultado ya conocido por todos los interesados en conocer la historia de nuestro país, en las que el rey reinaba y gobernaba a su antojo, legitimando su poder en haber sido engendrado por su antecesor en el trono.

Frente a la absoluta soberanía del rey, la República ofreció la soberanía al pueblo para que éste rigiera su propio destino, otorgándole capacidad para elegir al ciudadano que considerara más apto para tomar las riendas, atendiendo las peticiones del pueblo que lo había elegido como gestor de sus propuestas.

Ante un cambio tan radical y difícil de llevar a cabo, los monárquicos y republicanos se pusieron de acuerdo en aceptar una situación intermedia, pactando la monarquía parlamentaria como híbrido que permitía al rey compartir soberanía con el pueblo.

En tan absurda situación se encuentran las actuales monarquías, entre ellas la española, porque la duplicidad de soberanías no resiste el mínimo análisis intelectual, aunque los monárquicos se empeñen en lo contrario y atribuyan a la monarquía parlamentaria poderes curativos de males endémicos españoles imposibles de reparar, en un país donde el pueblo acredita la mayoría de edad necesaria para rechazar a la nodriza.

La duplicidad de soberanías carece de sentido en el siglo XXI y es fuente de interferencias, porque no puede dividirse el poder en dos partes, sin que una de ellas se resienta en beneficio de la otra, como sucede actualmente con la inviolabilidad e irresponsabilidad del rey, mientras se desflora al pueblo y se le responsabiliza de actos que no ha cometido.

Una de las esencias republicanas, no compartida por la monarquía, es que la soberanía nacional sólo permite a la ley ocupar posiciones superiores a la voluntad popular, siendo esta ley promulgada y aceptada voluntariamente por el pueblo, a la que todos deben someterse, incluido el presidente de la República.