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Etiqueta: sinrazón

SINRAZÓN DE LA INCULTURA

SINRAZÓN DE LA INCULTURA

Las matanzas indiscriminadas de vesánicos francotiradores armados, se está convirtiendo por obra y gracia de la sinrazón, el racismo, la xenofobia, el fundamentalismo y otras patologías aún por describir en el manual del buen entendimiento, en macabra moda impuesta por ciudadanos sin conexiones neuronales en su cerebro.

A la religiosidad de quienes practican el As-Salaam alei-kum enunciado por el Corán para desear la paz a sus vecinos, se ha enfrentado la locura del joven descerebrado matarife Brenton Tarrant, que metralleta en mano liquidó en diecisiete minutos a decenas de religiosos musulmanes que oraban pacíficamente en la mezquita neozelandesa de Al Noor de Christchurch.

El terrorista autor de la masacre y experto jugador de consolas violentas donde ha masacrado durante años a todo aquel que ponía a tiro virtual, ha refinado su matanza con morbosidad diabólica, grabando con técnica de consola su exterminio, como si se tratara de un videojuego practicado desde niño en la habitación de su casa, con beneplácito de sus padres y admiración de colegas, tras conseguir records en escabechinas sin esfuerzo.

Mientras los mandamases del mundo entero estén más pendientes de los balances económicos multinacionales donde muchos participan, sin dar prioridad a la educación de padres, hijos, parientes, amigos y vecinos, seguiremos viviendo en una selva con GSMs. y plasmas, aunque sin taparrabos, dispuestos a postergar disidentes, quemar libros, silenciar pensadores, despreciar pacifistas y quitarle caramelos a los huérfanos.

Sólo la cultura nos salvará de tales espectáculos funerarios. Sólo el buen uso de la inteligencia nos librará de cuentos. Sólo desempolvando la razón seremos personas. Y sólo la experiencia analítica, profunda, rica y lúcida será el camino a seguir para lograr la autonomía doctrinal y el criterio propio, que nos permita rechazar ideologías prefabricadas por quienes se benefician de ellas.

BENEFICIO DEL SILENCIO ANTE LA SINRAZÓN

BENEFICIO DEL SILENCIO ANTE LA SINRAZÓN

SILENCIO

Para saborear el placer de callar ante palabras dislocadas, injustamente ofensivas, esféricamente estúpidas, maliciosamente provocadoras o solemnemente erróneas, pronunciadas por desneuronadas lenguas bífidas sin noble oficio reconocido, es necesario haber experimentado la inutilidad de todo esfuerzo por atemperar regüeldos verbales de cínicos desocupados.

Controlar el instinto natural de respuesta a intemperancias que perforan los tímpanos del sentido común, es el mejor camino para el encuentro con uno mismo y la reconciliación gustosa con la razón que asiste a quien se blinda contra razones carentes de sentido, por mucho que las voces y los gestos pretendan imponerse con falsos argumentos regurgitados por la sinrazón.

Pero hay algo más que hacer en el camino de regreso a uno mismo tras luchar por alcanzar lo que jamás puede lograrse, hartos de disputas baldías en momentos de aspiraciones banales con aspiración a la nada, y es abandonar el empeño por trepar en la nube de humo que envuelve la voluntad de respuesta a los gruñidos.

Como el poeta, hemos de llegar a tiempo de saborear la vida, paladeando el deleitoso placer de la victoria interior que produce el silencio ante la provocación y la idiotez crónica, cuando alrededor todos piensan que callar es dar la razón a quien adolece de ella, porque es grande el bienestar que tal silencio aporta.

ME DUELE GRECIA

ME DUELE GRECIA

HEALING

A veces no basta con gritar más alto para acallar el ronquido del hambre, ni desempolvar pesadillas en la sombra da respuestas a los interrogantes que deja la miseria en paredes y pancartas, cuando la duda garabatea palabras inasequibles al libro sagrado y el pentagrama social entona consignas inaudibles para los depredadores.

La paz de los tratados evita resplandores de bombas en las noches negras de la barbarie, es cierto. Pero es más verdad que la sinrazón de la mortal guerra fría extermina sin pólvora almas inocentes mostrando los colmillos tras la sonrisa de hiena, sin disparar con plomo a cuerpos anémicos condenados a muerte por una ambición amparada en pacíficas leyes exterminadoras.

Los suicidios griegos a los pies de Atenea no son fruto inexplicable del azar, sino cumplimiento de mandatos dictados por quienes contemplan desde su olimpo la mortuoria secuencia de vidas abandonadas, inaccesibles a las páginas de periódicos y pantallas televisivas en un intento de evitar contagio de la epidemia fúnebre que se expande entre sus gloriosas piedras.

Pero callar es cobardía y mirar para otro lado, apocamiento, cuando la sangre del prójimo grita rebeldía contra al látigo financiero que fustiga inclemente la espalda dolorida de un pueblo que pide limosna para sobrevivir, ante la indiferencia de los vecinos del sur que esperan mansamente su turno a la puerta, resignados al inmerecido destino que les espera.

LORCA, ENTRE LOS MÍOS

LORCA, ENTRE LOS MÍOS

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Prefiero evocar la venida de Federico García Lorca al mundo un día como hoy de 1898, antes que recordar su trágica muerte a manos de la sinrazón treinta y ocho años después, cuando las chicharras aturdían los disparos entre olivos mudos por el estío abrasador y sanguinolento de los matarifes.

Ciento dieciséis años cumpliría hoy el escritor fuenterino que brilló con luz propia y se entregó al mundo con una donación de alma creativa que lo llevó a la inmortalidad sin pretenderlo, porque fueron bastante para él las teclas del piano familiar donde trotaron los cuatro muleros.

No soy del Lorca gitanero de los romances, ni del cante jondo, ni del llanto por un torero, ni de los sonetos de oscuro amor. Soy del Lorca que se hizo revolucionario poeta literario con el surrealismo en Nueva York, viendo a los negros del Harlem y paseando por el aceitoso Hudson abrazado a Cummings por un lado y por el otro a Whitman, con lenguaje metafórico y verso libre.

Tampoco asistí a sus bodas de sangre, ni conviví con Yerma, ni me hospedé en la casa de Bernarda Alba, ni luché con Mariana Pineda, porque entretuve todo mi tiempo hablando con El público, mientras tomaba con él surrealistas mojitos cubanos en 1930 por las tabernas, viéndole enjugar deseos homosexuales reprimidos en su tierra, aunque la obra no se estrenara hasta cincuenta y seis años después .

Soy del Lorca rompedor, heterodoxo, innovador, creativo y liberado de ataduras personales y literarias, impuestas por culturas populares enmohecidas, tendencias líricas clásicas y dramaturgias anquilosadas en moldes sin futuro, que solo creadores con talento lorquiano pueden superar.

RETORNO A LA INFANCIA

RETORNO A LA INFANCIA

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Ayer he renovado el imposible deseo de volver a la infancia y en ella permanecer soñando el resto de días que me faltan para alcanzar el eterno descanso que a todos nos espera, sin posibilidad de redención ni milagro que alivie el empeño de la vida en dejarnos abandonados al pairo del olvido.

Viendo la cara de los niños observando a Sus Majestades venidos de Oriente, con los ojos deslumbrados por el brillo de sus pupilas, pensaba en las virtudes que guarda la primera edad que todos abandonamos, cayendo en manos de la irreversible madurez que, por inmadura, nos impide madurar en el amor y la solidaridad.

Volver a la infancia nos permitiría someter la razón a la sinrazón de la esperanza, imposible para los adultos, llevándonos a pedir cosas imposibles y conseguirlas. A mantener la capacidad de asombro ante las pequeñas cosas de cada día. A ser crédulos de imposibles quimeras; veraces, sin la picardía que guarda la adolescencia; y bondadosos, sin la maldad reservada a los mayores.

Necesitamos la sencillez, ingenuidad e indulgencia de los niños, para abandonar penas y rencores acumulados, llevándonos el olvido a la reconciliación inmediata tras una riña con nuestra yunta doméstica o laboral.

Humildes como ellos, para saber que solos y sin ayuda de demás no llegaremos a parte alguna ni conseguiremos lo que buscamos. Crédulos para dormir el sueño de la vida dejándonos mecer por cuentos que nada tienen que ver con la realidad. Y confiados, como ellos, en el vecino mayor que nos visite, para declararle con desvergüenza y sin preocupación nuestros sentimientos.

No se trata de aniñarse, ni de achicarse, sino de ir en pos de aquello que se desea sin medir el peligro que se corre para conseguirlo.

¿No será el regreso a la infancia perdida el camino a seguir para recuperar la esperanza?

CIELO E INFIERNO

CIELO E INFIERNO

Habiéndome olvidado de cumplir la promesa hecha el pasado día 8 de septiembre, un buen amigo me recuerda el compromiso que hice ese día de explicar en este blog dónde está “mi cielo” y “mi infierno”. Algo que me obliga a pedir disculpas por el retraso sin demorar ni un segundo más la respuesta.

Mi cielo se encuentra en el mismo lugar que lo sitúa el santificado escritor Lucas en el capítulo 17 de su libro, cuando afirma en el apartado 21 que el reino de Dios está entre nosotros. Siento esto así, y así lo creo, es fácil imaginar que el cielo se encuentra en la sonrisa de los niños, en los gestos de solidaridad, en la ayuda mutua, en la verdad sincera, en la generosidad desprendida, en la honradez demostrada, en el respeto al discrepante, en la paz sostenible, en la amistad leal, en la lectura de un libro, en la música preferida, en el paseo compartido, en compartir algo hermoso, en abrazar a la persona amada, en el humor que libera beta-endorfina,  en la capacidad de perdonar,  en el agua que sacia la sed, el pan que destierra la hambruna, en el beso de buenas noches y por supuesto, en el amor sin exclusiones, que nos libera de miserias morales.

Sin pecar de soberbia que al infierno me condene, no estoy de acuerdo con Lucas (16,23), ni con Mateo (13,42), ni con Marcos (9,46), ni con el arte litúrgico, porque en mi infierno no hay más llamas que las procedentes de las hogueras inquisitoriales. Para quien hace públicos estos pensamientos, el infierno se encuentra en la muerte prematura de alguien querido, en la enfermedad que rompe el alma, en el sufrimiento inmerecido, en la injusticia social, en el desengaño de la amistad, en las chabolas de cartón piedra, en la especulación de la pobreza, en la explotación de la miseria, en el abuso de los patrones, en el desprecio de los poderosos , en la sinrazón de las balas, en las viudas y huérfanos de guerras, en la usura de los banqueros, en las lágrimas de los desahuciados, en la muerte por inanición, en la mentira como oficio, en el enriquecimiento con sangre ajena, en la hambruna y en las pateras desesperadas.

La ventaja de mi cielo es que está al alcance de cualquiera que lo persiga llevando el corazón en la mano. Y el consuelo del infierno es que su castigo no es eterno, pues apenas dura el tiempo que la vida nos concede, por canalla que ésta sea para nosotros.

AL HOULA

AL HOULA

A la ciudad de Al Houla le cabe desde el viernes pasado el triste honor de estar incluida en la lista de ciudades malditas, donde la barbarie ha desatado su más abominable crueldad contra indefensos ciudadanos, cuyo único delito es haber nacido en un país tiranizado por sanguinarios al servicio de la sinrazón.

Tanto si la acción salvaje ha sido perpetrada por milicianos de Al Asad como si se trata de grupos terroristas descerebrados, tiene que haber condena perpetua a galeras, sin indulto posible ni redención de pena, para los matarifes que asesinaron a puñaladas y golpes de hacha a hombres, mujeres y 49 niños inocentes,  por mucho que aleguen ante la justicia “obediencia debida”.

Tengo dos amigos sirios de generaciones diferentes, uno médico y el otro estudiante, Raduan y Omar, con el pensamiento de luto, el corazón ensangrentado, los lagrimales secos y el alma suspendida por la incertidumbre de saber si los padres y hermanos que allí quedaron, sobrevivirán a las matanzas.

Hoy quiero estar más que nunca a su lado, rezando en mi descreencia por los familiares que en Siria esperan su turno en la morgue y por todos los vecinos que castañean los dientes de miedo en sus casas, a la espera de ser reducidos a cenizas o descuartizados por armas negras.

Pido irracionalmente a Yavé, Alá o cualquier otra deidad que consuele los espíritus de quienes aún viven, porque para los asesinados la redención es imposible. Y me abrazo solidariamente al dolor de estos dos amigos y de cuantos en la distancia se inclinan cada día hacia la Meca para implorar a un Dios que condena esta locura. Amén.