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¡CUÍDATE, PACO!

¡CUÍDATE, PACO!

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Los amigos preocupados por mi bienestar continúan diciéndome con indudable cariño, en correos electrónicos, llamadas telefónicas y encuentros: “¡Cuídate, Paco!”, sin que haya podido desentrañar con certeza absoluta el origen de tal deseo ni su alcance, sabiendo que no se trata de un sonsonete carente de sentido, o un latiguillo de moda que corre de boca en boca. No, el buen deseo de los amigos y amigas hacia mí es sincero.

Pero tan noble consejo provoca en mi ánimo ligeras turbaciones, porque ninguno de los bienintencionados consejeros me explica los argumentos que les lleva, de forma tan insistente, a inquietarse por mi salud y bienestar, sin que yo haya hecho méritos reconocidos para llevar el desasosiego a sus sentimientos.

A veces pienso que sus buenas intenciones obedecen a que me ven algunos días fuera de mí por razones de inconformismo y rebeldía con la situación que muchos padecemos, y esto les hace pensar en posibles dolencias ocultas que, de momento, se mantienen alejadas de mi horizonte, aunque soy consciente que no tardarán en llegar porque la vida es tenaz en su empeño de llevarnos a todos a la estación término.

En otras ocasiones, intuyo que me sugieren cuidarme pensando que llevo una vida muy agitada con poco descanso, pero no parece que este sea el caso, porque hago deporte a diario, llevo buena alimentación, no fumo y mis vicios se reducen a compartir un saludable vaso de vino, con buenos amigos entre los que ellos se cuentan, a quienes agradezco sus buenas intenciones y sinceras confidencias.

En todo caso, compláceme que me pidan cuidarme porque escondido en tal deseo hay una carga de afecto, simpatía y cariño que no siempre merezco, porque con algunos de ellos no he correspondido a cuanto me han entregado, sin pedir nada a cambio.

EXHUMACIÓN Y RECONCILIACIÓN

EXHUMACIÓN Y RECONCILIACIÓN

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En tiempo litúrgico cuaresmal de penitencia y perdón, recordamos a los caídos de «huno» y «hotro» lado, con especial memoria para los «hunos» que descansan sin identificar en fosas comunes, pues las fotografías de los «hotros» figuran en las cruces de los cementerios para ser honrados en la memoria de sus familiares y amigos.

Hablemos, pues, de las cien mil personas ignoradas que siguen en paradero desconocido bajo tierra, desperdigados por cunetas, vaguadas, olivares y tapias de cementerios, mientras sus hijos, nietos y bisnietos se desgañitan pidiendo algo que el buen sentido, la dignidad y el respeto, exigen.

Más aún, cuando muchos de tales muertos no participaron en la contienda, ni habían disparado un solo tiro contra nadie, que simplemente sufrieron represión una vez terminada la guerra en 1939, con una contundencia desconocida en Europa, según declaración del historiador Paul Preston.

Debemos esforzarnos todos los españoles por conseguir que no quede ni un solo vecino muerto sin identificar y que los restos de los fallecidos sean enterrados dignamente en la sepultura familiar, más allá de la Ley de la Memoria Histórica y de cualquier normativa que lo dicte, porque hay derechos naturales que toda sociedad civilizada debe respetar sin reserva alguna ayudando en las exhumaciones, para que los familiares dispongan lo que prefieran con los huesos de sus seres queridos.

Por pequeña que sea la empatía que tengamos con quienes desconocen el lugar donde se encuentran los restos de sus padres, hermanos y abuelos, estamos obligados a comprender que la herida abierta por los desaparecidos en el alma de sus familiares no se cerrará mientras los ausentes permanezcan en paradero desconocido.

CONDICIONES PARA SER POLÍTICO

CONDICIONES PARA SER POLÍTICO

Un veterano y experimentado político español, acreditado en la historia por su inigualable currículo político, tras dedicar su vida a la gestión pública, llegando a ser tres veces presidente del Gobierno, ministro de varias carteras, presidente del Congreso y del Senado, alto ejecutivo institucional y algunas cosillas más por el estilo, dejó escrito en sus «Reflexiones y recuerdos», que “los sentimentales y los místicos no sirven para el ejercicio del poder”.

Razones poderosas debía tener don Álvaro de Figueroa para decir esto, y gratitud le debemos quienes no encontrábamos explicaciones ni argumentos para determinar con precisión las condiciones que debían tener los políticos para ejercer el poder. Pero atendiendo a la sabia voz del Conde de Romanones, ahora ya lo tenemos claro.

Según este Grande de España, para ser político hay que carecer de sentimientos, es decir, deben tenerse entrañas contaminadas y carecer de la vida espiritual, conciencia moral y compromiso ético, propio de los místicos.

Bien, pues en España podemos presumir con orgullo de tener los mejores políticos de la galaxia, suponiendo que los marcianos se rijan por los mismos comportamientos de los «decadentes» políticos terrícolas.

El señor conde nos ha dejado claro qué personajillos ejercen el poder, explicándonos el porqué las personas con sentimientos nobles y honrada vida espiritual, viven alejadas del cínico mundo político, interesado, codicioso, avariento y perverso, hasta el insulto.

¡Ah!, se me olvidaba. Un amigo, compañero, filósofo y honrado concejal popular que volaba a lomos de la gaviota sobre un pueblo cercano a Salamanca que “tiene tren, pero no tiene tranvía”, le oyó un día a su jefe de filas, – antiguo alcalde de la ciudad charra y hoy en el cementerio de elefantes -, que la ética no tenía espacio en la política, cuando el modesto edil apelaba a la moral pública con ocasión de un problema en el Consistorio.