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ROUSSEAU A LA PALESTRA

ROUSSEAU A LA PALESTRA

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Hay quien parafraseando a Rousseau se atreve a decir que el ser humano es bueno por naturaleza, pero que el poder lo corrompe, como si se tratara de un virus sin tratamiento alguno, cuando la realidad es que la honradez mamada en la cuna y nutrida con honestidad en la madurez, evita el contagio de tan peligrosa enfermedad.

La iniquidad comenzó con el primero que dijo «esto es mío y solo mío», dando origen a la propiedad privada, y con ella a la sociedad que padecemos, caracterizada por el gobierno de un grupo de poder plutocrático formado por agentes depredadores, capaces de quitarle caramelos a los huérfanos y sillas de ruedas a los inválidos.

En “El contrato social”, el ginebrino Juan Jacobo dejó muy claras las condiciones del pacto que vincula y une a gobernantes y gobernados, afirmando que el régimen menos imperfecto es el democrático, en el que todos los ciudadanos participan de la soberanía, sometiéndose la libertad a las leyes.

Bonito proyecto que la privilegiada minoría de gobernantes se encarga de entorpecer, aunque se les llene la boca con la palabra democracia sin percibir que los hechos contradicen sus mentiras, considerando que el pueblo padece una enfermedad colectiva incurable, cuyos síntomas principales son la sordera, el silencio y la resignación a un destino que no merece.

Lo que ignoran algunos iletrados déspotas que nos gobiernan es que las ideas ilustradas del ilustrado despotismo, prendieron la mecha de la revolución burguesa que dio al traste con el despotismo absolutista generador del nepotismo y la desigualdad social, por abuso de las pelucas aristocráticas.

DESPOTISMO ILETRADO

DESPOTISMO ILETRADO

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Un día como hoy de 1788, moría en Madrid el monarca borbónico Carlos III de España, recordado como el mejor alcalde de la capital del reino y fundador del Despotismo Ilustrado, que aprovechó su poder absoluto para realizar importantes cambios a favor del pueblo, sin quebrar el orden social, político y económico, algo que nos obliga hoy a reflexionar sobre el despotismo iletrado que tenemos encima.

La situación política actual recuerda poco al Despotismo Ilustrado porque carece del lustre intelectual de la Ilustración Francesa, ya que en la cúspide hay pocos ilustrados y muchos iletrados, que mantienen actitudes despóticas, abusando de la autoridad, el poder y la fuerza que le otorgan las urnas, tomando el todo por la parte y sin oír al pueblo.

La política seguida por algunas monarquías absolutistas del siglo XVIII, estaba inspirada en el deseo de fomentar la cultura del pueblo, la prosperidad de los ciudadanos y el bienestar de los súbditos, algo que ahora no ocurre sino todo lo contrario, para desgracia de los sufridos votantes.

Aquel paternalismo de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” ejercido por benevolentes déspotas del absolutismo dieciochesco, se ha tornado en “nada para el pueblo, pero con el voto del pueblo”, en manos de sus herederos regentes en una democracia que tiene mucho de “demo” y poco de “cracia”, por obra y gracia de los déspotas postmodernos que pervierten el sistema democrático.

MODERNA ESCLAVITUD

MODERNA ESCLAVITUD

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En siglos precedentes se deportaban negros africanos para trabajar como esclavos en colonias inglesas, francesas, portuguesas y españolas, siendo el comercio de esclavos moneda de curso legal, como ahora lo es la emigración de personas en busca de un trabajo que les permita sobrevivir, en medio de la nueva esclavitud que muchos se niegan a reconocer, espantados ante esa palabra.

Si ser esclavo es carecer de libertad por estar bajo el dominio de alguien, y esclavitud la sujeción excesiva a ese alguien, es difícil negar la vigencia del esclavismo en la sociedad actual, por mucho que se disfrace de hipotéticas libertades democráticas, para consuelo de ingenuos y candorosos ciudadanos.

Ya en 1762 el filósofo Jean Jacques Rousseau aseguraba en El contrato social que el hombre había nacido libre pero que estaba en todas partes encadenado, animando con ello a la Revolución Francesa de 1789, de consecuencias por todos conocidas, aunque muchos dirigentes políticos y financieros las ignoren o crean irrepetibles en el siglo XXI.

Nadie puede dudar el sometimiento del pueblo a decretos gubernamentales, exigidos por el insaciable poder financiero que organiza el mundo, llevándonos a un esclavismo de nuevo cuño, disfrazado con preceptos legales de menor cuantía, sin percibir que las Constituciones nacionales y los Derechos Humanos contradicen los decretos exterminadores.

Esto sucede cuando los poderes político y financiero de Europa piden más recortes a España y nuestro jefe Rajoy otorga, comenzando por relegar a España a la cola de su ejemplar solidaridad, descabezándola de los transplantes de órganos para dejar en la morgue social a los enfermos igual que los barcos negreros arrojaban por la borda a los esclavos inservibles.