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MENDACIDAD POLITIQUERA

MENDACIDAD POLITIQUERA

Hemos aceptado resignadamente que los polítiqueros mientan de oficio, oculten verdades y sean cómplices de las mentiras de sus colegas por el silencio que guardan sobre ellas, hasta el punto de hacer célebre el sarcástico modismo: “mientes más que un polítiquero”, importándoles a estos la descalificación menos que a un esquimal las calenturas del Ecuador, porque unen a su cara de cemento armado, la seguridad de que siempre que nos convoquen a las urnas iremos a ellas como los corderos van al matadero, para votar a sus candidatos, los suyos, en listas cerradas que nos impide decidir quien sí y quien no debe representarnos, porque yo no votaría a ninguno de los cuatro jinetes de la apocalítica que cabalgan sobre nosotros clavando espuelas en nuestra frustración.

–   ¡Qué obsesión tienes, Paco, con las listas electorales abiertas!, -me decía ayer un amigo.

–   Sí.  Y con la doble vuelta electoral, también. Y con los sueldos, privilegios y poder que disfrutan los polítiqueros, microfoneros y tribuneros, y con la gandulería de muchos, la incompetencia de otros, la perpetuidad en los cargos, el incomprensible aforamiento, la manipulación política de altos tribunales económicos y judiciales, la irresponsabilidad ante la mala gestión, la impunidad ante el despilfarro del erario público que a todos pertenece, el fraude en los cargos de libre designación donde el amiguismo predomina sobre la competencia, las respuestas sobre el tiempo que hace en el Ártico cuando se les pregunta por incumplidas promesas, la incultura intelectual de muchos, y la corrupción que….

–   ¡Para, coño, Paco! No hablábamos solamente sobre las mentiras oficiales.

–  ¡Sí, pero es que cuando me pongo, me pongo! Sobre todo hablando de politiquería – no de política-, y de politiqueros – que no políticos-, que me necutecen, atiburcian y colapsitan.

–   ¡Pues dale a la mendacidad institucional, que de eso hablábamos! -exigió el amigo.

–  Antes de empezar con el cuento de nunca acabar, recuerda que la mentira no es propia de los políticos, sino de los politiqueros, y luce con brillo propio en la politiquería porque la política ha reservado el derecho de admisión y no la deja entrar en su territorio, pero se cuela de rondón, sin avisar y por la gatera, en bocas moralmente sucias de quienes utilizan la mentira en beneficio propio, sin ocuparse del país, ni preocuparse de quienes le alimentan, ni interesarse por los intereses de quienes han puesto el poder y la confianza en sus manos.

LA MUERTE DEL GRILLO

LA MUERTE DEL GRILLO

No le deis más vueltas, amigos. Todas nuestra desgracias politiqueras vienen por la muerte del grillo, -de Pepito me refiero, claro-, no del insecto ortóptero de la familia grilloidea que adormecía nuestros sueños urbanos infantiles en las noches estivales, cuando al fresco en tajuelas y con botijo, oíamos cantar las horas al sereno.

El grillo de Collodi al que me refiero, inseparable amigo de Pinocho, era el norte que orientaba sus pasos hacia la honestidad, al ser la conciencia del muñeco que le permitía distinguir lo bueno de lo malo, obligándole a realizar lo hacedero por su bondad y despreciar lo vicioso por su maldad.

Con la muerte de Pepito Grillo la conciencia ha desaparecido de ciertos espíritus politiqueros que rigen Instituciones públicas, haciendo que la nariz de tales pinochetes crezca y crezca de día en día con sus mentiras, hasta alcanzar la cumbre de la cucaña a la que ascienden por sus narices, para no emplear otros nombres alusivos a depósitos genitales de ambos sexos.

Sin Pepito Grillo en el cerebro, los despepitados electoreros se van descerebrando paulatinamente, infectados por un virus más dañino que el astrológico cangrejo, con la diferencia de que este microorganismo proteínico y nucleico acabará vencido, mientras la enfermiza epidemia de codicioso poder se expande irremediablemente por los sillones amenazando con atrofiar las meninges ciudadanas de un pueblo harto de cambalaches, mercadeo, prepotencia y cinismo, propiciado por incapaces holgazanes que llevan meses cobrando suculentos sueldos, sin dar un palo al gua, salvo los chapuzones que disfrutan en piscinas privadas y salados mares, camuflados en playas para evitar ser descubiertos y abucheados por los vecinos de su sombrilla.

LAS COSAS CLARAS

LAS COSAS CLARAS

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Por fin, un politiquero ha hablado con claridad en nombre de todos los electoreros que suplantan estos días a los políticos en mítines y carteles electorales. Y lo ha hecho con cara de cemento armado, cinismo de raposa y desvergüenza de trilero, exhibiendo sin pudor su detestable aspiración a la canonjía política de una relajante poltrona con sueldo inmerecido, aportando como aval de su incompetencia un descaro de tahúr.

Su nombre: Pedro Fernández Aránguez; su aspiración: la alcaldía de Ciudad Real; su mérito: carecer de sonrojo social; su tara: la desmemoria congénita; su vocación: servirse a sí mismo; su partido: el que más ha ofrecido; y su enemigo….: el trabajo.

Sí, este abogado ha tenido la valentía de capitalizar el sentimiento de todos los gandules que se acercan a la política con tendencia al mamoneo sin realizar siquiera el mínimo esfuerzo de memorizar el programa electoral, mostrando un desparpajo ofensivo para la sensibilidad colectiva y para su propio partido, al exhibir sin parpadear un desconocimiento indecente del programa que se propone llevar a cabo.

Eso sí, tal personaje ha dejado clara la apuesta de su partido por la transparencia, porque ningún aspirante a cargo público en la historia de la democracia ha expresado de forma tan abierta y contundente su aversión al trabajo declarándolo enemigo, consciente el letrado que el esfuerzo corresponde al pueblo, sostenedor de semejante caradura con el sudor de su frente.

¡Ah! y quien piense que don Pedro tuvo un lapsus mental cuando dijo lo que dijo, que se olvide de ello, porque otro politiquero que le precedió en sus aspiraciones hace años, afirmó que iba a la política para forrarse, y el supuesto desliz mental se hizo realidad ante el asombro y la indignación del pueblo.

OKUPACIOS

OKUPACIOS

Andan los juristas y académicos de la Lengua trabajando a marchas forzadas para establecer una definición de la nueva figura social que los políticos van a implantar por vía rápida, mediante un decreto que veremos en el “papelín oficial” dentro de unos días.

Sabemos que los okupas se dedican a ocupar ilegalmente viviendas, patios y locales deshabitados; y que los desahuciados son seudopropietarios o arrendatarios expulsados de sus viviendas por no abonar rentas o cuotas hipotecarias. Pero falta por definir a los okupacios que el Gobierno va a sacar de la chistera sin avisar, poniendo en sociedad un nuevo colectivo sin definir en los diccionarios y códigos legales.

Según parece, el decreto que se avecina propone que los indefensos y condenados morosos puedan seguir viviendo en las casas hipotecadas perdiendo la titularidad de las mismas. Es decir, que podrán vivir temporalmente sin pagar en pisos que pertenecen a otros, convirtiendo en okupas a los desahuciados, y creando la figura del okupacio.

Con ánimo de ayudar a juristas y sabios que limpian, pulen y dan esplendor a nuestra lengua, se me ocurre definir al okupacio como: “Persona llevada por banqueros y politiqueros a la ruina, que pierde su vivienda a favor de los depredadores con permiso de falsos electoreros, pasando al corredor de los desahucios en espera de su condena a la intemperie”

EL CONDE SALVADOR

EL CONDE SALVADOR

El conde a quien me refiero, ni es conde ni es salvador, pero sí esconde todo lo que encuentra en las huchas de los demás. Este gallego de Tuy no es conocido popularmente por su nombre de pila bautismal desde que el Tribunal Supremo lo encerró en la cárcel por apropiación indebida y falsedad en documento mercantil, es decir por robar y engañar; trincar lo ajeno y salir corriendo por la puerta falsa, para entendernos.

Pues bien, este chorissso con pedigrí, mangante de guante negro y cínico profesional, se nos propone como salvador del país en la portada de La Gaceta de anteayer, por si a los ciudadanos nos quedara todavía alguna duda de que sobrevivimos en una democracia estercolera, que avergüenza a las dictaduras bananeras octavomundistas.

Amenaza este trilero con desembarcar en la vida política exhibiendo como mayor activo personal su pasado, y tiene razón. En un país donde los corruptos insensibles campan por sus respetos, los ignorantes politiqueros desconocen la ejemplaridad y los incompetentes esféricos se lo llevan en crudo, parece lógico que acuda a salvarnos un profesional del fraude y el engaño, porque nos estafará mejor que nadie y con una elegancia desconocida para los vulgares depredadores que están desvalijándonos los bolsillos a tironazo limpio.

Bienvenido sea, pues, el conde salvador, y démosle las gracias por su generosidad y capacidad de sacrificio para librarnos de la carga que supone soportar los insultos al sentido común y a la dignidad que nos llegan a diario de los aficionadillos de la mangancia que nos están llevando al matadero.

INDEMNIZACIONES CIUDADANAS

INDEMNIZACIONES CIUDADANAS

Con más mérito que los aterciopelados usureros bancarios y políticos de bisutería, reclamamos los ciudadanos las indemnizaciones personales que nos corresponden, tras oírle decir a un popularísimo dirigente popular que tales concesiones sólo se otorgan a directores de empresa, consejeros de entidades bancarias y dirigentes políticos de alta gama.

Este desvergonzado politiquero desconoce la hermosa leyenda medieval de Gonzalo Fernández, cuando el católico Fernando exigió cuentas al de Córdoba, y éste le remitió la factura detallada con la misma indignación que reclamamos, siglos después, las siguientes indemnizaciones a cada ciudadano:

Por pañuelos gastados en enjugar lágrimas de impotencia al ver incompetentes depredadores en Cajas de Ahorro cobrar sueldos e indemnizaciones insultantes: solicitamos un millón de euros.

Por vendajes y cicatrizantes para curar heridas en las palmas de las manos de tanto apretar los puños ante las injusticias sociales, económicas y políticas: requerimos dos millones de euros.

Por antiinflamatorios para gargantas desgastadas y rotas de tanto gritar en las manifestaciones tras de las pancartas, sin ser escuchados: pedimos millón y medio de euros.

Por empapaderas para recoger las secreciones de pesadillas nocturnas y el sudor de los trabajadores que nutre las cuentas corrientes de los patrones: demandamos cinco millones de euros.

Por trajes protectores contra porrazos indiscriminados, arrastres por el suelo y pelotazos de goma disparados contra el pueblo indefenso: queremos tres millones de euros.

Y por la resignada paciencia de bueyes mansos con que toleramos los ciudadanos el hundimiento de la economía doméstica y el humillante paro, mientras políticos, banqueros, defraudadores, corruptos y usureros, mantienen sus privilegios, ingresos y beneficios: exigimos doscientos millones de euros.

Estas indemnizaciones pedimos, y sabed gestores de nuestro patrimonio, que nos sobra sangre para reclamarlas.

POLÍTICO VS. POLITIQUERO

POLÍTICO VS. POLITIQUERO

Una de las peticiones más coreadas por los “indignados” estos días y compartidas por la gran mayoría de ciudadanos, es la sustitución de todos los políticos por ciudadanos honrados, generosos, capacitados y apartidistas que nos gobiernen, es decir, sustituirlos por Políticos, así, con mayúsculas.

Los electoreros y la ausencia de políticos ha llevado a muchos ciudadanos a la perversión conceptual de confundir Políticos con politiqueros, sin darse cuenta que nada tienen que ver unos con otros.

Los Políticos son tan necesarios para la convivencia social, la gestión pública y la administración económica de los bienes comunes, que la ausencia de esta especie extinguida es la causa fundamental de crisis que padecemos.

En la sociedad se ha producido una mutación genética social por la cual una especie necesaria para el bienestar y el progreso colectivo ha mutado a una casta aborrecible de incompetentes individuos sin escrúpulos, capaces de quitarle un caramelo al primer huérfano que pase a su lado.

El cambio ha sido transformar el Político en politiquero y las elecciones en electorería, sin que el diccionario haya incluido los nuevos términos en sus páginas para aclarar las ideas al personal, por lo que nos toca hacerlo a quienes confiamos plenamente en los Políticos y así queremos explicarlo porque el político extinguido nada tiene que ver con el politiquero dominante.

El Político se sacrifica por el pueblo, el politiquero sacrifica al pueblo.

El Políticos sirve al pueblo, el politiquero se sirve del pueblo.

El Político persigue el bien común, el politiquero su propio beneficio.

El Político vive de su trabajo, el politiquero del trabajo de los demás.

El Político ostenta competencia, el polítiquero exhibe su carnet del partido.

El Político es honrado, el politiquero vive de la corrupción.

El político es veraz y sincero, el politiquero vive de la mentira.

Seguid vosotros, amigos….