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LUTO AZUL

LUTO AZUL

Refugiados

Condenados al naufragio por la barbarie que domina en la tierra que les vio nacer, muchos sirios entregan su cuerpo al mismo agua salobre que hace soñar a los enamorados y alimenta rebeldías en quienes enmudecen contemplando la belleza azul teñida de negro por la muerte de náufragos que buscan refugio en tierras de promisión.

Mueren al borde de la arena sin ser despedidos con pañuelos blancos en la bocana del puerto de Latakia a bordo de un barco soñando azares afortunados, huyendo sobre una lamparilla flotante que tiembla en el horizonte mortecino del mar, zarandeada por el ritmo alternativo de manotazos en la jareta del alma.

No son necesarias grandes olas negras golpeando el casco de la patera desnuda de lujos y placeres, ni que la tempestad convoque al rayo sobre las grietas del océano para que zozobren sus vidas al silbo del destierro, haciendo un ovillo espumoso con los cuerpos desprendidos del frágil cascarón agitado en danza macabra, preludio de catástrofe.

Muñecos trágicos columpiándose del hilo delgado de la vida, invocando mudos una queja que el mar no atiende porque las sirenas ignoran el significado de las súplicas y el ronquido del agua barre la patera arrancando los cuerpos como jirón de vela, que custodiarán para siempre las gaviotas.

Hostiga el dolor la fe dormida en la media luna, sofocando la marejada con plegarias vírgenes de unos labios condenados al silencio, mientras dos manos impotentes para doblar el destino se elevan al cielo y clavan las uñas en cárdeno mar queriendo rescatar de las tinieblas las amapolas que en la espuma han florecido.

CLASES DE INMIGRANTES

CLASES DE INMIGRANTES

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Inmigrante es toda persona que emigra a otro país para instalarse en él, sin distinguir a los desplazados por su color de piel, sexo, ideología o procedencia, ni establecer clasificaciones entre ellos en función de los méritos acreditados, las habilidades demostradas, el conocimiento adquirido, la cultura mostrada, el pedigrí garantizado o la cuenta corriente exhibida.

Pero la realidad es bien distinta para muchos ciudadanos, políticos, financieros y publicistas del país de acogida, empeñados en distinguir unos inmigrantes de otros, dejando clara su preferencia por los que llegan a nuestra tierra en avión privado, frente a quienes desembarcan en patera huyendo de la hambruna.

Es oficio de los sectarios sociales, condenar, explotar, abusar, maltratar, encerrar y expulsar del territorio a los desterrados de su país por la miseria, al tiempo que aplauden, agasajan, elogian, respetan y glorifican a los inmigrantes de lujo que se inscriben en los censos y abren todas las puertas institucionales para obtener permisos de residencia que se niegan a los emigrantes de cayuco.

Poned el oído en el pecho de un exiliado por el hambre para oír los latidos de su corazón, y escucharéis el grito silencioso de su soledad, la voz ronca de su queja resignada, su dolor por la marginación, el abuso de las espuelas en sus entrañas y veréis sus pupilas enrojecidas por el llanto que palpita en la jaula del pecho.

Sabed que pasean por las calles inmigrantes protegidos por su cuenta corriente, junto a desvalidos emigrantes llegados sin zapatillas, que soportan en los costillares latigazos de desprecio por los mismos que se rompen las manos aplaudiendo a millonarios balompédicos llegados al césped de los estadios, sin otro mérito que saber golpear con el pie una bola llena de aire.

RECUERDO SOLIDARIO

RECUERDO SOLIDARIO

Mientras el rey pronunciaba el discurso navideño olvidándose de los inmigrantes, una patera con veinte de ellos llegaba a la costa almeriense mostrando la angustia en sus cuerpos, lágrimas en la mirada, bocas resecas y profunda soledad en el alma, huyendo de la muerte, dispuestos a sudar por la patria que el monarca ensalzaba en su predicación.

A tantos como han llegado desde lejanas tierras en busca del pan que no pudieron amasar en sus países de origen, quiero abrazar en vísperas de los santos inocentes, grupo castigado del que forman parte, sin haber cometido pecado alguno. Seres condenados por fatal infortunio de la cuna, que hace reyes a unos y a otros esclavos de la miseria, sin merecer unos ni otros la suerte o desgracia que les ha tocado en el reparto divino.

Nadie se juega la vida en una patera para hacer turismo. Nadie cruza el Atlántico en la bodega en un crucero si no es para sobrevivir. Nadie altera sus costumbres y cultura si la hambruna no llama a la puerta. Nadie abandona su familia para refugiarse en la soledad de una habitación decorada con fotos de los que ama.

A estas solitarias personas, desarraigadas del paisaje que les vio nacer, trabajadores obligados a demostrar cada día su competencia, hoy envío mi recuerdo. A estos seres humanos sin protección que les asista, contratados para realizar esfuerzos que sólo a ellos se les pide, acompaña mi solidaridad.

A quienes realizan detestables tareas rechazadas en muchos casos por quienes piden diariamente su expulsión.

A los que se hacinan en Centros de Internamiento de Extranjeros, “guantánamos” sin las más elementales condiciones de habitabilidad.

A quienes sienten en sus carnes el injusto arañazo del racismo y el mordisco de la xenofobia por cometer el delito de querer liberarse del hambre y la miseria.

A quienes sufren desprecio y culpas por actos vandálicos, hurtos y extorsiones realizados por otros extranjeros que no merecen un espacio entre nosotros.

A todos ellos envía un abrazo solidario quien gozó en tierra extraña de privilegios inalcanzables para ellos, sin poderse desprender de nostalgias infantiles cuando pasó las fiestas navideñas recogido en su isla familiar, lejos de su patria, su gente, su cultura y sus tradiciones.

INMIGRANTES

INMIGRANTES

INMIGRANTES

La entrada de hoy iba dedicada a una realísima boda de la que no hemos tenido noticia alguna. Ya estaba escrita con ironía y ánima republicana, cuando se cruzó en mi camino el relincho de una señora enviando a su país a dos repartidores extranjeros que buzoneaban propaganda en los portales para llevarse un mendrugo de pan a la boca.

Pedí simplemente a la madama respeto a las personas y al trabajo que hacían, marchando a casa cabizbajo recordando mis largos años de emigrante de lujo y las penalidades sufridas, a pesar de tener asegurada vida fácil, buen salario, apoyo institucional y protección oficial.

Quisiera haberle dicho a tal señora que bajo la piel de aquellos inmigrantes  circulaba su misma sangre, latía idéntico corazón y su alma guardaba los mismos sentimientos. Le hubiera hablado del instinto de supervivencia, del hambre que reseca la piel y le hubiera recordado que algunos de ellos han venido con sus mujeres e hijos. Otros con un amigo para compartir juntos las penas. Y gran parte llegaron solos, huyendo de una obligada bulimia, de enfermedades endémicas y de perpetua miseria en sus países de origen, donde el azar les había condenado a vivir, porque nadie decide la cuna ni expresa siquiera el deseo de venir al mundo.

La señora debe saber que muchos hicieron el viaje en cascarones funerarios, llegando a nosotros con ojos enrojecidos de tanta lágrima, tanto mar y tanto viento, buscando una patria redentora que les redimiera de la pobreza, trayendo sus costumbres, sus canciones, sus bailes, sus juegos, sus dioses, sus imperfecciones, el olor de su tierra y la torpe pericia de un oficio aprendido de sus padres para sobrevivir en un ambiente hostil, donde se abren paso siendo muchos de ellos explotados por mercaderes del infortunio.

Son los inmigrantes trabajadores aptos para cualquier trabajo no cualificado, sin especialidad alguna, ni título acreditado. Expertos en el sacrificio diario y en la renuncia permanente al mínimo lujo, llegando incluso a perder sus nombres al ser deformados en boca de vecinos, patrones, policías y vendedores.

No debe importarnos de donde vienen sino hasta donde podemos llegar juntos, compartiendo el mismo cielo, el mismo pan, el mismo vino, el mismo aire y el mismo suelo, con la misma entrega que nuestros hijos comparten juegos, sonrisas, aficiones y esperanzas con los de ellos, hasta llegar a conquistar unidos el futuro, respetando nuestras mutuas diferencias.

Han venido hasta aquí acortando el indigente camino del dolor a través de océanos y desiertos, con la obsesión de regresar a la tierra que les vio nacer, pero muchos compartirán cementerio con nosotros, siendo llorados por sus compañeros en el idioma natal que conservarán siempre, sin llegar jamás a aprender bien el nuestro, salvando a los que vienen del cono sur americano.

Aquí tendrán hijos y nietos, que curaran a nuestros hijos, proyectarán nuestras casas, fabricarán muebles y cultivarán el trigo que llevará el pan a nuestra mesa, terminando por hermanarse con la tierra de acogida sin olvidar su procedencia y recordando con admiración al abuelo que un día se jugó la vida en la patera o la deportación en la aduana para darle a ellos el futuro que la suerte les había negado.