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URNAS

URNAS

URNAS

El hecho de que las urnas otorguen poder, pero no sabiduría, complica las cosas cuando las papeletas caen sobre incapatuales, beatílicos y cinitirosos. Por eso no debemos entregar el bastón de mando a lunáticos especímenes que han pasado años maquiavelicando, con ceremonias confusas y manipulaciones. Votemos el domingo con la esperanza de promover en España políticos que destierren a quienes llevan amamantándose con la leche, – mala, desde luego -, de famosas vaquerías o de pazos.

Y hay que hacerlo porque las urnas no facilitan la prudencia, el talento y la templanza monacal que exige la acción de gobierno. Tampoco facilitan la generosidad necesaria para anteponer los intereses generales a las preferencias personales; ni conceden la responsabilidad que se precisa para distribuir con justicia la riqueza común; o la honradez necesaria para administrar el dinero que pertenece a todos. No pueden las urnas conceder la vocación de servicio que demanda la actividad política; ni la honestidad precisa para evitar el nepotismo y el amiguismo; ni el sentido común requerido para distinguir prioridades de caprichos; o el instinto natural preciso para orientar los pasos cuando se han borrado las huellas del camino.

Que nadie espere de las urnas una receta que haga demócratas a herederos de la dictadura en el mismo tiempo que se tuesta una rosquilla, o que mueva la voluntad de abandono a quienes han hecho de la política su pesebre, después de caricaturizar a Martín Villa por los años que pasó sin bajarse del coche oficial.

Tampoco ponen las urnas al alcance de los triunfadores la voluntad de pisar la calle. Ni aportan la sensatez necesaria para anteponer la política de Estado a la de partido; ni la transparencia obligada en la gestión pública; y, menos aún, el respeto a todos los administrados, incluidos los discrepantes, inmigrantes, deficientes, necesitados y débiles.

Finalmente, las urnas tampoco evitan la testarudez, ni liberan a los amargados de su malhumor congénito, ni habilitan para el cargo a los incompetentes.

Pero votemos, aunque sea en blanco, para darle la razón a Saramago por si algunos se dan por aludidos y salen corriendo por la puerta de servicio.

 

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

En voz baja y sin pretensiones de ser escuchado, pero con la conciencia tranquila de proclamar a los cuatro vientos mi pensamiento, sugiero a los candidatos que no intenten confundir a los electores porque la inteligencia colectiva es avispada y no se deja embaucar con manipulaciones informativas ni quiméricas promesas, por muy firme que sea el poder ejercido por los medios de comunicación. Tal vez por eso, inaugurar obras públicas inconclusas o poner primeras piedras en el vacío durante el periodo pre-electoral, contribuye a desviar el voto de los indecisos hacia la facción opuesta.

Ocultar información, mentir o decir medias verdades es tan deshonesto como peligroso para los intereses propios. Igual que limitar las entendederas a privados dividendos, porque no beneficia ni produce réditos a quien sólo comprende aquello que le conviene.

Responder con evasivas a preguntas concretas, contestar sobre aquello que no se interroga, pretender justificar lo injustificables, aludir a lo que no corresponde y criticar al ausente, no sólo es de mala educación, escaso gusto y poca sensibilidad, si no que además resta papeletas electorales.

La prepotencia y presunción de victoria, puede desterrar a las tinieblas a todos los primos de zumosol por muchas elecciones que hayan ganado hasta ahora. Y debe tenerse en cuenta que limitar libertades, poner cruces en la frente de los disidentes y señalar públicamente con el dedo a los librepensadores, conduce a la rebeldía de los estigmatizados.

Hablar claro obliga a decir la verdad por dura que ésta sea, y es momento de advertir a los votantes que la verdadera crisis no ha empezado, que todos debemos apretar los dientes, que la bonanza no volverá en muchos años, que la salida pasa por trabajar con sacrificio, que debemos estar despiertos ante los especuladores sin escrúpulos y que todo ello será posible si ocupan los escaños los mejores y más capacitados, sin importar el sexo, la militancia ni los juegos de poder individuales o colectivos, sino criterios de competencia profesional, liderazgo natural, conocimientos y experiencia, por encima de todo amiguismo, compraventa de favores o interesadas presiones.

Los aspirantes han de saber que la humildad les llevará más lejos que la soberbia; que el diálogo evitará la confrontación; que la negociación esquivará el rechazo que produce la imposición; que el control evitará la oportunidad del pelotazo; que el sectarismo es preludio de discriminación; el monólogo político, la antesala del cesarismo; el despotismo, comienzo del ocaso; el engaño, fuga de los titubeantes; la manipulación, preámbulo de rebeldía; y el adoctrinamiento certificado de defunción de la libertad de pensamiento y de la razón.