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APRENDIENDO A ENVEJECER

APRENDIENDO A ENVEJECER

Aprendiendo-a-envejecer

Se es niño sin pretenderlo, joven sin esfuerzo y adulto sin pensarlo, pero a la cuarta edad se llega con el diario de la vida escrito hasta la penúltima página, con casi todo aprendido y los exámenes aprobados, dispuestos a prepararnos para la prueba final que la vida nos pondrá, tras la convocatoria que nos hizo al traernos al mundo.

Toca, pues, aprender a envejecer con la salud menguada, pero con la ilusión de permanencia intacta hasta llegar a la última página de nuestro diario, goteando día a día momentos de felicidad en el camino hacia la estación término, para confundir a la parca que nos robará la sonrisa cuando un golpe desafortunado altere el ritmo de la sangre o el capricho del azar enloquezca las células bajo la piel que nos cubre.

Ahora toca poner de acuerdo estómago y cerebro para que no se interfieran en el camino a la felicidad. Es el momento de conciliar cuerpo y sentido, para que el primero no pida lo que el otro niega, y este compense la mengua de vigor. Deben unirse razones y razón para que el maridaje unifique los argumentos. Y conciliar deseo y posibilidades para no caer en el desánimo y la frustración.

En la antesala de la vejez toca recuperar el tiempo perdido en ambiciones decapitadas y metas sin futuro. Es hora de renunciar a provocaciones inútiles. Momento de rehusar a ilusiones imposibles. Ocasión de superar discrepancias estériles. Y oportunidad de abandonar quimeras inalcanzables, porque el tiempo apremia y la felicidad escasea.

Camino de la vejez no conviene perder energías en cuestiones que no merezcan el esfuerzo que demandan, sino de aprovechar la vitalidad que resta para hacer posible el milagro de gozar la vida nueva que comienza, sin pretenciosos sonsonetes para levantar el ánimo, aunque amanezca con las tres heridas del poeta: la del amor, la de la muerte y la de la vida.

MECEDORA VOZ DE MADRE

MECEDORA VOZ DE MADRE

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Habla la madre con voz templada por la madurez de los años, dejándose llevar juventud abajo desde la pasión primera a la serenidad de un amor pleno de certidumbre en íntimo maridaje perpetuo, sin firmar pliego alguno ni sellar requerimientos formales o protocolos congelados en las carpetas.

Palabras menudas con flecos de volantes blancos como vestido de novia y pétalos de azahar volando desde las almenas juveniles al otoño pedregoso de vida, que pretende enronquecer su garganta sin conseguirlo, porque la voz esperanzada de la madre no se deja amedrentar por el aviso taciturno de las agujas del reloj, fortalecida por el amor que golpea las penas sobre el yunque de la vida.

Escrupulosos velos del misterio son rasgados con sus palabras a ritmo del badajo en las espadañas rurales, donde los pajares asistieron un día el encuentro furtivo de dos almas gemelas que más tarde se perpetuarían en la cuna infantil con susurros de amor y placenteras nanas enlagrimadas de felicidad por el beso de los labios que solo enmudecieron al silbo de los pañales.

Voz de miel, adormecedora del llanto en las noches de insomnio, cuando el marfil pugnaba por blanquear el perfil de una boca balbuceante que ignoraba el diccionario, suspendiendo la incredulidad con hilos de felicidad compartida en las alcobas, donde las palabras maternales sustentaban pilares de conformidad, sin pedir nada a cambio.

Años después continúa hablando lentamente para evitar que las palabras tropiecen entre ellas y se lastimen en el aire antes de llegar a su destino viento arriba, donde solo alcanzan los susurros entrecortados, quedando él mirándola, reenamorado de su voz callada, recogida y oracionera, como diluvio de bondad adormecedora del alma

PRIMERA PRUEBA DEL ALGODÓN

PRIMERA PRUEBA DEL ALGODÓN

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Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas han puesto de manifiesto la necesidad de pactos y negociaciones entre la diferentes formaciones políticas. Acuerdos a los que puede llegarse de dos formas: negociando concejalías municipales y consejerías autonómicas con mercadeos de poder, o conciliando programas divergentes hasta llegar al consenso.

El comercio de cargos ha sido la opción preferente en las tradicionales negociaciones políticas para alcanzar bastones de mando, algo que debe pasar a la negra historia del silloneo porque ha llegado el tiempo de hablar en las mesas sobre programas y proyectos, dejando a un lado personalismos y preocupaciones de cada cual por su futuro.

Quiere esto decir que el primer test valorativo que confirmará la realidad del cambio, será el nivel de transparencia que haya en las negociaciones que van a tener lugar, donde los ciudadanos debemos estar informados de quienes serán los protagonistas, de las propuestas de cada cual, de las convergencias, divergencias, aceptaciones, negaciones, cambios, cesiones, acuerdos y compromisos.

Mal comienzo sería para la anhelada democracia real que deseamos, si los partidos negocian entre bastidores a cencerro tapado emulando a Juan Palomo, y guisan los primeros platos en cocinas herméticas, donde los ingredientes que se añaden a las cazuelas pueden indigestar al pueblo.

Mal comienzo tendremos si al pasar el algodón por las mesas negociadoras, este sale ennegrecido por una opacidad mancilladora de su blancura, porque se haya ocultado al pueblo aquello que rechaza, le perjudica, ofende y decepciona, como el abandono de las “líneas rojas” o la tozudez que impida llegar a necesarios acuerdos beneficiosos para todos.

Pedimos, pues, que el proceso negociador se haga con luz, taquígrafos y transparencia absoluta, porque nada hay que no debamos saber quienes hemos hecho posible las mesas de negociación, salvo que se pretenda ocultarnos información pensando que nos falta la madurez que nos sobra.

MADUREZ, DIVINO TESORO

MADUREZ, DIVINO TESORO

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Discrepo de los nostálgicos emparentados generacionalmente conmigo, que añoran la juventud huida de las manos como tesoro divino que fue, sin percibir que tienen con ellos el vellocino de oro de la madurez, tras haber pasado el calvario juvenil, donde solo el vigor gratifica la existencia.

Etapa joven inestable, turbulenta, conflictiva, insegura y agitada, que hace del aprendizaje, pesadilla; de los errores, costumbre; de la ignorancia, cretinez; de la aventura, afición; y de la pujanza, soberbia; sin percibir la coetaneidad excluyente de diferencias temporales, permitiendo al azar abrir rendijas en el muro de la edad cuando el infortunio juega al escondite con la antojadiza parca.

La mala digestión de los codiciados ritos iniciáticos provoca vómitos emocionales juveniles que la madurez ha superado. Las contradictorias propuestas de familiares a los deseos personales y complicidades amistosas deslizan el inestable futuro de la juventud por el filo de la navaja que divide la realidad y el deseo.

Madurez estable enfrentada a las turbulencias y desajustes juveniles. Armonía interior frente a vulnerabilidad adolescente. Seguridad profesional frente a la incertidumbre laboral de los principiantes. Consolidación afectiva, frente a inestabilidad emocional de los amores alternativos. Firmes decisiones frente a inestables criterios sin firme asidero. Y predicciones futuribles frente a hipótesis volanderas.

La madurez aporta conciencia interior y percepción exterior, inalcanzable en la juventud por su déficit experiencial, escasa prudencia y menguada sabiduría, propia de quien camina a sobresaltos con andaderas inestables hacia la paciencia, estabilidad, constancia, reflexión, tolerancia, coherencia, pericia, templanza, experiencia y personalidad propia de la madurez.

LA FAMA EN GABO

LA FAMA EN GABO

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Primer bimestre sin Gabo y su afecto se ha multiplicado tras la muerte, como suele ocurrirle a todas las personas, que son evocadas tras la desaparición con un cariño y respeto que no les fueron otorgados por algunos en vida, cuando tuvieron oportunidad de concedérselos y no lo hicieron.

Tuvo Gabo fama entre nosotros mientras empujaba el carro de la vida, levantándose cada mañana sin saber qué iba a ser de él, y por no saberlo lo empujaba con más fuerza persiguiendo la meta que buscaba y despertándose cada día con el miedo en el cuerpo por lo que pudiera sucederle, hasta que llegó el Nobel multiplicando los temores, según testimonio de Plinio Apuleyo.

No se dejó Gabo deslumbrar por la fama anticipada que le llegó en su primera madurez pues había previsto lo sucedido, manteniendo que la fama y el poder caminaban por senderos paralelos, unidos por traviesas de frío aislamiento, inquietante soledad y escaparate público.

Rechazó siempre la fama que estuvo a punto de desbaratarle la vida perturbándole el sentido de la realidad, como el poder hace con los dirigentes del mundo, llevándole a una incomunicación con el entorno superada a base de pisar tierra firme, atándose al mástil de la humildad, el compromiso y la solidaridad con el pueblo.

El riesgo a ensoberbecerse y acomodarse en la torre de marfil cual Simón estilita, le llevó a desaconsejar el éxito a los amigos, para evitar que les sucediera como a los alpinistas que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan tienen que bajar con la mayor dignidad posible.

El desencanto con los micrófonos, portadas de periódicos, autógrafos, flashes y entrevistas le obligó a declarar en 1991 que “si hubiera sabido que esto era así, habría hecho todo lo posible para que mi obra fuera póstuma”, porque “la fama condena a la soledad”.

MÁS ALLÁ DE LA VEJEZ

MÁS ALLÁ DE LA VEJEZ

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En la antesala del gran viaje, cuando se abandona la vejez, la madurez queda atrás, la juventud es imposible anhelo y la infancia un recuerdo olvidado, es buen momento para dar un paso hacia delante y recoger los frutos que la experiencia ha dejado en el fardel de la vida y compartirlos con quienes van de camino hacia la estación término.

Pasada la vejez conviene hacer reparto de bienes y advertir de lo que espera, porque la sabiduría acumulada no está en libros ni manuales, sino en páginas de vida que cada cual debe ir leyendo mientras pasa por renglones de años con la esperanza en vilo, porque nunca se sabe el destino que el azar tiene reservado.

Un querido amigo que ya ha pasado la frontera de la vejez, me confesaba el otro día que en la sala de espera donde se encuentra ya no preocupa el dinero, ni la opinión ajena, ni el miedo al error, ni el descanso de la libido, ni la persistencia del insomnio, ni el cansancio crónico, ni la torpeza de los gestos, ni las novedades tecnológicas, ni la memoria perdida, ni las modas, el dolor, la sordera, el reúma o la muerte. No, ni siquiera perturba la muerte inevitable que espera inquieta.

Preocupa la invalidez postrada, la dependencia de otras manos que laven, ayuden, guíen, levanten, acuesten, alimenten y acaricien. Molesta la subordinación a deseos ajenos. Aflige el sometimiento obligado a otras voluntades. Desazona la ingratitud de quienes todo los recibieron de uno y nada devuelven ni agradecen. Turba la soledad, conmueve el abandono y entristece saber que se está en el peor momento de la vida.

MADUREZ

MADUREZ

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El precio a pagar para alcanzar la madurez es simplemente haber vivido, siendo la experiencia personal el único aprendizaje que no está en los libros, y el camino a una sabiduría inalcanzable para los jóvenes que consideran saberlo todo, aunque sea más lo que ignoran que lo que conocen.

La madurez es un espacio vital de plenitud al que se llega después de haber pasado por la turbulenta la juventud y antes de llegar a la sosegada vejez, dominado por el buen juicio, la templanza, el respeto, la prudencia, el conocimiento, la sensatez y el juicio benevolente sobre los errores ajenos.

También conforman la madurez: el equilibrio mental, la fortaleza de pedir ayuda, la humildad de solicitar perdón, la templanza ante el fracaso, la moderación por el éxito y la buena disposición a llevar de la mano a quienes van hacia ella despistados por el camino, con el alma en vilo, demasiada prisa, sobrada autosuficiencia y desmedido entusiasmo, sin escuchar la voz de quienes ya recorrieron el paraje donde ellos se pierden.

A la madurez se llega dejando íntimos pelos en la gatera de la vida y llevando cicatrices en los ojos camino de la estación término, hacia donde vamos con heridas en el alma y costurones en el cuerpo; con artrosis espiritual y reúma en las articulaciones; con fracturas de espíritu y roturas óseas; con desgarrones anímicos y decepcionantes arañazos, que dejaron en nosotros huella duradera.

Tal es el patrimonio de la madurez, que sólo se adquiere madurando. Regalos de la vida que se unen a los de nuestros predecesores sin pedir consentimiento y que aceptarán los sucesores, cuando no haya tiempo en los relojes para el arrepentimiento por tan largas horas perdidas en busca de lo innecesario sin dar oportunidad al encuentro, la paz, el diálogo, las sonrisas y el amor.