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Etiqueta: Machado

FÉLIX GRANDE

FÉLIX GRANDE

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Mañana cumpliría el emeritense poeta emérito Félix Grande setenta y nueve años, si un revés de la parca no se lo hubiera llevado por delante el 30 de enero de 2014, dejándonos el recuerdo de su plateada cabellera enredado entre versos de Las piedras, amamantados con la soledad interior que siempre acompaña a los poetas.

Nieto de cabreros, hijo de republicanos y guitarrista flamenco, hasta que se tropezó con la poesía en una revista que tantos dolores de cabeza llevaría a su vida, antes de recibir el premio Adonais de la mano espiritual de Machado que guió sus pasos entre los renglones de arriesgados versos sociales.

Grande fue Félix Grande en persona encarnada. Grande su compromiso para liberar al maestro Rosales de su injusta carga. Grande su flamencología. Grande su amistad con el peruano César Vallejo. Grande su silencio durante treinta años. Y grande su alma de poeta enamorado de la vida, la guitarra y los versos.

Mi recuerdo a Félix envuelve sincera evocación de afecto a Francisca que ha sabido darnos, con sabiduría poética, noticias de su propia historia, transmitiendo ambos a Guadalupe el amor a la complaciente poesía con que nos deleita prestándonos la llave para acceder a la vida a través de la niebla.

RECUERDO A UN HOMBRE BUENO

RECUERDO A UN HOMBRE BUENO

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Cumpliría hoy ciento treinta y nueve años el inmortal niño que nació en una casa alquilada del sevillano patio interior del Palacio de las Dueñas, junto a un claro huerto donde maduraba un limonero, llegando con el tiempo a ser hombre bueno, en el mejor sentido de la palabra.

Formado en la Institución Libre de Enseñanza, enamorado de la vida, forjado en el compromiso social, maridado con el sabio Juan de Mairena, recostado en los campos de Castilla y perdido por tierras de Alvargonzález con sus eternas soledades sobre los hombros, fue don Antonio poeta del pueblo querido por los amantes del verso sincero, sencillo, profundo, sentido y libre de ataduras retóricas inoportunas, porque brota de la machadiana médula espiritual.

Soria-Leonor, como primer encuentro amoroso; Segovia-Guiomar-Pilar amor maduro; y en medio Baeza y su entrañable amigo Palacio de soriana tierra donde la primavera tardaba, haciéndose dulce y bella con su llegada alumbradora de olmos y acacias a la sombra del Moncayo, entre zarzas florecidas y margaritas blanqueando la fina hierba, junto a lirios y azuladas tardes que bordeaban el alto Espino donde estaba su tierra.

Luego, ascenso al balcón municipal segoviano alzando con sus manos bandera tricolor ondeando en mástil de efímeras horas libertarias tejidas por anhelos republicanos con el más puro lino de esperanza, cuando las primeras hojas de los chopos sustituían las últimas flores de los almendros, verdeciendo la primavera republicana que llegaba a todos los corazones.

Y, finalmente, Madrid, Teatro Popular, Misiones Pedagógicas, Defensa de la Cultura, Alianza Intelectual Antifascista, hasta llegar a Rocafort y Barcelona, en medio de un exilio bloqueado en la frontera por cuerpos desterrados, hasta llegar bajo la lluvia con su madre y sin equipaje a Colliure.

Despedida y muerte desterrada un miércoles de ceniza, con el mal de España en el alma y dolorido el corazón frente a un mar enrojecido de sangre por la barbarie de una guerra incivil que lo enterró en tierra extraña donde su cuerpo descansa, hito de peregrinos donde muchos hemos ido con un poema de la mano hasta la tumba del hombre bueno, creyente de una realidad espiritual opuesta al mundo sensible.

CABEZA TAJADA POR EL RAYO

CABEZA TAJADA POR EL RAYO

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Hoy cumpliría 92 años el madrileño poeta santanderino don José Hierro, perdón, Pepe Hierro. Ojeador de Juan Ramón, Machado y Salinas en sus primeros pasos, antes de entrar de hoz y coz en la poesía social, sumergiéndose en compromiso solidario hasta ahogarse por defender lo que en tiempos de dictadura era intocable para el régimen de la espada y la cruz.

Pepe fue detenido, apaleado y encarcelado cinco años por ayudar a presos políticos como su padre, ganándose luego el pan y el agua en Radio Nacional con su voz navegando por el aire de la piel de toro, y sobreviviendo a golpe de palabras escritas, en periódicos y revistas literarias con su crítica pluma.

No fue lo más importante para Pepe Hierro el asiento en la Academia, ni los doctorados honoríficos, ni el Premio Cervantes, ni el Príncipe de Asturias, ni las prestigiosas medallas honoríficas, ni la adopción cántabra, ni las calles con su nombre, ni las estatuas repartidas por las plazas, ni la Universidad Popular de un pueblo madrileño, ni el resto de galardones que recibió sin poner la mano, sino el talento, la humildad, el compromiso y la sabiduría, que le llevó a ser nombrado poeta del pueblo.

Incapaz de escribir un solo verso en su casa, buscó la inspiración entre el humo, bullicio y trasiego de cafeterías y rincones de tabernas, pidiendo a Machado que tachara de su agenda los nombres de Guiomar y Leonor, recordándole al presuntuoso dueño del mundo que no era dueño de sí mismo, viendo a España vieja y seca.

Con el desaliento prendido en sus redes, tuvo sueño, pasó frío y estuvo solo entre cuatro paredes, luchando para que nacieran flores en su país de niebla, redentoras de penosa amargura, pintando la vida de bellos colores para dejar espacio a su cabeza rodada, descolorida y tajada por un rayo de espada purificadora y piadosa.

Las cenizas de Pepe Hierro, fueron depositadas en el Pabellón de Hombres Ilustres de Santander, haciendo realidad su deseo: «Si muero, que me pongan desnudo, desnudo junto al mar. Serán las aguas grises mi escudo y no habrá que luchar».

DIÁLOGO EN COLLIURE

DIÁLOGO EN COLLIURE

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Comenzó don Antonio su camino por este mundo en un patio de Sevilla, junto a un claro huerto donde maduraba un limonero, y concluyó la andadura en Colliure el 22 de febrero de 1939, donde llegó desnudo y sin aliento para dejar en tierra extraña su último verso, dolorido y exiliado por la barbarie de una guerra incivil.

En este pueblo costero echó el ancla Machado, sin más equipaje que tus sueños, ni más patria que el reducido espacio de su tumba, lecho de sus pies camineros y tapiz nostálgico de recuerdos abandonados en el viento mediterráneo donde quedaron sus restos sin billete de vuelta, en humilde cementerio.

Enmudeció Mairena, se dispersaron los versos, cesó la canción, se encendieron los cirios, repicaron campanarios, se desangraron los olmos y el buen amigo Palacio renunció a la primavera soriana donde Leonor descansaba, antes que Guiomar aventara el crespón negro de su anticipada viudedad castellana.

Pero el viento, ¡siempre el viento!, derrama sobre la losa cada año aroma de romero y recuerdos abandonados en el patio sevillano de sus juegos infantiles, eternizando la memoria sobre la tumba que guarda en silencio el cuerpo dormido de don Antonio, el bueno.

HACIA LA TERCERA REPÚBLICA

HACIA LA TERCERA REPÚBLICA

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Hoy se cumple ochenta y dos años de la proclamación de la 2ª República Española, y es bueno recordar que fue Unamuno quien proclamó la República en Salamanca desde el balcón del Ayuntamiento, aquella lejana tarde del 14 de abril de 1931, antes de ser nombrado alcalde honorario a perpetuidad del concejo salmantino.

Advertimos, a quien no lo sepa, que la República trajo la modernidad social a España, impulsó económicamente el país y promovió la cultura por encima de otros países europeos, hasta el punto de alcanzar la literatura y el arte niveles que permitieron hablar de la segunda Edad de Oro de la cultura hispánica, con Picasso, Unamuno, Ortega, Madariaga, Lorca, Pidal, Machado y tantos otros intelectuales y artistas que engrandecieron la patria.

La República consagró el sufragio universal, liberó a las mujeres de cadenas seculares, estableció las Cortes unicamerales, instauró el Tribunal de Garantías Constitucionales, promovió los jurados populares, reforzó el referéndum, reorganizó territorialmente el Estado reduciendo el centralismo, incorporó el derecho al trabajo, la protección de la familia, de los ancianos, los enfermos y la infancia, formalizó el divorcio, estableció la absoluta laicidad y aconfesionalidad del Estado, suprimiendo los beneficios estatales de las distintas religiones.

Si ponemos el acento en la educación, baste decir que sólo en 1931 se crearon más de 7.000 nuevas escuelas en un país con atroces desigualdades sociales, cuyo analfabetismo rondaba el 38%. Y lo que es más importante para nuestros desahuciados, “preferenciados”, parados, hambrientos, explotados, empobrecidos y estafados ciudadanos: subordinó la propiedad privada a los intereses ciudadanos.

Todo esto, y más, fue la República, y no lo que en las escuelas contó el anterior régimen y repiten sus herederos, empeñados en asociar República con guerra, izquierda revolucionaria, vandalismo, desorden y barbarie, cuando se trata simplemente de una forma de organizar el Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos, eludiendo privilegios hereditarios propios de tribus infantiles y desvalidas, incapaces de moderarse porque la cultura les falta y les sobra inmadurez.

Anticipémonos, pues, al tiempo y evitemos que las generaciones futuras nos reprochen consentir que la máxima autoridad del Estado sea hereditaria, eterna, inviolable e irresponsable, como disponen los artículos 56 y 57 de nuestra Constitución, porque ya en 1931 la Constitución republicana establecía en sus artículos 71, 82 y 85 que el mandato del Jefe del Estado fuera por seis años solamente, que podría ser destituido si hacía lo que no debía y que era criminalmente responsable de sus obligaciones, anticipando que una ley de carácter constitucional determinaría el procedimiento a seguir para demandar la responsabilidad criminal del Presidente de la República.

FANATISMO NECIO

FANATISMO NECIO

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En el marco de las tradicionales cenas estivales que celebramos los amigos cada año de casa en casa, tras disfrutar de una partida de mus con bromas incluidas, tocó ayer el turno a una terraza que enarbolaba cara al sol la bandera española.

Abundante cena ofrecida por el anfitrión del festejo y copas a granel para acompañantes de los sufridos conductores, que sin envidia alguna veíamos como pasaba la botella de licor entre los copilotos que libaban con placer la copa refrigerada de alcohol.

Luego, en la sobremesa, ocupó el espacio central de la conversación la dichosa crisis, y al españolito que esto firma se le quedó helado el corazón como a Machado, al ver la defensa que hizo de “su” España, – la suya y del partido que defiende con su vida -, uno de los amigos.

Pensaba yo durante el debate, que los políticos y sus partidos no merecían el tiempo que les estábamos dedicando y menos el acaloramiento de un contertulio, porque cuando se somete la amistad a la política se deteriora una sin beneficio de la otra.

Cuando la pasión irracional por un partido político ahoga la capacidad de pensar, la inteligencia sale por la ventana.

 Cuando se niega lo evidente por defender lo indefendible, la evolución de la especie humana camina en sentido contrario.

 Cuando se habla por boca ajena repitiendo lo que no se entiende, se corre en riesgo de invertir el orden de las palabras.

Cuando de dedica todo el tiempo a la propia cepa, se corre el riesgo de llegar tarde a la vendimia común.

Cuando se confunde lealtad con entreguismo y se mezcla confianza con ceguera, la resultante suelen ser unas gotas de frustración, mucha tristeza y total decepción.

 Cuando se desfila con la bandera de la obtusa fidelidad mirando sólo para un lado, acaba uno dándose contra el poste

Cuando se declara la incondicionalidad y servidumbre a una ideología que nada beneficia a los aplauseros, la idiotez sustituye a la razón, es difícil compartir acuerdos, imposible dialogar y conviene buscar de inmediato la puerta de servicio.

AQUÍ UN AMIGO

AQUÍ UN AMIGO

Creo llegado el momento de presentar a un buen amigo, para que también lo sea de quienes pasáis la mirada por las páginas de esta bitácora, buscando en ella cuanto se nos niega en espacios donde la mentira ha hecho trinchera, el egoísmo domina, la indiferencia clava su estaca, se promueve la ignorancia, triunfa la vanidad y reinan las monedas.

Os ofrezco este amigo con honores de hermandad y espero que tenga en vuestra vida el mismo espacio que yo haré en la mía cuando vosotros me presentéis a quien siempre os acompaña sin reclamar nada a cambio, porque cada uno tenéis similar amigo al mío, aunque algunos no hayan percibido aún su roce.

Desconfío de la tradición oral recogida en el Talmud porque yo no me encontré conmigo mismo buscando a Dios, sino de forma espontánea y sin pretenderlo, el día ya lejano en que acepté sin remedio la compañía de mi otro yo hasta que la muerte nos separe a los dos, quedando él entre quienes me recuerden y yo flotando en cenizas por el aire.

Me sorprendo algunas veces hablando con este amigo, sin menguar la entrega y sinceridad que don Antonio guardaba al conversar con el hombre que siempre iba con él, ni demorar el tiempo que Borges pasaba conversando consigo mismo en el banco municipal ginebrino.

Diálogos que mantengo en los que me cuento aquello que nadie más que yo puede oír, recreándome en explicaciones innecesarias, porque conozco la narración tan bien como el cronista del hecho que a mí mismo refiero.

Algo de terapia deben tener estos coloquios a dúo unipersonal, porque tranquilizan el ánimo y ayudan a reflexionar en voz alta con el doble reflejado en el espejo, en el agua o en la soledad del silencio nocturno, cuando todo duerme menos el pensamiento que se mantiene despierto incluso en sueños de madrugada.

No he tenido amigo más a mano, ni mejor, ni más fiel en mi larga vida que yo mismo, como anticipó Pitágoras definiendo al amigo como el otro yo. Por eso, quienes más cercanamente me conviven no se alarman al verme en animada tertulia con el “otro”, ni atribuyen a trastornos identitarios disociativos  las reflexiones que hago en voz alta, cuando el íntimo recogimiento envuelve el aire donde quedan suspendidas las palabras.

Y si en algún momento hago a mi otro yo depositario de confidencias futuras que nadie sabe, es para que les dé vida cuando a mí ésta me falte, porque será él quien me sobreviva.

Este amigo embrida mis impulsos cuando la irritación por injusticias, corruptelas y mentiras, altera el pulso, y me dicta lo que no debo proclamar. Este huésped que me habita es quien alivia los desasosiegos si algo perturba el ánimo y desdibuja la esperanza. Él fue quien más alejó de mi vida los desgraciados días del abandono cuando la parca se empeñó en cerrar puertas y ventanas a un futuro imposible por tanto desamparo. A él debo el estimuló y fuerzas que he necesitado para seguir luchando y la sonrisa en el espejo, cuando el llanto era alimento huérfano diario.

Ha sido certero en el consejo, inflexible en la exigencia, tolerante en los errores, y crítico leal desde la cuna, sin clavarme espinas en el alma, pero obligándome a prometerle que no volvería a hacerlo, mientras me abrazaba dándole razones a Jaime para proclamar el amor a uno mismo como la más innoble servidumbre.