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Etiqueta: linaje

INACEPTABLE NORMALIDAD

INACEPTABLE NORMALIDAD

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Todos los seres vivos somos configuraciones efímeras de las partículas que nos conforman, pompas de jabón deshechas en el aire, fogonazos fugaces de fuego fatuo, olas que rompen en el océano inmenso de la realidad, y poco más, aunque nos empeñemos en ser lo que no somos y en ambicionar lo que no puede ser.

Biológicamente, como ya sabía Aristóteles, la única posibilidad de sobrevivir a la muerte como especie, es la reproducción; y como personas concretas sobrevivimos temporalmente en los genes que siguen su camino en nuestros descendientes. Pero esa es la ruta de los genes, no el futuro que hemos perdido, pues incluso tal linaje tiene los días contados.

Subjetivamente, la vida es formidable y maravillosa en la medida que gocemos de componentes formidables que hacen dichosa la existencia, pero cuando se carece de ellos la historia personal puede convertirse en una frustración sin sentido cuya única solución inmediata y definitiva es la muerte.

Muerte del organismo que ha de ser valorada con normalidad en su dimensión de neutralidad moral, es decir, no tiene nada de bueno ni de malo, simplemente es consecuente a la vida, que nos devuelve al lugar de procedencia, con la naturalidad que amanecemos cada día a ella, sin recordar sueños de medianoche.

OFERTAS DE LA VIDA

OFERTAS DE LA VIDA

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Anticipándose muchos años a las ofertas comerciales de enero, la vida nos hace propuestas desequilibrando las posibilidades de adquirirlas, pues la desigualdad de oportunidades que ofrece determina fatalmente el destino de cada una de ellas, quedando las bicocas para unos pocos, y los saldos para la mayoría invisible que va por el mundo, porque quien no tiene, no es, ni se le mira.

Ofrece la vida banquetes ceremoniales con sabrosos manjares a poderosos, que son llevados a la mesa por quienes tienen que conformarse con pasar la lengua por los platos al terminar el festín.

Ofrece la vida poltronas de terciopelo y despachos con dosel, a una selecta casta de seudócratas, a quienes lustran los zapatos de madrugada un cortejo de siervos sin pedigrí que son utilizados por ellos como alfombras.

Ofrece la vida mitras, casullas y báculos de oro a ministros divinos que imparten bendiciones y predican bienaventuranzas a quienes que se dejan la piel rescatando infieles que seguirán arrodillándose al paso de los capelos.

Ofrece la vida techo a quienes le sobran palacios, mientras entrega planchas oxidadas de hojalata para que construyan chabolas los que sirven a señores feudales del siglo XXI en sus lujosas mansiones.

Ofrece la vida piña colada en la cubierta de lujosos yates a financieros de la estafa, mientras los esclavos que abrillantan la cristalería de bohemia toman vino amargo en la bodega con vasos de plástico.

Pero también ofrece la vida papeletas de felicidad que el dinero no puede comprar, y garantiza la muerte en igualdad de condiciones para todos, sin mirar a la cuenta corriente ni al poder de cada cual.