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LEY MORDAZA

LEY MORDAZA

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En la huelga a la japonesa, los empleados trabajan más de lo normal para aumentar la producción, obligando a una bajada de precios por exceso de producto en el mercado y elevados costes de almacenaje. Esto es algo diferente a la huelga de celo, que consiste en el cumplimiento estricto y riguroso de las leyes hasta paralizar la actividad estatal y/o privada.

En ambos casos, la actitud de los trabajadores perjudica al Gobierno, bloquea la Administración o quebranta a la patronal, sin que los empleados sufran descuentos salariales, despidos legales, problemas laborales o detenciones policiales que acompañan inevitablemente a las huelgas convencionales.

Bien, pues dicho esto, propongo a los diputados y senadores que votaron en contra de la llamada Ley Mordaza, que se manifiesten contra ella frente al Congreso, para que sean todos identificados, detenidos y fichados por los mismos policías que tienen la obligación de protegerlos como representantes del pueblo, para avergonzar al patrocinador de semejante ley y provocar una protesta de todos los Gobiernos y Parlamentos democráticos del mundo.

Ley mordaza está condenada a desaparecer desde su nacimiento, y eso lo sabe su patrocinador. Moribunda Ley Fugaz que apenas durará unos meses en vigor parte de su articulado pensado – entre otras cosas – para eximir de responsabilidad a los pocos policías indeseables que hay en el cuerpo, pues la mayoría de ellos cumplen su misión con respeto a leyes internacionales que están por encima de normas de menor rango opuestas a ellas, impuestas en contra de la voluntad general en un Estado de Derecho.

El Consejo Editorial del prestigioso New York Times ha calificado la “Ley Mordaza” como norma “ominosa”, es decir, abominable. Y la ONU ha mostrado su preocupación por el deterioro de los derechos humanos en España, hasta el punto de que un grupo de relatores ha pedido dar marcha atrás con la “Ley Mordaza” porque viola derechos y libertades fundamentales de los individuos, al socavar los derechos de manifestación y expresión en España.

MARTÍN VIGIL

MARTÍN VIGIL

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MARTIN_VIGIL

De forma casual y dándolo por sabido, un buen amigo trae a mi pantalla la noticia de la muerte de José Luis Martín Vigil con cuatro años de retraso, avergonzando mi desinformación sobre el fallecimiento de este jesuita convicto y confeso, forzado a dejar la Compañía por razones desconocidas que conocemos todos.

Carecer de memoria para los malos recuerdos y olvidar dolientes noticias sobre este jesuita, tiene la ventaja de mantener al día las felices novedades de aquella vida que salía al encuentro escrita por él, de la que guardo dichosas evocaciones adolescentes en tiempos de libertades secuestradas, frustraciones escolares, condenas infernales y represiones espirituales.

Efectivamente, este cura me abrió las puestas a la vida que salía a mi encuentro, ayudándome a dar los primeros pasos, – blandos y ñoños, sin duda -, pero los primeros del fuerte empujón que luego me dio la vida hacia el futuro, sin ofrecerme asidero donde agarrarme ni techo para resguardarme.

Novela protagonizada por jóvenes burgueses alejados de mi realidad vital en el colpicio, pero ejemplarizantes en la amistad y romántico el amor; narración dulcicomística con la religión como substrato, pero comprometida con ciertos valores que todavía conservo por herencia genética.

Leyendo el testamento de Vigil, coincido con él en su desconocimiento del odio y en la petición de perdón a quienes pudo haber ofendido, aceptando que el amor a uno mismo es mayor del sentido por los semejantes, y compartiendo la cremación del cuerpo que nos sustenta, pero sin pedir oraciones por la salvación para evitarle tarea inservible a quienes me sobrevivan.

Gracias, José Luis, por deleitar mi adolescencia con páginas que me bebí de un solo trago y conservo como recuerdo de mi primera juventud, olvidando tu agitada, tortuosa y difícil vida personal, por la pesada carga que mal-llevaste.

SERVIDUMBRES DE LA SOCIALIZACIÓN

SERVIDUMBRES DE LA SOCIALIZACIÓN

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Confieso haber hecho algunos brindis al sol en mi vida, proclamando la virtual aspiración a ser ermitaño posmoderno en el berciano Valle del Silencio, hospedero en cueva prehistórica lejos de las luces artificiales o personaje anónimo perdido en casa rural de olvidado pueblo deshabitado.

Pero nada de esto ha pasado, en años veinticuatro, de las musas al teatro, porque la tozuda realidad de los hechos me ha impedido cumplir el sueño de una existencia libre de ataduras, independiente del exterior, aislada del entorno y socialmente confinada, vivida en terrenales paraísos, alejados de servidumbres comunes.

Los excesivos elogios recibidos por la vida en sociedad, unido al exagerado relato de sus ventajas y continuas alabanzas a los favores que reporta hacinarnos para sobrellevar la existencia, nos obligan a recordar que no todo el monte el orégano, ni grano toda el trigal, porque la sociedad que nació para servirnos, ahora nos exige servirla sin condiciones, tiranizándonos.

Vivir en comunidad nos obliga a pagar gravámenes esclavizantes en beneficio del bien común. Requiere dependencias mutuas inevitables, forzadas relaciones estériles, continuas servidumbres alienantes, frecuentes conflictos indeseables, perturbadores vecinos y clara reducción de libertades personales, para hacer posible la convivencia social con seres de la misma especie.

La vida socializada demanda calzar las libertades con rígidos corsés privativos, traducidos en normas coactivas sostenedoras de valores colectivos. La agrupación convivencial obliga a seguir direcciones obligatorias, prohibiendo el paso a caminos emancipados. La asociación grupal donde vivimos, está conformada por fraudes vitales, exclusiones ideológicas, mandatos inoportunos, restricciones innecesarias, competencias voraces y represiones legales.

LEÓN FELIPE

LEÓN FELIPE

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Descansaba la luz sobre el perfil incierto de Ciudad de México la tarde del 18 de septiembre de 1968, cuando León Felipe Camino dio su último suspiro, recordando los días que pasó en la sierra madrileña durante el mes de julio de 1936, gritando a los cabreros: “¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!”, sin que nadie le creyera. Pero el lobo llegó y devoró todas las cabras rojas que se encontró en el camino.

Farmacéutico, cómico, poeta, expresidiario, bohemio y quijotesco, voló León desde Guinea hasta las américas, para organizar la biblioteca de Veracruz, dar clases de literatura española en la Universidad de Cornell y traducir a Whitman, antes de volver al país azteca huyendo de la guerra civil española.

Romero quiso ser en la vida, y sólo romero fue, sin más oficio, sin más nombre y sin pueblo, pasando por todo una vez, una vez sólo y ligero, como pasó por la ventana de la posada alcarreña donde se hospedaba, aquella niña que iba a la escuela de tan mala gana, hasta que un día se puso mala, muy mala, y al día siguiente tocaron por ella, a muerto, las campanas,

No supo, León, muchas cosas, es verdad, por eso hablaba sólo de lo que veía. Y vio a lo largo de su vida que la cuna del hombre la mecían con cuentos, 
que los gritos de angustia del hombre los ahogaban con cuentos, 
que el llanto del hombre lo taponaban con cuentos, 
que los huesos del hombre los enterraban con cuentos, 
y que el miedo del hombre había inventado todos los cuentos.

Al partir desnudo hacia el exilio con motivo el golpe de Estado, legó a Franco la hacienda, la casa, el caballo y la pistola, llevándose la voz antigua de la tierra y la canción, para que el dictador quedara mudo y no pudiera recoger el trigo, alimentar el fuego,  saciar la sed y obtener perdón. Pero no fue así, porque las espigas encañaron, las llamas sometieron voluntades, las marchas militares devastaron las libertades y los embalses ahogaron sueños de libertad.

LUTHER KING TENÍA UN SUEÑO

LUTHER KING TENÍA UN SUEÑO


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Hoy se cumplen cincuenta años del sueño que Martin Luther King hizo público desde la escalinata del monumento a Lincoln con motivo de la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, expresando el deseo de que negros y blancos convivieran en paz con los mismos derechos.

Pidió justicia, describió los sufrimientos de la raza negra, exigió libertades, denunció las discriminaciones y exhortó a los manifestantes a continuar su lucha por los ideales que sustentaban el movimiento antirracista que lideraba.

Soñaba Martin que algún día sus hijos no fueran juzgados por el color de la piel; que los jóvenes blancos y negros convivieran sin prejuicios, que la sociedad se mantuviera unida y no hubiera discriminaciones. Soñaba que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, unieran sus manos y cantaran el viejo espiritual negro: «¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!»

Esto soñaba “el negro más peligroso para el futuro de la nación”, como decía un informe del FBI, a lo que Luther King respondió que su país era “el mayor proveedor  de violencia en el mundo”. Palabras redentoras pronunciadas poco antes de que una bala le destrozara la cara en Memphis.

TRAIDORES TRAÍDOS

TRAIDORES TRAÍDOS

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Muchos políticos que trajeron la democracia a este país, se encuentran hoy en paradero desconocido y alejados de poltronas institucionales, dedicados a otros oficios, hartos de ver miseria debajo de las alfombras oficiales, gozando de la jubilación política anticipada, aquejados de alguna enfermedad o desaparecidos tras la visita inoportuna de la parca.

Hoy mamonean en la teta pública muchos políticos que eran niños cuando los demás ponían el despertador a la democracia; otros estaban escondidos en las alcantarillas sin dar la cara, preparando el arnés de trepadores; y muchos de los actuales politiqueros fueron traídos por la democracia a las Instituciones públicas.

La diferencia entre quienes trajeron la democracia y los que fueron traídos por ella, es que en los primeros dominaba el interés por la democratización del país, y entre los segundos predomina la afición al chupeteo político, a la mentira institucional, al insulto permanente y al desprecio democrático.

Podría dar nombres de viejos luchadores por la paz, soñadores de libertades y defensores de derechos ciudadanos, a quienes el compromiso político les salió demasiado caro en el terreno personal, con quebrantamiento de su patrimonio y menguando ingresos, obligándoles a dejar clientes a la puerta de los despachos y pacientes en la sala de espera, al tiempo que renunciaban a privilegios que hoy disfrutan quienes no los merecen.

Los desencantados con esta pseudocracia que han impuesto los traidores llegados a la política por la democracia que conquistaron quienes lucharon por ella, van por el mundo cabizbajos, indignados y decepcionados con las actuaciones antidemocráticas y opacas de los sustitutos, que dilapidan el patrimonio de honestidad y entrega legado por el romanticismo militante de los viejos políticos.

VIGENCIA DE ESCLAVITUD

VIGENCIA DE ESCLAVITUD

La esclavitud es el degradante estado de sujeción abusiva que sufren muchas personas al carecer de libertades, por estar sometidas al dominio de los “propietarios”, insaciables en su desmedida ambición por obtener máximos servicios con el mínimo esfuerzo, a costa del sudor y sacrificio de los esclavos que les sirven, ante el silencio y complicidad de una sociedad que mira para otro lado.

Antiguamente la alternativa a la muerte era para muchas personas la esclavitud. Vil chantaje que hacían los amos a prisioneros de guerra, deudores o hambrientos. Hoy no hay prisioneros de guerra entre nosotros, pero sobran deudores estafados, ciudadanos hambrientos buscando restos de comida en los contenedores de basura y desempleados a la espera de abandonar las listas de paro para incorporarse a la esclavitud de patrones sin escrúpulos que buscan esclavos en las bolsas de miseria.

El cinismo mundial llega al extremo de pregonar la abolición de la esclavitud, sabiendo que veintisiete millones de hombres, mujeres y niños la padecen y sufren como esclavos en los cinco continentes, generando unos beneficios a sus dueños superiores a los diez mil millones de euros.

Pero no es preciso visitar los hornos de ladrillos en India y Nepal; ni acercarse al Himalaya para ver a los niños acarrear piedras sobre las espaldas, más pesadas que su cuerpo; ni pasear por lo prostíbulos de Kathmandú donde el tráfico sexual enrojece el alma de vergüenza; ni viajar a Ghana para ver a jóvenes ahogarse en lagos pescando jornadas enteras para los explotadores. Nada de esto hace falta, porque la esclavitud está entre nosotros, disfrazada con leyes y derechos escamoteados a los trabajadores por el temor de estos al despido.

Ayer supe, por ejemplo, que Felipe debe hacer interminables jornadas de trabajo muy superiores a su horario laboral, sufriendo trato degradante del jefe y realizando tareas que nada tienen que ver con el oficio para el que fue contratado. Y que Alicia se afana como “doméstica” aceptando resignadamente la explotación a que es sometida por los “señores”, sin descanso en toda la jornada, debiendo trabajar ocho horas más de las tres matinales acordadas, con obligación de realizar tareas que nada tienen que ver con la limpieza de la casa, según el compromiso verbal firmado con los “amos”.