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DEVANEOS DE MADRUGADA

DEVANEOS DE MADRUGADA

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Utilizar una lápida de cementerio como mesa de trabajo, es el camino más directo para el suicidio moral y la pudrición de las manos que sobre la losa intentan ocultar la identidad de la persona que descansa bajo ella, tras llegar al desempleo, la inanición y el desahucio, empujado por una sociedad sustentada en la especulación, la indiferencia y el desprecio.

Intento baldío es pretender recuperar los besos de labios enamorados de otros labios que olvidaron el pasado haciendo imposible el camino de regreso, porque las agujas no retrasan el tiempo en los relojes, cuando la esperanza se encapsula en otra alcoba y las antiguas promesas de permanencia se pierden en las alcantarillas del olvido sin posible redención.

Estéril es todo esfuerzo por devolver la lozanía a la piel cuando el tiempo traza surcos sobre ella, las grietas se reflejan en el espejo y las fotografías en sepia refuerzan la huida del satén, sin que el deseo de permanencia pueda ser cumplido por la frustración de los pliegues.

Inútil hace la parca el deseo expresado en los epitafios, porque el Viento borra las inscripciones con soplos desmemoriados, cambiando las letras esculpidas sobre el mármol haciendo imposible la petición de quienes compartieron la existencia y juraron recuerdo eterno, hasta que la muerte dio con su paradero.

Los ojos son inalterables pero las miradas cambian y se distinguen las lágrimas por el brillo que dejan en las pupilas, siendo incompatible la mirada luminosa del feliz encuentro amoroso con la opacidad luctuosa de la muerte, aunque las profecías anuncien escaramuzas con vocación de eternidad, ignorando que los párpados se cierran sin descifrar el misterio.

VERANO DEL 42

VERANO DEL 42

primer-amor-300x225Requerido por la sed, el amor declina otro verano del cuarenta y dos desde las almenas marinas al contorno de las orquídeas y despliega su aroma sobre la almohada azul de los años juveniles, sin esperar a cambio más milagro que el advenimiento de la novedad primera requerida por el beso furtivo en los maizales.

Así pues, la entrega se hace irremediable en la mocedad de los pañuelos de satén, condecorada por dedos luminosos con la diadema que sostiene como rehén un racimo de nuevos sentimientos, llegados del misterioso país de la felicidad, cuando una caricia destila agitaciones anímicas y convulsiones del espíritu desconocidas hasta el día del nacimiento a la nueva vida que espera tras el guiño del amor.

Comienzan inesperadamente los deseos a trenzar fechas, nombres y proyectos, en melenas por peinar, y los corazones viven la abundancia de la aurora en los trigales, sin prevenir el advenimiento de lo inesperado tras el encuentro casual con la mitad de vida que faltaba por encontrar entre los sueños perdidos de la infancia.

Por fin, la margarita descubre a la inocencia el secreto que guarda entre sus párpados, y responde a los interrogantes con un poco de viento, antes que el azahar disipe temores verdecidos en con estanques de lágrimas felices con pétalos de flores inexistentes hasta producirse el milagro de la intromisión en el santuario, consagrando el futuro al siempre incierto extramuros del encuentro.

Es entonces cuando el jazmín retiene en su cáliz la savia que derramó la manzana al desflorarse, en espera de ser convocada por el silencio para prestar a los labios dos palabras, mientras el velo del misterio descubre en las miradas el bienestar de los cuerpos habitados en mutua pertenencia.

SOBRE EL LIMO

SOBRE EL LIMO

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Tendido sobre el limo donde nos obligan a sobrevivir los mercaderes de vidas ajenas, contemplo el lodo que nos envuelve sin poder anticipar un final a la resignación compartida, porque el cieno nos impide levantar el vuelo como aves fénix y alzarnos sobre los escombros con un abrazo solidario que haga posible la resurrección.

Ello no será posible mientras el tubo de ensayo se empeñe en confirmar que las gotas de lluvia son idénticas en todas las latitudes, mientras dos lágrimas de diferentes pupilas son esencialmente distintas, aunque ambas estén constituidas por el mismo fluido lacrimoso.

No puede culparse al azar de que la luna ruede herida por un cactus, ni es responsable el colibrí de que las espinas se hayan trasplantado de los cardos a las rosas, porque quienes han desviado el rumbo del dolor son los mismos que deformaron el pensamiento en las carpintería evangélica, extirpando con gubias los nudillos de quienes llamaron a la puerta de la justicia social.

Sabed, amigos, que las flores tienen color, aroma, encanto y belleza, pero unas celebran desposorios y otras entierran a los muertos; unas acompañan suntuosas ceremonias palaciegas y otras destilan savia roja de amapolas en las chabolas; unas palidecen en las fotografías en sepia y otras verdean en los amores adolescentes.

Y la misma campana que hoy festeja una vida nueva congregando a todos los vecinos al sur de la espadaña, mañana reunirá a los mismos asistentes con golpes de badajo funerario para ahogar el aire silvestre en el cementerio, provocando tempestades de cuarzo sobre los adoquines y confundiendo la estela de los cometas con dentaduras enajenadas que huyen del seno de la vida a la tierra madre.

INMERECIDA PENITENCIA

INMERECIDA PENITENCIA

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Escribo mi bitácora de hoy, dolorido por la terquedad de la condición humana en despreciar, abandonar, desconsiderar o arrinconar en vida a quienes compartieron con nosotros la existencia, llorando luego su muerte con desconsoladas lágrimas y arrepentimientos, por no haber hecho con ellos lo que pudimos hacer mientras estuvieron con nosotros.

La abundancia de elogios recibidos tras la muerte de quien más fue insultado, denigrado, despreciado y abucheado en este país, en el momento que más aplausos merecía, hace realidad el dicho familiar que censura tal comportamiento, afirmando que una vez muerto el vivo, de nada vale ponerle comida en el plato.

Quien fuera tahúr del Misisipi, ha resultado ser un jugador de póker honrado.

Quien fuera un obrero de la política, ha resultado ser el capataz de la obra.

Quien fuera un becario, ha resultado ser un experimentado profesional.

Quien fuera un inculto, ha resultado ser una enciclopedista.

Quien fuera un relaciones públicas, ha resultado ser jefe de protocolo.

Quien fuera intelectualmente débil, ha resultado ser un gran erudito.

Quien fuera un chapucero, ha resultado ser el mejor fontanero.

No seré yo quien elogie, defienda y exprese mi respeto y gratitud a Adolfo Suárez después de muerto, porque ya lo hice en tiempos de sequía para él y he seguido haciéndolo durante años, mirando siempre a sus grandes aciertos e innegables logros y olvidando los errores cometidos.

Pero esto no ha sido compartido por el “faltoso enano cavernícola” y el “revisionista escribidor iletrado”, que llevan el paso cambiado en una sociedad que camina hacia el sentimiento común de agradecimiento a un buen hombre, valiente político y gran estadista que pilotó con éxito el cambio de régimen en España, sorteando todas las piedras que le pusieron en el camino los terroristas, la oposición, muchos periodistas y sus ambiciosos compañeros de partido.

DOLOR FÍSICO

DOLOR FÍSICO

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Compiten cuerpo y alma en la partición desgraciada del dolor llevándose el primero la peor parte, porque el dolor del espíritu se reparte, puede hacerse participativo y consolarse con los sentimientos, afectos y palabras de quienes aceptan compartirlo. En cambio, el dolor físico, enajena, aísla y abandona en la intemperie a quienes lo sufren, dejándolos en manos de inservibles fármacos que contaminan la sangre y terapias analgésicas de escaso valor, exigiendo al enfermo hermanarse con el dolor y abrazarlo como fiel enemigo que usurpa la sonrisa.

Cuando el dolor convoca, es obligado acusar recibo del llamamiento, asistir a la cita, sentarse con él a la mesa y comer el plato amargo, tosco, trivial y humillante que pone delante, sabiendo que la indigestión está garantizada con esa paralizante coz que deja al enfermo con su dolor a solas.

La soledad de la persona dolorida es grande por la impotencia que el dolor genera en ella, por la frustración que la inhabilita para dar una respuesta eficaz y por su opacidad a los ojos de familiares y amigos, pues el dolor no puede observarse, ni medirse, ni prestarse, siendo lo más personal, intransferible e incomprensible que sufrirse pueda.

Cuando el suplicio se apodera del cuerpo del enfermo, hurta su voluntad, inhibe la capacidad de respuesta, niega la palabra, oculta la luz y paraliza el gesto, clavando su barbilla en el pecho y obligándole a entrecruzar los dedos pidiendo una explicación a tanto castigo inmerecido.

Sin indulgencia ni compasión alguna, el dolor traslada al doliente en parihuelas al verdadero país de nunca jamás, donde el llanto, la queja, el gemido, la desesperación, el lamento y las lágrimas, ocupan ese territorio habitado por condenados a la tragedia con su particular dolor a cuestas, porque nada hay más personal que el sufrimiento físico.

ENTRE TODOS

ENTRE TODOS

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No acostumbro a sentarme delante del televisor, salvo para informarme de lo que no me gustaría saber, a través de noticias que hacen retemblar el alma de indignación, con imágenes y palabras que despiertan sentimientos enfrentados a la razón que nos falta, sostenidos con razones que nada justifican, aunque pretendan explicarlo todo.

El azar me puso en la sobremesa de ayer ante la pantalla del televisor, donde una mujer con zapato plano y frescura juvenil, festejaba llamadas telefónicas de televidentes solidarios gritando “¡Tooooma!”, “¡Vámonoooos!” y otras expresiones acompañadas de rotundos gestos, mientras el auditorio respondía entusiasmado: “¡Llamada!”, cuando ella preguntaba: “¿Qué tengo?”.

No es fácil explicar el contradictorio sentimiento que despertó en mí el programa, por nutrirse con excesivas lágrimas, mostrar dolor al descubierto y aprovechar la baratura sentimental, mezclado todo con donaciones anónimas, solidaridad doméstica y respuesta de los ciudadanos a la llamada del vecino, mientras el Gobierno mira para otro lado.

Vinieron a mí recuerdos juveniles de Alberto Oliveras y su programa radiofónico “Ustedes son formidables”, que parcheaba desgracias a falta de recursos públicos para redimir a los marginados, sustituyendo derechos por caridad, mientras enjugaba con lágrimas las injusticias sociales.

Debemos salvar la dignidad humana en el escaparate público, preservar el anonimato de los menesterosos, guardar la confidencialidad de los empobrecidos y no hacer espectáculo con la desgracia ajena; pero también debemos alzarnos contra la injusta distribución del dinero común, para evitar que aumente un 27,9 % la asignación a los partidos políticos pasando de 66,2 millones de 2013 a los 84,7 del próximo ejercicio, mientras la sanidad se degrada, la educación se desprecia, las estafas se consuman y se abandona la ayuda a la dependencia.

A TU MADRE

A TU MADRE

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Mujer mitad diosa y mitad santa, que alternó en tu infancia los cuidados en la cuna con los juegos infantiles, hasta que fue posible el milagroso despertar a la vida en sus manos, cuando los interrogantes sólo encontraban respuesta en sus labios y la caricia de sus manos consolaba tus devaneos.

Mujer que amadrinó tu primer amor, convirtiendo la incertidumbre de tus descubrimientos en felices certezas y cargó sobre su espalda las dificultades que la vida fue echándote encima mientras guiaba tus pasos hacia misterioso país de la felicidad donde ruedan por el suelo las contrariedades.

Mujer de total entrega sin condiciones a tus causas, aunque estuvieran perdidas de antemano y compañera inseparable en las horas de insomnio a la cabecera de tu cama, cuando ya los primeros temblores de sus neuronas comenzaban a desgastar su memoria, sin previo aviso, ni merecerlo.

Mujer que mantuvo hasta ayer la fuerza juvenil, la sabiduría de la experiencia, la discreción de sus lágrimas y el callado sacrificio de su permanente renuncia a la vida para alejarte de sufrimientos y dolores, cuando la vida se te puso cuesta arriba y el sacrificio llamó a tu puerta.

Mujer hoy abandonada en el olvido de una habitación de reposo donde nada reconoce y la sombra enturbia su paso por la vida, oscureciendo en la memoria hasta su propio nombre, sin que los nietecillos puedan redimirla del olvido, ni el peine evite el temblor de tus manos al ordenar sus cabellos.

Hoy postrada, ninguna esperanza cabe de resucitar sus evocaciones en los manuales neurodegenerativos, ni reparación posible al deterioro cognitivo ni vuelta atrás a los trastornos conductuales, pero mantén la esperanza de que en lo más remoto de su alma sonríe cada vez que tus labios la besan.