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Etiqueta: inmigrantes

EXPLICADLES QUÉ SE SIENTE

EXPLICADLES QUÉ SE SIENTE

Pido a los desfavorecidos del sur que expliquen su lucha por la supervivencia a quienes viven al norte de la opulencia, sabiendo que estos nunca lo comprenderán.

Pido a los desprotegidos sociales que muestren sus heridas a los que pueden cerrarlas, sabiendo que siempre las mantendrán abiertas.

Pido a los hambrientos que describan el mordisco del hambre, incomprensible para quienes arrojan comida a las basuras domésticas y vertederos municipales.

Pido a los inmigrantes que hablen de su negra soledad a los que viven acompañados y les recuerden a los xenófobos que todos somos terrícolas inmigrantes africanos.

Pido a los analfabetos que griten pidiendo la cultura que les falta, aunque sus voces reboten en los tímpanos de quienes pueden enseñarles el alfabeto.

Pido a los que expongan su estafa en el escaparate social, sabiendo que los banqueros pondrán cortinas en los expositores.

Pido a los enfermos que expliquen la angustia de saber que los recortes anticipan su dolor, deterioro físico y muerte, aunque las tijeras no acaben melladas y desafiladas.

Pido a los inválidos de guerra que expliquen a los fabricantes de armas y políticos que los envían al matadero, cómo es su vida en silla de ruedas mutilados por la metralla.

Pido a los dependientes sociales que muestren su abandono en la antesala de la muerte a quienes recortan sus prestaciones, aunque los mutiladores sigan cercenándolos.

Pido a los desempleados que vociferen su dolor desde la negrura de la vida, aunque los patronos se cambien de acera cuando pasen a su lado.

Pido a los desahuciados que muestren sus lágrimas desoladas, sabiendo que políticos y banqueros no entenderán el llanto, ni harán por comprenderlo.

BUSCADORES DE PAN Y PAZ

BUSCADORES DE PAN Y PAZ

Oyendo hablar al megamultimillonario del anaranjado tupé que rige el cono norte de la opulencia, es obligado vacunarse contra la insolidaridad para evitar indeseables contaminaciones, inoculándonos en el alma dosis de fraternidad humana para favorecer las aspiraciones de mejorestar que traen a la espalda quienes huyen de matanzas ordenadas por las manos usurpadoras que firmaron los tratados de paz.

Hacinados en chabolas de plástico y espacios insalubres, aspiran a ser nuestros vecinos tras peregrinar descalzos por la nieve, estrellarse contra muros, colgarse de concertinas o zozobrar en pateras inmigrantes zarandeadas por manotazos salobres sobre la indefensa balsa caucho, huyendo de la muerte y dispuestos a sudar por una patria lejana de la que los vio nacer, en hogares desterrados y con las bocas resecas, tratando de ahuyentar el hambre, con angustia en sus cuerpos y lagrimeantes soledades recordando la tierra de procedencia.

A los inmigrantes y refugiados que pretenden llegar a nosotros desde la hambruna o la pólvora buscando el pan que no pudieron amasar en sus países de origen, debemos acoger como vecinos, sabiendo que su único delito ha sido nacer en áreas de pobreza o de locura fratricida, condenados al abandono por fatal infortunio de la cuna o la codicia, que hace reyes a unos y a otros esclavos de la necesidad, sin merecer unos ni otros la suerte o desgracia que les ha tocado en tan injusto reparto.

INMIGRANTES

INMIGRANTES

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Una vez más, madrugan conmigo los inmigrantes, al ser ellos la parte más débil de esta sociedad enferma, porque al riesgo físico de disparos, concertinas y ahogamientos, suman el alejamiento familiar, la explotación laboral, el abandono de las costumbres, la indefensión legal, el desabrigo cultural, y, en muchos casos, sufren paro, desprecio, xenofobia y desamparo en la tierra prometida.

Sólo quienes hemos pasado muchos años en diferentes países como emigrantes, -aunque fuera de lujo-, podemos imaginar lo que supone para un trabajador inmigrante desvalido, el desarraigo de su tierra por razones de subsistencia, que sobrevive en un país con diferente idioma, costumbres, leyes y creencias.

Los países del norte que explotan las materias primas del sur, obligan a los sureños a exiliarse al norte donde son tratados como galeotes, comprada su hambre por tres denarios de hojalata, hipotecada su vida con despreciables servidumbres y doblegada su alma con amenazadoras deportaciones.

España, que envía a sus hijos al mundo negándoles aquí el futuro, se hace la estrecha con los trabajadores que recibe, se engalla con los inmigrantes, endurece la ley, retira tarjetas sanitarias, acuchilla las entradas y los hacina como apestados en dependencias infrahumanas hasta deportarlos a la hambruna de donde proceden, si antes no se han perdido en cárceles o vendiendo su cuerpo por las esquinas.

SERES INVISIBLES

SERES INVISIBLES

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Le contaba Glaucón a Sócrates, mientras paseaban de madrugada por las calles del Pireo, que un pastor encontró un anillo, lo insertó en su dedo y pasado un tiempo se dio cuenta que nadie le veía, porque aquel anillo mágico lo hacía invisible a los ojos de los vecinos.

Esta antigua historia nos explica por qué caminan a nuestro lado por las aceras tantas personas invisibles, con el anillo del olvido en el dedo sin que percibamos su presencia; por qué la justicia ignora su paradero; por qué el Parlamento no habla de ellos; y por qué las púrpuras los abandone a su mala fortuna.

Pero sabed que se cruzan con nosotros invisibles mujeres torturadas por sus parejas, que sufren castigo en el silencio de las alcobas.

Toman el autobús con nosotros invisibles homosexuales que reprimen en silencio sus preferencias sexuales, para evitar el desprecio.

Trabajan en la puerta de al lado inmigrantes sin papeles, que ocultan su identidad para evitar ser deportados a la miseria de sus países de origen.

Compartimos ascensores comerciales con meretrices que esconden la explotación de los proxenetas por temor a ser golpeadas y torturadas.

Tenemos en nuestras aulas niños invisibles que sufren abusos sexuales de repugnantes pederastas que lucen corbata y guante blanco.

Nos sentamos en los bancos municipales al lado de ancianos que comparten la soledad en la sala de espera del gran viaje sin que nadie les despida en el andén.

Estos y otros muchos seres humanos son invisibles a nuestros ojos porque la frecuencia con que emiten su radiación de dolor, no es registrada por nuestro receptor de sensibilidad.

INFECCIÓN DE ERRORES

INFECCIÓN DE ERRORES

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La epidemia de errores que se extiende por esta tierra de María Santísima, obliga a pensar en segundas verdades que nada tienen que ver con la opaca pantalla que nos ponen delante de nuestras narices para intentar justificar lo que no necesita justificación alguna porque la realidad habla por sí sola, haciendo evidente lo que quieren esconder mercaderes del engaño instruidos en la escuela sofista.

Nadie duda que el error es una cualidad inseparable del ser humano, entre otras cosas porque todas las personas erramos, aunque pongamos el mayor empeño en evitar el yerro y no exista malicia en ello, sino desdichada ignorancia que nos lleva a conculcar preceptos, incumplir leyes, realizar actos incorrectos y decir aquello que no debemos.

Aprovechando este río revuelto marcado por la realidad vital de las personas, los oportunistas del lazo, estafadores políticos, depredadores sociales y usureros bancarios que gobiernan el país, la sociedad y la economía, espulgan sus responsabilidades, eluden cárceles y justifican actitudes detestables, atribuyendo su mala gestión a inocentes errores, de los que no están exentos, porque son seres humanos.

El problema es que tantos errores nos obligan a sospechar segundas verdades, intolerables en un Estado constitucional, democrático y de derecho, que se precia de organizarse con leyes de obligado cumplimiento, incluso para aquellos que las incumplen.

Se atribuyen propiedades a la infanta Cristina por errores que nadie explica, ni se explica nadie. Se libera a Blesa de la cárcel por errores procesales del juez, que los ciudadanos no comprenden. Se indulta y premia a politizados miembros de Consejos de Administración, por cometer errores contables injustificados. Se anulan autos judiciales imputando a la realeza, aludiendo a teóricos errores en la instrucción, contraviniendo el común sentido ciudadano.

Para el Gobierno y sus voceros, los “indignados” están en el error, los desahuciados cometen disparates, los arruinados con las “preferentes” van equivocados con sus peticiones, los inmigrantes sin papeles cometen el fallo de ir a los hospitales, los hambrientos se equivocan buscando en los contenedores, los médicos no saben lo que quieren y los profesores van desacertados en sus peticiones.

Por otro lado, en España siguen yendo bien las cosas, muy bien. El Gobierno camina con buen rumbo y sin cometer errores. Rajoy está orgulloso de todo lo conseguido. Rubalcaba satisfecho con la marcha decadente del PSOE. La patronal brindando por la reforma laboral. Y los banqueros manteniendo sus ingresos con la usura, mientras  una plaga de impunidad se expande entre los poderes y altas Instituciones del Estado.

CALDERA SOCIAL

CALDERA SOCIAL

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Vivimos tiempos convulsos gobernados por mentiras institucionales, corruptelas impunes, palabras desorbitadas, insultos injustificados, desmedidos agravios y gestos histriónicos, donde los poderosos amordazan las voces críticas, criminalizan a los desahuciados, desprecian a los «preferentistas», detienen a los manifestantes, presionan a los jueces, descalifican a los médicos, condenan a los inmigrantes, abandonan a los enfermos dependientes, subestiman la justicia y postergan a los profesores.

Los amos del país rechazan las reivindicaciones del pueblo y no aceptan que los ciudadanos tengamos derecho a reclamar la devolución de todos los beneficios laborales, sanitarios, judiciales y educativos, conquistados tras largos y cruentos años de lucha, en los que pusimos mucha sangre, excesivo sudor y sobradas lágrimas.

Que nadie pretenda engañarnos con sofismas de tres al cuatro y falacias arrabaleras, porque en este país quienes han vivido por encima de sus posibilidades no han sido los ciudadanos de a pie, sino los estafadores del ladrillo, los explotadores empresariales, los especuladores financieros sin escrúpulos y los políticos cómplices de la ruina, que mantienen intactos sus privilegios.

La voz de un cura católico ha clamado en el desierto de una parroquia marginal, pidiendo la excomunión para todos ellos, mientras los prelados se ajustan las hebillas de los zapatos y levanta amenazante el báculo para dejarlo caer contra la grey católica que pretenda salirse del rebaño, mientras las mitras toman chocolate con churros en casa de los esquilmadores y mantiene en sus arcas la mayor riqueza imaginable.

Las caldera de Pedro Botero donde envían los capelos a los pecadores, se ha transformado en una caldera social, cuya explosión amenaza con ser superior a la de otras revoluciones populares, donde al pueblo no se le dio más alternativa que la lucha armada con hoces y horcas para defender la supervivencia que le habían robado los poderes políticos, aristocráticos y religiosos de la época.

RECUERDO SOLIDARIO

RECUERDO SOLIDARIO

Mientras el rey pronunciaba el discurso navideño olvidándose de los inmigrantes, una patera con veinte de ellos llegaba a la costa almeriense mostrando la angustia en sus cuerpos, lágrimas en la mirada, bocas resecas y profunda soledad en el alma, huyendo de la muerte, dispuestos a sudar por la patria que el monarca ensalzaba en su predicación.

A tantos como han llegado desde lejanas tierras en busca del pan que no pudieron amasar en sus países de origen, quiero abrazar en vísperas de los santos inocentes, grupo castigado del que forman parte, sin haber cometido pecado alguno. Seres condenados por fatal infortunio de la cuna, que hace reyes a unos y a otros esclavos de la miseria, sin merecer unos ni otros la suerte o desgracia que les ha tocado en el reparto divino.

Nadie se juega la vida en una patera para hacer turismo. Nadie cruza el Atlántico en la bodega en un crucero si no es para sobrevivir. Nadie altera sus costumbres y cultura si la hambruna no llama a la puerta. Nadie abandona su familia para refugiarse en la soledad de una habitación decorada con fotos de los que ama.

A estas solitarias personas, desarraigadas del paisaje que les vio nacer, trabajadores obligados a demostrar cada día su competencia, hoy envío mi recuerdo. A estos seres humanos sin protección que les asista, contratados para realizar esfuerzos que sólo a ellos se les pide, acompaña mi solidaridad.

A quienes realizan detestables tareas rechazadas en muchos casos por quienes piden diariamente su expulsión.

A los que se hacinan en Centros de Internamiento de Extranjeros, “guantánamos” sin las más elementales condiciones de habitabilidad.

A quienes sienten en sus carnes el injusto arañazo del racismo y el mordisco de la xenofobia por cometer el delito de querer liberarse del hambre y la miseria.

A quienes sufren desprecio y culpas por actos vandálicos, hurtos y extorsiones realizados por otros extranjeros que no merecen un espacio entre nosotros.

A todos ellos envía un abrazo solidario quien gozó en tierra extraña de privilegios inalcanzables para ellos, sin poderse desprender de nostalgias infantiles cuando pasó las fiestas navideñas recogido en su isla familiar, lejos de su patria, su gente, su cultura y sus tradiciones.