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Etiqueta: independentista

NO ENTIENDO

NO ENTIENDO

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Al acercarme esta madrugada al ordenador me encuentro con el correo de un amigo catalán que me confiesa con amargura: “Todos los partidos cantan victoria menos el del Gobierno, pero la realidad es que aquí hemos perdido todos, unos y otros, porque estamos rotos por la mitad, fracturados, y ahora toca recomponernos poniendo sentido común en la estelada”.

El comentario de este amigo me da pie a expresar mi incomprensión con algunos hechos acontecidos en estas elecciones, por si algún lector amigo de este blog tiene respuestas que me permitan comprenderlos.

No entiendo la radicalización de los independentistas contra el resto de ciudadanos españoles, ni la prepotencia, agresividad, ironía y mordacidad demostrada a lo largo de toda la campaña y en la noche de ayer, porque es un estilo que se aleja del que practico.

No entiendo que en unas elecciones autonómicas no se haya hablado de la gestión hecha por el Gobierno, de los programas de actuación y de los problemas ciudadanos.

No entiendo que en las elecciones autonómicas catalanas, el primer candidato a presidir la Generalitat haya ido en cuarto lugar en la lista electoral.

No entiendo el entendimiento que puede haber entre representantes de la burguesía catalana y ciudadanos pertenecientes a la izquierda radical.

No entiendo que unas elecciones autonómicas traducidas por definición en escaños parlamentarios se transformaran por obra y gracia de los independentistas en un plebiscito; pero comprendo menos aún que una vez transformadas las elecciones en plebiscito, se contabilicen escaños en los resultados, y no votos.

No entiendo que para asuntos menores como reformar el Estatuto de autonomía catalana, aprobar una ley electoral autonómica propia o para designar a los miembros del Consejo Audiovisual de Cataluña, se necesiten los dos tercios de los escaños parlamentarios, y para nombrar al Defensor del Pueblo autonómico se exijan los tres quintos de los escaños, y, en cambio, para declarar la ¡¡independencia!! de Cataluña le baste a los independentistas para proclamarla con la mitad de los escaños.

Finalmente, no entiendo que Artur Mas se considere legitimado para continuar el proceso independentista habiendo perdido el plebiscito que propuso y sabiendo que los dos millones de ciudadanos que se han abstenido no son independentistas.

CUENTAS SOBERANISTAS

CUENTAS SOBERANISTAS

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Oyendo ayer a un destacado independentista catalán echar las cuentas sobre el hipotético resultado que se produciría si hubiera una consulta soberanista en Cataluña, profetizando un éxito indiscutible del independentismo, me considero con derecho a dejar en esta bitácora mis propias cuentas, considerando el hipotético voto de la gran mayoría silenciosa del pueblo catalán que se ha mantenido tradicionalmente callada tras los visillos de sus casas.

Baste recordar que el actual Estatuto de Cataluña de 2006 fue votado por el 48,85 % de la población catalana, es decir, que la ¡mayoría absoluta! de ciudadanos, representantes del 51,15 %, guardó silencio, dando la oportunidad a los segregacionistas de gritar que el Estatuto fue aprobado por el 73,24 % de los votos, olvidando que ese porcentaje representaba una minoría absoluta de la ciudadanía total.

Por otro lado, en las dos cadenas humanas independentistas han participado según los datos más favorable para los segregacionistas, 1,6 y 1,8 millones de personas, que la Delegación del Gobierno rebajó a 0,5 millones – como es habitual – en una autonomía donde viven 7,5 millones de personas.

Tengo el convencimiento personal de que fueron pocos los independentistas que se quedaron en casa reposando, y muchos los que se abstuvieron de unirse a la cadena por desacuerdo con la petición de los “encadenados”, aventurándome a decir que la mayoría de ciudadanos catalanes no están a favor de la independencia.

Todo ello sin tener en cuenta a los catalanes que trabajan fuera de Cataluña, a quienes debía concedérsele el derecho a opinar, ya que se verán muy afectados por el resultado de la votación al retornar a su tierra natal, y no procede negarles la oportunidad de expresar su parecer en cuestión tan importante para sus vidas.

Dicho esto, expreso mi desacuerdo con las optimistas cuentas del independentista que ayer hablaba, declarando al mismo tiempo mi ignorancia sobre las razones que tiene el señor Rajoy para impedir la consulta soberanista en Cataluña, y desconociendo los argumentos de Mas para exigir una consulta que, en mi opinión, arrojaría un resultado muy negativo a sus pretensiones si todos los ciudadanos catalanes acuden a las urnas.

¿ESQUERRA INDEPENDENTISTA?

¿ESQUERRA INDEPENDENTISTA?

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Usando el derecho que me asiste a opinar libremente en esta mi casa sobre aquello que cada día me sugiere la vida, sin que ello me aleje de la condición humana que lleva aparejada el error, y estando dispuesto de antemano para recibir todas las críticas que me vengan encima, quiero expresar públicamente mi decepción con la actual apuesta independentista mantenida por Esquerra Republicana de Catalunya, cuando el día de su fundación en 1931 demandaba un Estado Federal.

Hoy carece el independentismo de argumentos históricos, culturales y lingüísticos, para reivindicarse en un Estado Federal como el que tenemos, disfrazado de autonomías. Por eso, pretende mantenerse echando mano del teórico empobrecimiento económico que está calando en el imaginario colectivo, basándose en que el actual sistema de financiación está sangrando las arcas catalanas, ya que Cataluña ocupa el segundo lugar de España en capacidad fiscal y el octavo en recursos disponibles, como le ocurre a Madrid y Baleares, aunque estos mantengan sus vestiduras intactas, sin rasgárselas.

No es propio de la izquierda preocuparse por obtener máxima rentabilidad en las actividades que realiza, basando su independentismo en que Cataluña no alcanzará la máxima plenitud económica mientras forme parte de España. Con esa idea en el corazón del vellón, del real, del escudo, del maravedí, de la peseta y del euro, cabalga ahora Esquerra al grito de “¡Nos vamos, sálvese quien pueda!”, quedándose, eso sí, con todo lo recibido desde el siglo XIV, cuando fue alumbrado el Principado de Cataluña.

Dicho esto, conviene recordar que son valores de la izquierda,  y deben serlo también de Esquerra: la igualdad; la defensa del débil; el pacifismo vecinal; la interculturalidad; el respeto a las minorías; la opción por los pobres; la lucha contra la exclusión; la pugna por la justicia social; la cooperación con las zonas menos desarrolladas; y, por supuesto, a la cabeza de todos estos principios: la solidaridad en todas sus dimensiones.

Con estas premisas, cuesta mucho aceptar el anacronismo y la insolaridad de un partido de izquierda que apuesta por independizarse de la comunidad a que pertenece, habiéndose servido de ella cuando lo ha necesitado y dejándola al pairo cuando precisa su apoyo en el marco de una república federal solidaria, que muchos compartiríamos gustosos con ellos.