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INDEPENDENCIA PERSONAL

INDEPENDENCIA PERSONAL

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Nacemos destinados a la independencia personal, pero la vida nos obliga a pegajosas adherencias que aceptamos sin posibilidad de renuncia, siendo manejada nuestra voluntad por invisibles manos, doctrinas y tradiciones que nos impiden satisfacer el autogobierno vocacional que merecemos.

Juego peligroso para nuestra libertad, en el cual participamos empujados por extrañas fuerzas externas que moldean nuestra conciencia, nuestra ideología, nuestras creencias, nuestras aficiones y nuestras fobias, llevándonos por caminos que nunca transitaríamos si la inevitable socialización no determinara las concepciones que nos han sido impuestas.

Pero aún es tiempo de borrar el disco duro mental donde se guardan todos los archivos que agentes externos han introducido en nuestro pensamiento, y reescribir de nuevo la página en blanco de nuestra futura historia personal, con principios de libertad que dan vida a la independencia mental que podemos apuntalar en nosotros mismos.

Libres de toda dependencia para escapar de cárceles afectivas o ideológicas.

Libres de patrias que reclamen la vida que nos pertenece.

Libres de sentimientos que distraigan nuestra mirada.

Libres de la ciencia que nos aleje del descubrimiento de nosotros mismos.

Libres de virtudes impuestas que nos impidan descubrir vicios que no lo son.

Libres de nosotros mismos para encontrarnos a nosotros mismos.

Libres de toda religión y doctrina contraria a nuestra experiencia personal.

Libres, en fin, para poder reservarnos el derechos de admisión.

INFORMADEROS E HISTORIADEROS COTIDIANOS

INFORMADEROS E HISTORIADEROS COTIDIANOS

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La condición humana, con sus filias y fobias; ideologías y sentimientos; intereses y afinidades; preferencias y rechazos; sintonías y discordancias, lleva a la manipulación informativa y al falseo de datos, que tanto descomponen la historia, nublando la objetividad, oscureciendo la independencia, negando la verdad y contaminando la narración, según la inmoralidad del sujeto y su compromiso con el pagador de servicios.

Tales intrusos que desfiguran intencionadamente la historia cotidiana, merecen el desprecio ciudadano y el destierro a las tinieblas del olvido, porque hieren el alma honrada del pueblo y ultrajan el honor de quienes se dedican al noble oficio de escribir la historia por derecho, con honestidad y sana intención de divulgar los hechos, sin caer en tentaciones bastardas, intereses espurios y simulaciones fraudulentas

Estos despreciables historiaderos cotidianos son herejes de la historia que difunden sus libelos en informaderos sin futuro, dando comunicaciones sesgadas y desfigurando los hechos con narraciones alejadas de la realidad, que deben alertarnos cuando pongamos la vista sobre el papel o las pantallas televisivas.

La responsabilidad intelectual y moral de los cronistas periodísticos debe ir más allá de sus intereses personales, partidistas o económicos, porque los reporteros, columnistas y tertulianos hacen historia del momento concreto que describen, de la psicología social dominante y de la situación política, económica, religiosa y cultural, que vive el país en el momento que firman sus crónicas, dan sus opiniones o divulgan sus reportajes.

INDEPENDENCIA PERSONAL

INDEPENDENCIA PERSONAL

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No hay actitud más cercana al ejercicio de la libertad personal, como mantener independencia de criterio frente a toda injerencia externa que pretenda interferir en la intimidad moral de cada cual, con insinuaciones, amenazas o mentiras, para conseguir objetivos que sólo benefician a los interventores.

A la independencia personal se llega por el camino del sacrificio, la renuncia, el compromiso y la verdad. Servicio a la verdad por encima de todo beneficio externo, porque basta la satisfacción que produce la lealtad a sí mismo, aunque tan noble testimonio lleve aparejado el desencuentro con quienes buscan complicidad para doblar la vara de la justicia, engañar ignorantes, manipular argumentos y disfrazar la realidad en beneficio de los censores.

Hoy, más que nunca, es necesario proteger la autonomía individual de los ataques subliminales procedentes de quienes pretenden someter la voluntad ajena a la propia, doblegando los principios éticos de conducta personal.

Hoy, más que nunca, se necesita emancipación mental que distinga el grano de la paja, la verdad de la mentira y la objetividad de la manipulación, para evitar encadenamientos a servidumbres y esclavitudes indeseables.

Hoy, más que nunca, debemos mantener autodeterminación subjetiva para librarnos de las maliciosas comadres que nos fustigan tras los visillos de las ventanas sociales con  doctrinas, consignas, ideologías y credos.

Hoy, más que nunca, hay que saber leer un periódico, oír un discurso, escuchar una declaración pública, presenciar un espectáculo y atender promesas, con mente despierta que delate el engaño que ocultan los estafadores mentales.

Hoy, más que nunca, es preciso imponer el propio juicio sobre criterios ajenos; dominar los sentimientos y tener voz propia ante la despersonalización  que pretenden imponer quienes juegan con la voluntad de los demás.

Hoy, más que nunca, necesitamos aunar voluntades independientes de toda imposición externa, para limpiar el sistema de tumores y adherencias, liberándonos de dictados de conciencia ideológicos, sociales o políticos.

Hoy, más que nunca, la independencia es la gran presea de la individualidad, lo que justifica nuestra libertad, nos define y particulariza, alejándonos del redil donde el gran pastor cobija a las ovejas sin criterio propio, ni personalidad definida.

DOS DE MAYO

DOS DE MAYO

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Dudo que los ponentes del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, encabezados por el socialista José Prat, supieran lo que hacían cuando propusieron en el apartado 4 de su 4º artículo que los madrileños celebraran el día 2 de mayo su fiesta de la Comunidad, para conmemorar que ese día de 1808 el pueblo de Madrid se sublevó contra el poder instituido, aunque se instituyera de la forma que se instituyó.

Conviene recordar que el lunes 2 de mayo de 1808 amaneció con la normalidad de cada día para los madrileños, hasta ser estos informados de que los soldados franceses pretendían llevarse los hijos de Carlos IV, – María Luisa y Francisco de Paula -, a Bayona, y entonces se armó la marimorena. Es decir, la sublevación espontánea del pueblo ante el abuso de sus gobernantes, con gran desconcierto para Murat y su gente, que no esperaban respuesta tan contundente de la ciudadanía, harta de aguantar la espuela del gabacho.

A esta sublevación se añadieron otras por todo el territorio nacional con llamamientos públicos a la insurrección del pueblo indignado con la situación que estaba viviendo, hasta desembocar en una guerra apellidada “de la Independencia”, pero que bien podría llamarse de “Liberación Popular” ante los abusos y dominio de sus mandamases.

Recordada la rebelión popular patrocinada por nuestros líderes políticos, no tengo claro que los actuales gobernantes del reino estén midiendo bien el pulso que están echando al pueblo con sus recortes, represiones de opinión, “nazi-onalizaciones” de actitudes ciudadanas, mantenimiento de privilegios propios, demonización de indignados y parados, incumplimiento de programas, mentiras insultantes, prepotencia y desprecio a las aspiraciones ciudadanas, porque en este momento el pueblo está herido y al acecho.