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HAGIOGRAFÍA REAL TELEVISIVA

HAGIOGRAFÍA REAL TELEVISIVA

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Las fanfarrias cortesanas trompetean y aplauden el estreno de la miniserie televisiva sobre la vida del sucesor del Caudillo, el exrey don Juan Carlos de Borbón y Borbón y Borbón y Borbón, para que no quede ninguna duda de que es Borbón de pura cepa histórica por los cuatro costados de su vida, aunque solo se nos haya permitido ver uno de ellos falseado de ternura, bondad, entrega, sacrificio, generosidad y patriotismo.

Que nadie se haga ilusiones sobre esta hagiografía, camuflada en biografía, porque es más de lo mismo que venimos viendo y oyendo desde que Franco lo ungió con su dedo, para que Juan Carlos permaneciera santificado en los altares sociopolíticos, protegido por los vasallos beneficiados de su cetro, quedando aforado ante la ley para demostrar que la justicia es igual para todos, como teatralizó en el discurso navideño.

Garantizo que en el guión de la serie escrito por Mercero-hijo no ha intervenido el coronel de Estado mayor Amadeo Martínez Inglés, ni el agente del CESID Ramón Francisco Arnau de la Nuez, más conocido por “El araña”, ni las féminas que compartieron lecho con él, ni los banqueros que conocen su millonaria fortuna, ni sus presuntos hijos ilegítimos, ni los contables de Arabia Saudí, ni Urdangarín, ni el “elefante blanco”, ni su “profesional” esposa.

Los responsables de la serie dan una nueva pátina a su ennegrecida vida familiar y pública plena de silencios y ocultas cacerías, viajes, negocios, delincuentes amigos que han pasado por chirona, cortesanos pesebreros y temerosos periodistas que han ocultado su vida privada, sin tener en cuenta que esta pertenece al pueblo, quedando reservada al monarca solamente su vida íntima.

SANTOS INOCENTES

SANTOS INOCENTES

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Mientras la liturgia católica recuerda hoy la condena a muerte decretada por Herodes contra los inocentes niños menores de dos años nacidos en Belén de Judea, nosotros evocamos solidariamente a quienes buscan comida en los contenedores, esperan en el corredor de la muerte por falta de tratamiento médico o sobreviven dependiendo de la generosidad ajena.

La diferencia entre ambas conmemoraciones es que la segunda es tan real como la propia angustia de los condenados, y la primera se debe a la imaginación del evangelista Mateo, que confundió la supuesta salvación del niño Moisés con una hipotética matanza desconocida por todos los historiadores, incluido el romano Flavio Josefo, que no menciona matanza infantil alguna en su Historia de Judea.

Sería testimonialmente ejemplar que la Iglesia incluyera en su hagiografía a los actuales santos inocentes que naufragan en la pobreza, lamiendo cortezas de hambre y dejando su vida en desahucios inmisericordes sin haber cometido delito alguno, mientras la jerarquía eclesiástica bendice los manteles que comparte con los responsables de la tragedia, sin redimir de la hambruna a quienes tienen hambre de pan y sed de justicia.

Es hora de ver a capelos y mitras comprometerse con el evangelio que predican, salvando a los inocentes de la condena. Es hora de ver las púrpuras detrás de las pancartas pidiendo la redención de los inocentes. Es hora de convertir el cíngulo de castidad en látigo para echar del templo a los mercaderes. Es hora de remangarse el alba y ponerse manos a la obra redentora de miseria. Es hora, de canonizar a los santos inocentes que sufren persecución injusta por la justicia.