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EL PUEBLO ORDENA FRATERNIDAD

EL PUEBLO ORDENA FRATERNIDAD

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Nos faltaba a los españoles año y medio para recuperar la democracia perdida el 18 de julio de 1936, cuando nuestros vecinos portugueses cantaron a los cuatro vientos, con claveles en los orificios de los fusiles militares, la prohibida canción “Grândola, Vila Morena”, para decirle al mundo que la dictadura salazarista pasaba a mejor vida en la República portuguesa, después de cinco décadas de dominio.

Hace hoy cuarenta años que la emisora católica Renascença envió de madrugada ondas al aire anunciando el inicio de la Revolución de los Claveles, proclamando la orden popular de convertir Portugal en tierra de fraternidad haciendo “en cada esquina, un amigo; y en cada rostro, igualdad”, jurando tener por compañera la voluntad de Grândola.

Las guerras coloniales, el mercantilismo y la autarquía alimentaron el creciente descontento del pueblo, con fuerza suficiente para alentar el ánimo de los militares, aglutinados en el Movimiento de las Fuerzas Armadas que dieron un golpe de mano en la mesa presidencial de Caetano, más certero puñetazo que el Levantamiento de Caldas.

Hoy, después de otras cuatro décadas de silencio, el pueblo ha vuelto a recuperar la canción para gritársela al Gobierno actual en el Parlamento portugués, como protesta por los recortes que ahogan al país vecino con similar fuerza que retuercen el cuello de muchos españoles.

INCOMUNICACIÓN

INCOMUNICACIÓN

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Nunca hemos estado más incomunicados que en esta era de la comunicación, donde el bombardeo de la información destruye la palabra, el exceso de noticias impide la interiorización, lo urgente desplaza lo importante, la pugna aleja el entendimiento, los señuelos confunden a ingenuos navegantes y la prisa por llegar nos impide deleitarnos la belleza del camino.

Sabemos que una persona ha sido atropellada en Manhattan pero la aspiración de las colmenas urbanas nos impide conocer la muerte de un vecino. Viajamos en la pantalla virtual al encuentro del más lejano ciudadano del mundo, pero no intercambiamos palabras con el compañero de trabajo. Compartimos mantel con amigos sin mediar confidencias amistosas porque el móvil exige conversar artificialmente con los ausentes.

Los pormenores de la vida se han dispersado al soplo indiferente de aconteceres ajenos a nuestra existencia, consiguiendo alejar nostálgicos paseos amanecidos, lunas compartidas en dulces noches de insomnio, placenteras confidencias en los atardeceres y saludos esperanzados al amanecer.

Vivimos encapuchados en la cercanía del contacto y abiertos en el anonimato de la distancia a personas desconocidas que nos buscan como bisutería de escaparate, sin el compromiso vital que exige la fraternidad cercana, transformando la convivencia en amontonamiento vecinal.

El deseo de saberlo todo nos lleva a ignorar lo importante, y la pretensión de estar en todas partes, nos impide llegar donde se nos espera. Hasta Dios afónico guarda su palabra cansado de gritar sin que nadie le escuche, porque la fraternidad ha quedado petrificada en el silencio agitado de la prisa, incapaz de rescatar el azahar de la nieve para matrimoniar voces confidentes de amores y dolores perdidos en las tajuelas embriagadas de humo familiar junto a la chimenea doméstica.

TOMA DE LA BASTILLA

TOMA DE LA BASTILLA

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Una vieja fortaleza construida por Carlos V de Francia en 1370 para defender la parte oriental de París, fue convertida en símbolo del absolutismo por el cardenal Richelieu al transformar una parte de ella en prisión estatal, y la otra en almacén de grano y pólvora. En esa cárcel fueron internados por orden del rey o de sus ministros, ciudadanos que no pasaban por los tribunales de justicia, entre los que destacaban aristócratas y burgueses, junto a delincuentes comunes que cumplían sentencias dictadas por la justicia real.

Siete eran los reclusos que dormían en sus celdas cuando los ciudadanos franceses decidieron acabar con el antiguo régimen, derribando el símbolo del despotismo, la arbitrariedad y el abuso, representado por la monarquía, dando paso a una república asentada sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad, valores siempre anhelados y nunca hechos realidad en nuestro país.

Tras apoderarse de las armas guardadas en Les Invalides, miles de parisinos fueron al castillo de la Bastilla el martes 14 de julio de 1789 para hacerse con la munición y pólvora allí guardada, siendo repelidos por los defensores de la fortaleza, hasta que un destacamento de 61 guardias franceses dirigido por el sargento de la guardia suiza Pierre Hulin emplazó frente a la Bastilla cinco piezas de artillería, que disparó sus proyectiles hasta que la Bastilla se rindió a los revolucionarios.

Ese fue el inicio de la revolución popular que derrocó el antiguo régimen, cuando los ciudadanos se hartaron de aguantar absolutismo, mentiras, abusos y trampas. Ahora falta saber si reyes, políticos, estafadores financieros y usureros conocen la historia y han meditado sobre las consecuencias que puede tener gobernar un pueblo herido y al acecho, harto de sufrir el castigo que merecen quienes lo propinan. De momento, Ángel pone el cañón y los ciudadanos la indignación.

MAESTRO JOSÉ LUIS SAMPEDRO

MAESTRO JOSÉ LUIS SAMPEDRO

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La Vanguardia me trae la noticia de la resurrección y vuelta al mundo de Sampedro, porque San Pedro ha prohibido la entrada a José Luis en el cielo reenviándolo a la tierra con todo su eterno y fraternal legado para que sea celemín que ilumine en el camino hacia la redención de los oprimidos, los débiles y desfavorecidos que luchan por una justicia social que amenaza con no llegarles nunca.

Noventa y seis años de vida plenamente vivida, que se expandirán más allá de las cenizas de su esquelético cuerpo abandonado al fatal destino que le rondaba desde hacía tiempo. Ayer Sampedro salió a recibir la muerte con un granizado de Campari en la mano que pidió a su querida Olga, mientras la guadaña remoloneaba por los alrededores de la casa esperando que terminara la copa y diera las gracias a quienes le acompañaban, antes de dormirse en brazos de la parca.

Pero este Sampedro de carne y hueso, humanista, ilustre sabio, valiente predicador, honrado ciudadano y abanderado de valores eternos, seguirá custodiando las llaves del reino de la solidaridad, del compromiso y la verdad, con su etrusca sonrisa como bandera de amante lesbiano en permanente renacer de octubre junto a la vieja sirena, para decirnos que escribir es, ante todo, vivir la balada del agua.

Hoy no cabe una lágrima entre nosotros, ni queja o lamento alguno ante lo inevitable, porque la palabra de José Luis habitará siempre entre nosotros, recordándonos que todo lo hizo como mejor pudo en su larga historia, pidiéndonos que vivamos la vida plenamente en libertad, igualdad y fraternidad.

NOCHEMALA EN HENARES

NOCHEMALA EN HENARES

Consciente de caer irremediablemente en el tópico navideño de recordar en nochebuena a los que celebrarán una nochemala más sin redención posible de su pobreza, me dejo llevar por mi sincera vocación de solidaridad con todos aquellos que pasarán mala noche, dejando en esta bitácora un recuerdo a quienes esperan el milagro de la imposible resurrección.

Esta noche de fraternidad compartida que llega a nosotros con billete urgente de vuelta a la inevitable realidad de cada día, no renuncio a sentar en mi mesa a todos aquellos que no tienen mesa donde sentarse, y abrazar a los que carecen de amigos para estrechar.

Pero, de forma especial, es mi voluntad compartir esta velada de gozoso encuentro familiar, con los treinta trabajadores sanitarios que pasarán mala noche en el vestíbulo de un hospital acompañados de padres, hermanos y amigos, dando la cara por los demás, hasta que se la partan.

Con estos celebrantes de nochemala, que humedecerán con lágrimas de impotencia el pan ácido de la rebeldía, quiero encerrarme en el Hospital de Henares para rendirles homenaje por los cincuenta días que llevan luchando por la salud de todos nosotros, dejándose la piel por conseguir una quimera que todos compartimos.

FRATERNIDAD REDENTORA

FRATERNIDAD REDENTORA

Como un oasis en el áspero desierto de la insolidaridad que campea por el mundo, hemos clavado la tienda durante unas horas viejos amigos colegiales en odres de renovada amistad, formando una interminable cadena de manos fraternales, reforzada con eslabones de generosidad desconocida.

Respiradero feliz de la nostalgia que oxigena con aliento solidario vivencias de almas gemelas, conservadas en vientos añorados y ajenas a vulgares intereses, porque los gestos sinceros y las palabras hermanadoras unen promesas de esperanza que nutren burbujas de solidaridad imposibles de pinchar con el paso de la vida.

Regreso del “Infanta” redimido de dolor por abrazos sanadores recibidos de quienes en tiempos lejanos compartieron conmigo castigo, soledad, lágrimas y orfandad, que sucumbieron al compañerismo, la ayuda mutua, el abucheo a las sanciones, los “queos” preventivos, la suplantación de los ausentes en las interminables “listas” y las noches de insomnio en la primera “familia” para rescatar a los rezagados cada domingo.

Fraternidad redentora de temores, dolores, sinsabores y sudores. Nostalgia hecha realidad, detenida en el tiempo sin merma de verdad. Receta emocional para la resurrección que ingerimos a dosis anuales haciendo posible el milagro de una hermandad duradera.

Gracias por su amistad a Ramón, Domingo, Rafael, Carlos, Adolfo, Benitín, Juan Carlos, Fernando, José Vicente, Pocholo, Julio José, Serafín, Vitoriano, Ricardo, Miguel Ángel y Emiliano. Gracias a todos los Pepe-s, Felipe-s, Santiago-s, Manolo-s  Luis-es y Ángel-es. Gracias a los “nuevos”: José Antonio, Lola, José Manuel y Francisco Manuel. Gracias a Ángel Vicente por hacer hace posible el encuentro cada año. Y gracias a la “juncarejensa” Auxi, por ese libro dedicado que comenzaré a leer en cuanto rubrique esta página, con aura de felicidad.