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RES-PÚBLICA

RES-PÚBLICA

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Con voz engolada y a micrófono pelado, hablaba un tertuliano sobre algo desconocido para él, como le sucede habitualmente, sin que el moderador le pusiera un esparadrapo en la boca al identificar República con izquierda y caos, debido a la deformada educación escolar recibida con añadido de inoculación genética, confundiendo régimen con gobierno.

República viene de res-pública, es decir, cosa del pueblo. O si se prefiere, participación del pueblo en la gestión de aquello que le pertenece, por decirlo de otra manera. Vamos, que la gente decide quien debe sentarse en el sillón; a diferencia de Monarquía donde la jefatura del Estado es ejercida por una persona con carácter ¡vitalicio y hereditario!.

La asociación hecha por este tertuliano es una falacia, pues la República no es más que una organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida libremente por los ciudadanos, como sucede en Alemania, Francia, Italia, Portugal, Austria, Grecia, Irlanda, Finlandia, República Checa, Estados Unidos y tantos otros países republicanos, una vez superada la Edad Media y conocidas las nefastas consecuencias que ha tenido la Monarquía para los ciudadanos en algunos momentos de la moderna historia.

Ahí están para demostrarlo Fernando VII, Isabel, Carlos II y mismísimo bisabuelo de Felipe VI, que abandonó su arbitraje apoyando los sectores más conservadores del ejército hasta llegar al Directorio militar, preludio de lo que vendría después, que terminaría con el bypasseador Juan Carlos, de quien hablará la historia cuando el tiempo lo autorice.

LLEGADA DEL BORBONEO

LLEGADA DEL BORBONEO

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Mañana se cumplen cuarenta años que el rey-padre fue proclamado como tal sin un duro en el bolsillo, pronunciando en las Cortes su primer discurso con aspiraciones a ser el rey de todos los españoles, incluso de sí mismo, consiguiendo esto último el día de su abdicación con una saneada cuenta corriente.

Viendo la foto de la coronación del rey-padre de España don Juan Carlos de Borbón y Borbón – de quien poco se ha sabido durante décadas aunque tanto se haya hablado de él – en un periódico, se me ocurre que es buen momento para recordar la llegada del primer Borbón, que inauguró el borboneo en la monarquía española.

A la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado – el canijo, tonto, enfermizo y estéril rey “austriaco” español -, los borbones y austriacos se disputaron a tortazo limpio el trono de España, porque al «embrujado» no se le ocurrió otra cosa que nombrar heredero al francés Felipe de Anjou, pretendiendo extinguir de un plumazo la rama española de los Austrias, oponiéndose a ello su esposa Mariana que postulaba como heredero a su sobrino, el archiduque austriaco Carlos.

El conflicto estaba servido, y así fue. Don Felipe hizo las maletas y se vino a tomar posesión del trono al igual que el archiduque, llegando ambos bien armados y con ejércitos dispuestos a conquistar la corona a sablazo limpio, costara lo que costase, apoyados cada cual por los estados europeos alineados en cada bando.

Con el Borbón estuvieron Francia y España, y con Carlos, Austria, Gran Bretaña y Portugal, dispuestos cada cual al combate, es decir, a que lucharan cuarenta mil hombres en Almansa derramando su sangre en el campo de batalla, mientras los mandamases descansaban felizmente en su tienda, como sucede en todas las guerras, que son provocadas por jefes pero quienes ponen los muertos son los ciudadanos obedeciendo órdenes que los llevan al matadero.

Acabaron venciendo los borbones un 25 de abril de 1707 en la concluyente batalla de Almansa, aunque siguieran combatiendo sin fuerza los austriacos en Villaviciosa y Brihuega, asentando Felipe V sus borboneos reales en España hasta el día de hoy, en que cobra fuerza el dicho popular: “cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza”, aforismo no referido a los almanseños, claro, sino a los Borbones.

VERONA TRAJO AL FELÓN

VERONA TRAJO AL FELÓN

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En 1822 se reunieron en la ciudad italiana de Verona los representantes de países santíficamente aliados en alianza: Francia, Rusia, Inglaterra, Prusia y Austria, para preservar sus coronas tras las guerras napoleónicas y la defenestración del emperador francés, con grave daño para España y los españoles.

El Tratado de Verona establecía que los gobiernos representativos no eran propios de las monarquías, que la libertad de expresión perjudicaba a los monarcas y que la religión era la fuerza capaz de conseguir la obediencia de los vasallos a sus reyes, por lo que Luis XVIII decidió auxiliar a su sobrino Fernando «Felón», invadiendo España con cien mil guerreros libertadores, santificados y bendecidos en iglesias francesas.

En tal Congreso acordaron los salvadores universales restaurar el absolutismo en España en la persona del felonazo Fernando VII, cercado políticamente por Rafael del Riego, enviando a la piel de toro Cien Mil Hijos de San Luis el 7 de abril de 1823, que se pasearon por España desde Creus a Tarifa y desde Gata a Finisterre, instaurando en el país la azarosa y malhadada Década Ominosa.

De esa forma, consiguieron las naciones congresistas que nadie tocara sus coronas, garantizando el orden europeo que a ellas les interesaba, alejando a los incómodos liberales de tronos propios y vecinos, para que los ciudadanos se dejaran en paz de peticiones viciosas como exigir libertad, justicia, igualdad y otras zarandajas, tan molestas para el absolutismo que impusieron.

EL BUEN BORBÓN

EL BUEN BORBÓN

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Que nadie se haga ilusiones con el rey borbón Enrique IV de Francia, porque un garbanzo no hace cocido, confirmando este monarca la excepción de lo que han sido casi todos los borbones en la historia, desde que el primero de ellos vino al mundo para gobernar súbditos resignados a sus batutas.

Fue un día como hoy de 1610 cuando este rey de Navarra y Francia era asesinado en las calles de París por el perturbado integrista católico François Ravaillac, que le propinó varias puñaladas mortales en el pecho, cuando el monarca bajó de su carruaje, tras visitar a su enfermo ministro de finanzas, por considerarlo culpable de no haber puesto a los protestantes franceses bajo la suela de la Iglesia católica, firmar alianzas con los holandeses y ser tolerante con los calvinistas. ¡Vaya por Dios!

Los franceses recuerdan este rey como uno de los mejores que asentaron sus reales en el trono francés y el más querido entre todos, por su trabajo, entrega, dedicación al pueblo y voluntad pacificadora que le llevó del protestantismo al catolicismo para evitar más guerras entre los creyentes de uno y otro bando, haciendo correr la falsa leyenda de que aseveró cínicamente: “París, bien vale una misa”.

Su conversión puso fin a treinta años de guerras religiosas, pero su tolerancia con el protestantismo no gustó a la intransigente España que lideraba la defensa del catolicismo a cualquier precio, apoyando con dinero y armas a los franceses que defendían con fanatismo la Liga Católica, intolerante con toda concesión a los protestantes, por pequeña que esta fuera.

Eso sí, como buen Borbón, sufrió las calenturas propias de la esta especie monárquica, complaciéndose en la cama con dos esposas y cuatro amantes, teniendo seis hijos legítimos con la reina María de Médecis y once ilegítimos fruto de encamamientos del garañón con Gabrielle d’Estrées, Catalina Enriqueta de Balzac, Jacqueline de Bueil y Carlota de Essarts.

AFORADOS

AFORADOS

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Es insultante que quienes dirigen nuestras vidas apelen a la sacrosanta Constitución cuando se trata de mantener sus derechos, obtener protección legal y conservar sus privilegios, olvidándose de ella cuando exige trabajo para los ciudadanos (Art. 35), reclama viviendas para todos los españoles (Art. 47), obliga a mantener calidad sanitaria (Art. 43) o demanda educación generalizada (Art. 27).

El incumplimiento de todo ello explica las barricadas, gritos, pancartas y manifestaciones ciudadanas de todos los colores por la desigualdad jurídica fruto de una injusta discriminación positiva que beneficia a los aforados conculcando el Art. 14 de la Constitución, siendo esto una llamada directa a la rebelión contra un sistema que solo beneficia a la minoría de privilegiados que lo sustentan.

Entre los santones favorecidos por el aforamiento se encuentran: presidente del Gobierno, ministros, presidentes autonómicos, consejeros de los ejecutivos de la Comunidades Autónomas, diputados, senadores, parlamentarios autonómicos, miembros del Tribunal de Cuentas, miembros del Consejo de Estado, Defensor del Pueblo, miembros del Consejo General del Poder Judicial, Presidente del Tribunal Supremo y del Constitucional, jueces, magistrados y fiscales.

El aforamiento del exrey de España que se une a los diez mil aforados que ya tenemos entre nosotros, obliga a denunciar una situación insostenible de privilegio que mantienen únicamente los favorecidos por ella, alejados de los tribunales ordinarios de justicia donde vamos a parar los cuarenta y siete millones de españoles restantes, reservándose los aforados el favor de ser juzgados por tribunales superiores, controlados y politizados por quienes han de sentarse ante ellos.

Para exigir la desaparición de tal fuero basta apelar al sentido común, sin necesidad de recordar que el Francia hay 36 aforados, en Italia y Portugal solo uno y en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, ninguno. Basta con preguntar las razones por las cuales existen aforados en España para comprender que no están inmaculados, porque si estuvieran limpios renunciarían al aforamiento, en vez de reclamarlo.

¡Ah!, que ningún Pinocho venga a nosotros con la bolonia de que el aforamiento es para evitar presiones políticas sobre los tribunales ordinarios si tuvieran que juzgar a cargos públicos, alegando que un tribunal superior es más independiente ante estas presiones, porque la carcajada puede hacer eco en el anillo de Saturno.

GLORIA A LA GLORIOSA

GLORIA A LA GLORIOSA

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Entre el 19 y el 27 de septiembre de 1868 tuvo lugar la revolución progresista Septembrina que destronó a la borbónica Isabel II de los Tristes Destinos, iniciándose el Sexenio Democrático de feliz memoria, inconcluso proyecto democrático con desdichado final, por el fracaso de la Primera República Española.

El descontento popular, político y militar con la monarquía borbónica regentada por Isabel II, no podía terminar de otra forma que con la derrocación del régimen, el destronamiento de Isabel y su expulsión más allá de la frontera pirenaica.

Todo comenzó cuando las fuerzas navales al mando del brigadier Topete se amotinaron en Cádiz, dando el pistoletazo de salida a la gloriosa revolución Gloriosa, ocupando las Juntas Revolucionarias el Gobierno central y retornando los demócratas liberales a los ayuntamientos una vez expulsados los borbones del territorio y recuperada la soberanía nacional, al grito de: «¡Viva España con honra!», resultando llamativo que dos de los tres partidos aliados fueran monárquicos, hartos ya de los desmanes isabelinos.

Facilitaron el éxito revolucionario tres factores: que los militares liberales estuvieran a favor del levantamiento, que la población civil apoyara el movimiento republicano y que la reina estuviera de vacaciones, dormida y paralizada en inmerecidos laureles, ajena a la realidad del país y haciendo las maletas para exiliarse en Francia.

TURISTAS EN ESPAÑA

TURISTAS EN ESPAÑA

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En plena canícula juliana, con el tiempo haciendo de las suyas, las playas coloreadas de sombrillas, los chiringuitos sin asientos disponibles y  algunos jóvenes turistas cayendo como moscas ebrias desde los balcones hoteleros, es buen momento para mirarles a los ojos y reconocer a muchos de ellos como mediocres visitantes.

Sin necesidad de echar mano a sesudos estudios estadísticos de sociología turística, podemos afirmar que a nuestras playas llegan mayoritariamente turistas de mediano pelaje social, venidos principalmente del Reino Unido, Francia y Alemania en busca de sol, mar, descanso, cerveza y buenos precios.

Los que más engordan las arcas de hosteleros y comerciantes son los rusos que se dejan 1.500 euros cada uno durante el mes de vacaciones, y los procedentes de países nórdicos que gastan 1.200 euros por cabeza, aunque el número de ellos no alcance a los turistas alemanes que dejan 938 euros por persona al mes, los británicos 766 y 593 los franceses.

Representan una minoría los turistas interesados por nuestra cultura, museos, paisajes, bibliotecas, archivos, hemerotecas y centros culturales, buscando la mayoría de ellos sol, gastronomía y folclores festivos, donde son frecuentes los excesos de quienes Racionero llamó bárbaros del norte.

Los que hayan convivido con los turistas europeos en su propio territorio, saben que su comportamiento en los países de origen nada tiene que ver con las actitudes que muchos presentan en nuestra tierra, más cercana al ocio grosero y a los abusos etílicos, exigiendo además ser atendidos en otro idioma diferente al castellano, cuando a ningún español se le ocurre ir con su lengua materna por Europa.