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Etiqueta: feligresía

ESTIGMA HOMOSEXUAL

ESTIGMA HOMOSEXUAL

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En vísperas del Día Internacional del Orgullo Gay, cuando los homosexuales tomarán mañana orgullosos y festivos las calles para solicitar más tolerancia con su preferencia sexual y la igualdad de trato, nos llegan las imágenes de un apaleamiento a dos homosexuales, como indeseable advertencia de lo que no puede suceder.

Tan deplorable espectáculo nos obliga a recordar que la vida sigue siendo difícil para ellos, aunque no tanto como lo fue hasta los disturbios de Stonewall en 1969 que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual, aunque setenta países mantengan la persecución hacia ellos.

Hoy día, las leyes han superado la aversión del sector homofóbico de la población, legalizando una situación rechazada por muchos ciudadanos que presentan claros síntomas despreciativos hacia quienes comparten vida, sentimientos y aficiones con personas del mismo sexo.

Los vecinos reticentes a la homosexualidad deben saltar por encima de los siglos y ubicarse en el presente XXI donde vivimos, dejando atrás el reinado de Satanás en las playas caribeñas medievales, cuando practicaban libremente el amor en sus costas las personas del mismo sexo.

Es hora de quemar la orden de 1.446 promulgada por el rey Alfonso que enviaba homosexuales a la hoguera: “Mandamos y disponemos por ley general, que todo hombre que tal pecado cometiere, de cualquier guisa que fuere, sea quemado y reducido a polvo por el fuego, por tal que nunca de su cuerpo ni de su sepultura, pueda ser oída memoria”.

Directrices que siguieron nuestros católicos reyes, ordenando quemar vivos a los homosexuales en hogueras aromatizadas con el desprecio hacia los pecadores de sodomía, hasta ese momento apedreados en la plaza pública y colgados en la horca entre bendiciones de clérigos y aplausos de la feligresía.

La técnica de exterminio fue mejorada en 1513 por el capitán jerezano de los caballeros, Vasco Núñez de Balboa, tras ser el primero en asomarse al Océano Pacífico desde su costa oriental. Este marinero de aguas homofóbicas decidió alimentar los perros con carne de quienes practicaban el “abominable pecado contra natura”, y comenzó por echar a su perro Leoncico un homosexual desnudo para que mostrara a los demás canes el arte del descuartizamiento a dentellada limpia.

 

ESTAMOS SIN MINISTROS

ESTAMOS SIN MINISTROS

Las personas que tengo cerca de mi vida me han reprochado muchas veces la excesiva ingenuidad que tengo en el trato con las personas, por pensar que “to er mundo e güeno”, mientras no se demuestre lo contrario.

Por eso, acostumbro a llevar el retraso mental inevitable de quien vive en un país multicolor, ajeno a la realidad por tozuda que ésta sea, estando obligado a sobrellevar crisis anímicas como la que ahora me invade, al enterarme que no sirvo para ministro, ni siquiera en su acepción más simple, porque estoy jubilado.

Con la decepción a la espalda y el alma envuelta en inconsolable frustración, he sabido que la palabra ministro procede del latín minister, que significa “sirviente”, persona que sirve a alguien. O sea, que ministros serían aquellos ciudadanos que generosamente se entregan al servicio a los demás. Vamos, que no trabajan para ellos mismos, sino para los vecinos. Qué bonito. Es tan hermosa la tarea, que tendrían ganado el cielo, aunque las dudas de que así sea les anime a disfrutar de abundantes bienes terrenales, exclusivos favores, sobrados sueldos, eternas jubilaciones y desmedidos privilegios, por si fallan las promesas celestiales, que nunca se sabe.

Esto me ha llevado a la tontuna en que habito, consolándome al comprobar que mi incompetencia para ese cargo la han padecido todos los ministros, sin que nadie se aflija al saber que seguimos sin ellos, porque a todos les ha faltado el desprendimiento, sacrificio, generosidad y entrega que exige el servicio a los vecinos, más allá de los brindis en el espejo.