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INSECTOS CONTRA EL HAMBRE

INSECTOS CONTRA EL HAMBRE

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Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los humanos que pasan hambre en el tercer mundo pueden aliviar la desnutrición comiendo insectos de todo tipo, con el mismo placer que los habitantes del primer mundo devoramos centollos, ostras vivas y percebes.

Aconseja esto la FAO a los insectívoros humanos porque en el año 2030 no podrán alimentarse los 9.000 millones de personas que habrá en la Tierra junto a otros tantos animales, dado que la agricultura no permitirá su expansión, se vaciará la despensa marina y el agua potable será un bien muy escaso.

Los argumentos empleados por José Graziano da Silva y sus muchachos para sugerir el consumo de esos animalitos, es que los insectos tienen tantas proteínas como la carne, abundan en la naturaleza y es barata la producción. Además, su gran valor nutritivo y elevado contenido en grasas, vitaminas, fibras y minerales, los capacita para elaborar piensos.

Pregonadas las virtudes de la ingesta de insectos para mitigar la hambruna en el mundo, nos falta saber si la autora del informe que recomienda comer esos bichos se alimenta de ellos y comparte mantel con los dos millones de personas hambrientas en Asia y África que consumen 1.900 especies de insectos para engañar el estómago.

Nos hubiera gustado más que Eva Muller denunciara los millones de toneladas de alimentos que van diariamente a los estercoleros en el primer mundo. Nos gustaría que la FAO disparara sus misiles contra el gasto mundial en armamento para matarnos entre nosotros, porque si esos miles de millones de dólares se emplearan en alimentos, todos los terrícolas comeríamos platos calientes cada día. Nos gustaría abolir la explotación del tercer mundo, el abuso y la esquilmación de su riqueza natural.

Mientras esto llega, sugerimos al restaurante romano de la Viale delle Terme di Caracalla, donde comen a diario los miembros de la FAO, que sustituya la actual carta de menús por otra a base de escarabajos crujientes en lecho fluido de orugas de ciénaga, chinches de jergón salteados con patas caramelizadas de tarántula, foie micuit de cigarras salvajes con quenelle de piojos y sabroso deep de cochinillas con cuerpos de libélulas salpicados de moscas de corral.

SEUDOCRACIA CAPITALISTA

SEUDOCRACIA CAPITALISTA

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Los hechos que se están produciendo en los últimos años demuestran una incompatibilidad manifiesta entre capitalismo y democracia, aunque teóricos atufados por ilusiones ópticas políticas digan lo contrario y algunos países con pedigrí de autenticidad democrática ocupen posiciones destacadas en el ranking de países capitalistas.

La poderosa influencia del mundo financiero en las decisiones gubernamentales, evidencia de manera clara y contundente que no es el pueblo quien ejerce la soberanía como predicen las reglas de la democracia, sino los mercados financieros que marcan el rumbo a seguir en los países, porque el mundo se encuentra en manos del más voraz capitalismo.

La lista de los milmillonarios que publica la revista Forbes nos permite ver que 1.426 milmillonarios acumulan un patrimonio de ¡5,4 billones de dólares! Algo que contrasta con el informe de la FAO de 2012, donde se denuncia que un 12,5% de la población mundial, correspondiente a ¡870 millones de personas! no tienen un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Esto no sucedería si realmente el pueblo gobernara su destino en un mundo verdaderamente democrático.

En estos años de crueles recortes a la población, dictados por el mundo financiero, los sacrificios derivados de la política de austeridad no han llamado a la puerta de las 210.000 personas que han incrementado la lista de los ricos con 800.000 millones de dólares en el último año, constatando que capitalismo y democracia van por caminos diferentes. A esto se añade el informe de la Organización Internacional del Trabajo anunciando que la tasa de paro en el mundo se incrementará en 5,1 millones de parados, llegando a 205 millones en 2014.

Ante el fracaso democrático provocado por el capitalismo financiero globalizado, tenemos que sublevarnos los ciudadanos para llevar la democracia a sus orígenes, devolviendo al pueblo el poder usurpado por las élites económicas que rigen la vida ciudadana en falsas democracias de teatro, escaparate y bisutería.

SOMALIA, NUESTRA VERGÜENZA

SOMALIA, NUESTRA VERGÜENZA

Viendo en la televisión las imágenes de la hambruna en Somalia se me ha descompuesto el alma, encogido el corazón y acrecentado la incredulidad, porque mi entendimiento no puede aceptar el Dios todopoderoso y creador  que me presentaron en la infancia, mientras la fatalidad de la cuna determine la vida humana de forma tan contundente.

Juan Arias no podía creer en un Dios complaciente con los ricos a cuya puerta yace el hambre y la miseria, ni yo tampoco. Y rechazo con Cifermann el Dios que hace la vista gorda a injustas distribuciones de riqueza, que llevan a criaturas inocentes a la muerte por inanición, mientras otros desperdician la redención de estas muertes.

“Más cornadas da el hambre” comentaba un famoso torero para explicar su desprecio a la vida ante el toro, pero la cornada que el hambre ha dado al cuerno de África llevándose por delante a millones de personas de un lado para otro en un éxodo vergonzante para el primer mundo, supera toda consideración.

No es la sequía de dos años sin lluvias la consecuencia del exterminio, sino el olvido y la falta de alimentos la causa de las moscas que devoran el rostro de los niños en Somalia, Kenia, Yibuti, Uganda y Etiopía, ante la indiferencia de los dueños del mundo que alimentan a sus perros con filetes de ternera y agua envasada en recipientes esterilizados, mientras discuten la calidad del chocolate.

Morir de hambre en un mundo donde hay alimentos para todos une a la crueldad de la muerte por inanición, el insulto de la deshumanizada raza humana que contempla impasible el rosario de cadáveres en las cunetas y el acecho del buitre al niño moribundo.

Debo confesar que esta situación de hambruna me indigna más que la denunciada por nuestros “indignados”,  porque la muerte de miles de niños por carecer de un mendrugo de pan que llevarse a la boca, silencia toda reivindicación.

Caravanas de ancianos que no pueden dar un paso, mujeres sin fuerzas para incorporarse, adultos desnutridos y niños famélicos, caminan desperdigados decenas de kilómetros rumbo a la muerte, entre pestilentes animales muertos, sin los cuales se encoge aún más su futuro, porque las cabras, burros y camellos son necesarios para sobrevivir.

En el campo de refugiados de Dadaab, se hacinan 400.000 hambrientos, en la región de Turkana el índice de desnutrición alcanza el 50 % y en Somalia no pueden contabilizarse los muertos, donde cuatro millones de personas necesitan ayuda urgente paz, en un país sin ley atormentado por una guerra incivil.

Y mientras esto ocurre en el sur, en el norte sufrimos enfermedades por sobrepeso y la FAO denuncia que 1,3 billones de toneladas de comida acaban cada año en los vertederos.