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¿ESTÁ AQUÍ LA RANA?

¿ESTÁ AQUÍ LA RANA?

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Conversaba ayer con el guarda privado que custodia el acceso al edificio antiguo de la Universidad mientras esperaba a los reporteros de la televisión que iban a hacerme una entrevista sobre la implicación de Unamuno en el doctorado honoris causa que le fue concedido a Santa Teresa en 1922, cuando se acercaron unos turistas preguntando ¿está aquí la rana?

¡Dios!

Esa es la gran tragedia que sufre en silencio desde hace siglos el tapiz pétreo más hermoso que imaginarse pueda, muestra excepcional del mejor plateresco que cantero alguno haya podido tallar en la piedra salmantina que dora las fachadas, ascendiendo en fuego dorado al cielo con llamaradas que singularizan la belleza de la ciudad charra.

Nunca un batracio petrificado fue tan curioseado por ociosos turistas que miran el dedo cuando les señalan la luna, ni otro anfibio anuro mereció tanto desprecio por los amantes del arte que contemplan atónitos una filigrana histórica que habla con sabiduría de la piedra histórica del Estudio, donde impartieron sus lecciones Nebrija, Fray Luis, Vitoria y Unamuno, entre otros sabios de los muchos que han pasado por sus aulas.

El respeto con la vulgaridad cultural me obligó a dar una respuesta afirmativa a los curiosos que preguntaron, pero merecido tenían ser enviados calle Libreros abajo hasta tomar Tentenecio la bajada al río, donde el croar de las ranas daría cumplida satisfacción a quienes por ellas preguntaban.

¡LA DICHOSA RANA!

¡LA DICHOSA RANA!

Por muchas veces que pretenda evitarlo, nunca lo consigo. En ocasiones por voluntad propia y la mayoría de las veces requerido por los amigos que me visitan. Me estoy refiriendo a la patológica y desafortunada búsqueda de la rana en nuestra fachada universitaria.

No hay mayor prueba de embaucamiento colectivo por las hojas del rábano que la búsqueda de una rana en la joya del plateresco universal, porque este batracio se encarga de privar a los ojeadores del magnífico tapiz pétreo que abre las puertas a nuestra Universidad.

Croar inculto que trivializa la belleza única destilada por los canteros hace seis siglos para deleite de espíritus sensibles al arte inmortal. Minúsculo arbusto que impide ver el bosque majestuoso de belleza que destila la arenisca labrada por manos sabias de anónimos artistas desaprovechando la ocasión para degustar una pieza de valor escultórico excepcional nutrida de íntimos secretos estéticos, porque es muy difícil amar lo que se ignora y sólo se estima debidamente aquello que se conoce.

Forzado por peticiones, caigo una y otra vez en el engaño, y pico el anzuelo en cada visita de amigos que recibo, sin encontrar después consuelo a mi arrepentimiento, al convertir el arte en pasatiempo de búsqueda.

Pido a todos mis paisanos que se nieguen a mostrar la dichosa rana a los visitantes, sabiendo que seré el primero en contravenir este deseo porque la tradición pesa más que mi anhelo, y el deseo de complacer a los invitados somete mis propias intenciones.

SUBID AL ASCENSOR

SUBID AL ASCENSOR

Ayer tuve ocasión de cumplir un deseo, alentado desde hacía semanas por quienes me precedieron en la visita, y me “subí a la fachada” de la Universidad salmantina para vivir una experiencia única a la que todos estáis invitados, porque el ascenso a esa joya del plateresco es un deleite del que los lectores de esta bitácora no deben privarse.

El viento, la lluvia y, sobre todo, los ácidos excrementos de palomas y estorninos han pretendido llevarse por delante el excepcional tapiz pétreo del Estudio, inoculando en la piedra arenisca gérmenes contaminantes que han herido gravemente una belleza con 500 años de historia, obra cumbre del Renacimiento español.

La restauración de esta inigualable obra de arte se ha librado de los recortes económicos, siendo promovida su intervención por la Universidad de Salamanca con el patrocinio de la empresa Enusa y el apoyo de la Fundación del Patrimonio Artístico, para ser llevada a efecto a partir de octubre.

Con ese motivo se ha instalado en la fachada una plataforma de ascenso a la misma para que los técnicos de diferentes especialidades estudien las filigranas de la piedra y recompongan los daños causados, dando oportunidad a los ciudadanos a subir al ascensor estos dos meses, cuando los investigadores descansan de su tarea.

Os invito a todos, estéis donde estéis, a que no perdáis esta oportunidad única para descubrir y acariciar secretos históricos de la fachada que van más allá del dichoso batracio académico, porque la oportunidad de hacerlo es única e irrepetible, como la vida.