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Etiqueta: desvergüenza

ESPEJISMO POLÍTICO

ESPEJISMO POLÍTICO

espejismo

Las ilusiones ópticas producidas por los espejismos físicos debidas a reflexiones totales de luz cuando esta atraviesa capas de aire de diferente densidad, provocan que los objetos lejanos den una imagen invertida como si se reflejasen en el agua sobre la llanura del desierto, engañando a nuestros sentidos.

Pues bien, el debate sobre el estado de la nación ha puesto de manifiesto la crisis de espejismo que sufre el moisés libertador, merecedor de un despertador electoral que lo expulse del paraíso en que vive, ajeno a la realidad de la calle, desconocida para él en su onírico mundo de ilusiones mentales, contemplando ficticias imágenes, similares a las que aparecen en los desiertos, aparentando ver oasis alentadores en los resecos pedregales.

Esta grave crisis sensorial le ha llevado a percibir realidades inexistentes sin que nadie consiga despertarlo del feliz sueño donde descansa, percibiendo realidades diferentes a las que contemplamos y sufrimos el resto de los mortales, lejanas a la recuperación que produce un vaso de agua fresca en el siroco sahariano.

El gran prestidigitador distorsiona tanto la realidad que pretende hacer creíble lo imposible, presentando imágenes virtuales de paraísos inexistentes fruto de su calenturienta imaginación y mostrando ficticias realidades para embaucar la voluntad de los desprevenidos y confundir la percepción de los ingenuos.

Ilusiones mental que le lleva a conclusiones erróneas por carecer de lentes divergentes para separar la realidad de la ficción, favoreciendo la necesaria conversión política paulina que necesita en su ciego galopar al destierro ciudadano en las urnas.

De nuevo “tiene que llover” sobre la piel de toro para alejar de las tribunas al líder político menos valorado en las encuestas, por hacer lo contrario de lo prometido en una estafa electoral sin precedentes, agotando la paciencia colectiva con su desprecio a la inteligencia ciudadana, harta ya de groseras mentiras y privilegios inmerecidos de los hablamentarios.

RODRÍGUEZ, EL BIEN COMIDO

RODRÍGUEZ, EL BIEN COMIDO

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Dice el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid que está dispuesto a dimitir, porque a la política ya llegó comido y no la necesita para vivir, aunque no explica por qué lleva 31 años acomodando sus hermosas posaderas en diferentes sillones políticos recibiendo dinero de los contribuyentes, mientras llama mentirosa a la pobre sanitaria que se debate entre la vida y la muerte, culpándola de su desgracia.

¡Qué desvergüenza, Dios! Qué prepotencia, qué falta de autocrítica, qué forma de insultar a la paciente, qué insulto más descarado a los ciudadanos y ciudadanas que llevamos años soportando mentiras, abusos y faltas de respeto por parte de algunos dirigentes populares, sin que semejantes actitudes se vean reflejadas en las encuestas de opinión.

Tiene razón don Francisco Javier Rodríguez Rodríguez al decir que no se necesita hacer un máster para aprender a ponerse el traje sanitario de protección contra el maldito virus del ébola, pretendiendo con ello descalificar a los especialistas que han considerado insuficiente el tiempo dedicado a la formación para realizar esa tarea.

Pero olvida decir que para ser el máximo responsable sanitario de una comunidad sí se necesita hacer un máster en respeto ciudadano, tener el doctorado en autocrítica, haber hecho un curso acelerado de sentido común, ser licenciado en humildad, tener la diplomatura en responsabilidad social y acreditar un nivel mínimo de sensibilidad humana.

Sorprende que un facultativo expedientado en los años noventa por su mala gestión del servicio de urgencias en un hospital de Madrid, sea nombrado años después máximo responsables de los servicios sanitarios de la comunidad madrileña.

VERGÜENZA AJENA

VERGÜENZA AJENA

Unknown

En ocasiones sentimos vergüenza por la desvergüenza que algunos exhiben públicamente sin vergüenza alguna, con cara de cemento armado, descarada sonrisa y torpes gestos, mientras pronuncian palabras inoportunas como respuesta a preguntas inexistentes que flotan en el limbo de su mente, acompañando a la única neurona perdida que hace eco en su cerebro.

Los de provincias sufrimos bochorno con los balbuceos verbales de nuestra compatriota en el estrado. Las personas serias, honradas y capaces del Partido Popular madrileño se sonrojaron con la actitud de su compañera de filas. Y los madrileños están recuperándose de la vergüenza que pasaron al ver el ridículo tan espantoso que hizo su representante en la rueda de prensa ante los medios de comunicación mundiales, para convencer al COI de que Madrid se merece los Juegos Olímpicos de 2020.

Fue penoso ver a nuestra abanderada hacer uso de los cascos de traducción cuando preguntaban en castellano los periodistas y quitárselos ante las preguntas de reporteros ingleses, pretendiendo mostrar unos conocimientos del idioma anglosajón que no tiene, como evidenció con la respuesta que dio a la pregunta formulada por un periodista inglés, ajena totalmente a la cuestión planteada por el interrogador.

Decir que Madrid tiene la mayor parte de accesos, edificios, pistas, auditorios, etc. puestos en marcha, no responde a la pregunta de si el país está en condiciones de preparar eventos deportivos de la magnitud de unos Juegos Olímpicos, con una tasa del 26 % de parados que deambulan por las calles madrileñas, de contenedor en contenedor, con la desesperación a cuestas, el estómago vacío y la indignación en el alma.

Tampoco merece disculpa la poca atención y escasa memoria de doña Ana Botella, que comenzó su respuesta afirmando que el 80% de las infraestructuras ya estaban levantadas, para terminar asegurando que el 90 % de las mismas estaban en marcha, provocando la sonrisa de propios y extraños, ante la imdiferencia de la alcaldesa.

Conseguir en un minuto aparentar un dominio inexistente del idioma inglés, no responder a las preguntas y falsear datos estadísticos sobre la realidad, merece felicitación pública por batir el record olímpico en desvergüenza, sin necesidad de pisar la pista ni competir con la sabiduría, prudencia, humildad y talento, necesarios para convencer al COI de que merecemos los Juegos Olímpicos de 2020.

IGUALAR A LA BAJA

IGUALAR A LA BAJA

Estamos donde estamos, sin comerlo ni beberlo, por voluntad de quienes nos han empujado al hondón del pozo, mientras ellos se asoman sonrientes al brocal para ver como desaparecemos de la superficie, sin posibilidades de salir a flote pues los que tendrían que reflotarnos carecen del talento, valor y honradez que se necesita para ello.

Es el precio que pagamos por sostener con nuestros votos un sistema caduco donde predomina los sinvergüenzas que tienen la desvergüenza de ocupar portadas de periódicos y carteles electorales, mientras nosotros pastamos adormecidos y a la intemperie en esta decrépita pseudodemocracia.

La decadencia de la vida pública española tiene mucho que ver con la falta de ciudadanos honrados y capacitados para ocupar cargos representativos, ya que los partidos políticos han apostado por la incondicional fidelidad partidista, considerando que administran una finca privada y no el territorio común de cuarenta millones de ciudadanos.

En ese afán dominante han igualado a los cargos públicos por abajo, según el diminuto rasero de familiares, amigos y militantes que se arrastran por el suelo suplicando un sillón que llevarse a las nalgas, sin apartar de sus dientes el carnet del partido.

Esto es lo que pasa cuando se pone un país en manos de políticos desvalidos y desvaídos, permitiéndoles acomodar mediocres posaderas de personas incompetentes y sin escrúpulos en rentables poltronas institucionales, haciendo de la piel de toro un trapo raído e inservible.