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Etiqueta: Derechos Humanos

CARNE DE OBRERO EN MONEDAS

CARNE DE OBRERO EN MONEDAS

Carne

La viñeta que ilustra este artículo tiene cien años de vida, y en ella puede verse como se transformaba a principios del siglo pasado carne joven de obrero en monedas, llevadas en carretillos por los ricos empresarios que manejaban la maquinaria legal, encargada de hacer tan despreciable transformación.

Afortunadamente, hoy no sucede esto porque la situación laboral ha cambiado, limitándose los poderosos a transformar el sudor y lágrimas de los trabajadores en billetes de quinientos euros con capacidad de volar al soplo del viento defraudador, hacia paraísos fiscales, protegidos por unas leyes que consienten el expolio, provocando la risa en los defraudadores.

No es fácil evitar la tentación de recordar el engelsiano comunismo neolítico donde la ausencia de propiedad privada y clases sociales enfrentadas, terminó por dar paso al sistema de fuerzas productivas fragmentadas en clases ideológicas socio-políticas, organizadas en beneficio de un capitalismo que se mantiene contra todo viento político y marea social.

Reformas laborales mutiladoras de básicos derechos humanos, leyes represivas unidireccionales, presiones fiscales selectivas, explotación sin escrúpulos y especulación feroz, han transformado la clase trabajadora en monedas que pasan con dolor a las ranuras de las huchas de los patronos, en un país donde la actividad laboral está rodando por el suelo y el paro en lo más alto de la estadística mundial.

MI DÍA DE LA MADRE

MI DÍA DE LA MADRE

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No simpatizo con los “Días de…” porque entiendo que todas las jornadas son días de la infancia, de la paz, el hambre o los derechos humanos, con mérito propio para hacer realidad diaria lo que pretenden recordar cada uno de ellos, el día que tienen asignado.

Pero entre todos esos días, guardo especial recuerdo al día de la madre, aunque jamás haya podido homenajearla ese día ni los trescientos sesenta y cuatro restantes, compartiendo festividad y consuelo con cientos de hermanos adoptivos en el Colegio Infanta María Teresa, que todavía guarda intratapias inolvidables recuerdos de mi infancia y primera juventud.

Allí celebré con fraternales amigos de colpicio el “Día de la madre” cada 8 de diciembre durante los quince años que convivimos juntos, hasta que en 1965 alguien decidió cambiar esa celebración al primer domingo de mayo, sin doblegar mi voluntad, ya que permanezco inmóvil en mi sitio, recordando a las madres de mis compañeros, un día como hoy de cada año.

Simple homenaje a las enlutadas madres viudas de mis confraternales amigos, que lloraban la ausencia del marido y el alejamiento del hijo por obligada subsistencia, sumándose a ellas las abuelas y tías tutoriales que habían tomado el relevo de las madres ausentes, por fatal destino de la desgracia injusta.

Sencillo ofrecimiento patrocinado por la dirección del colegio para materializar el abrazo a las madres en humilde tarjeta descarada, que silueteaba en negra sombra al padre ausente aparentando una presencia en la mesa, imposible de alcanzar porque el destino había cerrado las puertas al amparador reencuentro.

Sobre la cartulina dejábamos estrofas dictadas y enviábamos besos con palillero, humedeciendo el plumín en tintero dolorido por una orfandad, siempre injusta, desigual y a destiempo, pero nunca merecida por el manojo de almas que nos arracimábamos en torno a la obligada celebración litúrgica.

JEAN ZIEGLER

JEAN ZIEGLER

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Este suizo, orgullo de la raza humana, es de los pocos intelectuales comprometidos con la redención de la humanidad, sin llevar cruces en el pecho ni aparentar ser lo que siempre ha sido en los cincuenta años que lleva dejándose la piel por defender la justicia social y una equitativa distribución de la riqueza.

A sus ochenta años, este doctor en Derecho y Ciencias Económicas por la Universidad de Berna, profesor de sociología en las Universidades de Ginebra y Sorbona de París, Relator Especial de la ONU para la Alimentación y parlamentario suizo, mantiene el espíritu luchador que tuvo en su juventud contra la banca suiza por colaborar con los nazis a la expropiación judía.

Siendo vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, hizo temblar los cimientos del capitalismo y el poder financiero denunciando que la deuda de los países desfavorecidos era delictiva e ilegítima, al estar generada por “un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”.

Ziegler condujo a Ernesto Guevara por las calles de Ginebra cuando el Che acudió a esa ciudad en 1964 para intervenir en la Conferencia del Azúcar, y algo debieron hablar en el coche, para que este viejo profesor propusiera ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar los arrogantes bienes y sobradas riquezas robadas por los especuladores financieros, para compensar todo el sufrimiento que han causado a la población mundial.

VISTÁMONOS DE COLOR NARANJA

VISTÁMONOS DE COLOR NARANJA

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Cuando el dictador Trujillo se hizo en 1930 con el poder absoluto de la vida y hacienda de los dominicanos, las hermanas Mirabal se opusieron al tirano sin saber las tres “mariposas” que terminarían apaleadas a garrotazos y ahorcadas con pañuelos, el 25 de noviembre de 1960, por sicarios del generalísimo al mando del vesánico sargento De la Rosa, que pretendió ocultar el asesinato introduciendo los cadáveres de Minerva, Patria y María Teresa en un coche arrojado al acantilado, para simular un accidente de tráfico.

Este fue el injusto, deplorable, macabro y triste final de las tres mujeres, tras sufrir previamente varios encarcelamientos, violaciones y torturas por parte del Trujillo y sus cómplices, al negarse la bella Minerva a complacer los reiterados deseos sexuales del salvaje torturador.

En honor a las hermanas Mirabal, las mujeres reunidas en Bogotá durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en 1981, acordaron que el día de la masacre fuera conmemorado en todos los países, ratificando este deseo la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1999. 

Por eso, celebramos hoy el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Por eso, el Secretario General de ÚNETE propone que llevemos alguna prenda de color naranja desde hoy hasta el 10 de diciembre en que celebraremos el Día de los Derechos Humanos, para recordar que la violencia contra la mujer viola esos derechos.

Por eso, es momento de erradicar la discriminación que sufre la mujer en leyes, trabajo y salarios, impidiendo su desarrollo, sabiendo que el 70 % de ellas sufre violencia alguna vez en la vida.

Por eso, esta bitácora se viste hoy de color naranja.

DESOBEDIENCIA CIVIL

DESOBEDIENCIA CIVIL

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La desobediencia civil, consecuencia de la objeción de conciencia, es el rechazo de las personas a cumplir determinadas leyes y órdenes, por considerarlas contrarias a sus convicciones personales forjadas en principios éticos o religiosos. Fundamentos disconformes con exigencias impuestas por leyes y mandatos externos, que determinan la desobediencia civil del objetante, sin cometer delito por someter ordenanzas humanas a dictados naturales de la conciencia.

Eso ha hecho el bombero que ayer se ha negado a cizallar las cadenas de acceso a la vivienda de una anciana de 85 años que iba a ser desahuciada, ante la cara de asombro de los policías y agentes judiciales que reclamaron su presencia, y el aplauso de los ciudadanos solidarios que se oponían al desahucio. Nuevo brote verde de rebeldía e insumisión a órdenes que pretenden malversar la conciencia personal de cada cual,  preludio de próximas desobediencias si las autoridades se empecinan en seguir por el camino que han tomado.

La Constitución recoge en su artículo 30 este derecho ciudadano, pero sólo en el ámbito del servicio militar, olvidando que la conciencia personal va más allá de negarse a disparar balas contra otro ser humano, porque existen otras formas de matar o mutilar al vecino, sin necesidad de pegarle un tiro en el pecho o volatilizarlo de un bombazo.

¿Puede obligarse a un cirujano a dejar abandonado en la puerta del quirófano a un enfermo sin “papeles”? ¿Debe condenarse a un soldado por negarse a cumplir órdenes de matanza opuestas a su conciencia? ¿Merece castigo un bombero por cumplir su código deontológico, desobedeciendo mandatos que considera inmorales?  ¿Puede inhabilitarse a un policía por negarse a golpear ciudadanos que piden pan, trabajo y justicia o apartarle del servicio por disparar al aire pelotas de goma en vez de hacerlo a los ojos de quienes defienden los intereses del propio policía que los mutila? ¿Puede obligarse a un juez a dictar sentencia de desahucio contra un desposeído, basándose en una ley añeja que colisiona con su ética personal y su desacuerdo legal?

La objeción de conciencia provoca una dolorosa confrontación entre dos normas desiguales en su ámbito de influencia, pero con igual mérito, validez e influencia sobre las personas: la norma legal impuesta por la sociedad; y el código ético personal que determina los comportamientos individuales.

Existe un choque frontal entre el derecho objetivo y la norma subjetiva. El primero con más tinte de racionalidad que el segundo, aunque éste aventaje en convicción y compromiso al primero, amparándose en la Declaración de los Derechos Humanos y en  decretos naturales contrarios a ordenanzas legales, sean éstas las que fueren.

Los que pretenden someter la objeción de conciencia a las leyes comunes, alegando los valores democráticos que las dictan, olvidan que los ciudadanos no estamos sometidos a la disciplinas contrarias a nuestro código moral de conducta, ni obligados a claudicar ante el patrioterismo de poltrona y chequera, pretendido por demagogos que llenan sus bocas con palabras que contradicen los comportamientos y actitudes que manifiestan.

Los demócratas hemos de acabar con esa lacra de patrioterismo y democratismo, con que pretenden adoctrinarnos y domesticarnos para evitar la rebelión y acrecentar la sumisión, a base de amenazas, pelotazos, garrotazos y leyes que benefician a los mantenedores del sistema.

Quienes dan las órdenes no siempre tienen razón, y es obligación ciudadana oponerse a ellas cuando el daño que generan a los vecinos lo aprovechan unos cuantos pescadores en este río revuelto cargando las redes de beneficios personales que aliviarían poblaciones enteras, como es de todos conocido, sin necesidad de dar nombres de los depredadores, porque están en boca de todos.