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CULOS Y TÉMPORAS

CULOS Y TÉMPORAS

Toda valoración de personas concretas tiene en sí misma una componente subjetiva que mediatiza, condiciona y determina el juicio pronunciado sobre alguien, negando al opinante una parte de verdad, algo que se acentúa cuando la opinión se vierte en base a la militancia política o adscripción religiosa del sujeto enjuiciado, porque el fanatismo suele cegar el buen sentido confirmando las ideas obsesivas que dominan la voluntad y discernimiento del enjuiciador.

Quienes esto hacen, confunden las nalgas con los cuatro tiempos litúrgicos de plegaria y penitencia, estando obligados a pasar por el sillón del psicoanálisis para eliminar fantasmas, dejarse trepanar la mente para coagular errores y resecar la retina atrofiada que le impide ver la realidad, interfiriéndose en su cerebro culos y témporas, por ofuscación que nubla su entendimiento.

Las malas entendederas de quienes confunden conceptos, actitudes y comportamientos de otras personas, merece el desprecio cuando el malentendimiento es premeditado con objeto de zaherir a la persona que sufre sus denuestos.

Por eso, opinar, identificar y definir personas a partir de la ideología adscrita a su militancia o credo correspondiente, conduce frecuentemente a error, pues la experiencia nos enseña que la “ficha” ideológica no implica necesariamente compromiso alguno del militante con la doctrina que dice sostener, por muy vinculado que se encuentre el encausado a la organización social, política o religiosa que patrocina su credo, algo que nos permite concluir que la valoración a las personas debe hacerse por su condición humana y no por su militancia en la ideología que patrocina.

Los confusionistas deben saber que mezclar en el mundo ovino churras con merinas produce lana de baja calidad, y entrelazar gimnasia con magnesia conduce a dislocación mental, como le sucede a estos seres con lengua viperina.

FERMOSURA ARTIFICIAL

FERMOSURA ARTIFICIAL

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En el mundo de la artificial belleza física y el desfigurado escaparate social no tiene espacio el talento, porque la presunción de ser lo que no se es ha reservado el derecho de admisión en la vidriera plastificada donde exhiben la piel bronceada con infrarrojos eléctricos los desocupados cerebrales.

Existe un gran comercio de narices, tetas, labios, culos, pómulos y casquerías afines cuya misión es falsificar identidades, retratos y realidades, aunque no lo consigan porque todo aquello que está al alcance del bisturí no forma parte de la esencia de cada cual, aunque se logre un disfraz poniendo euros sobre el mostrador de la frustración.

Es difícil encontrar al intelecto luciendo palmito en las pasarelas de moda, porque se hospeda en el territorio espiritual de los valores humanos invisibles a los ojos teñidos de felices colores camino de una felicidad pasajera, alcanzable sin esfuerzo en los expositores de belleza externa.

En los shopping centers del camuflaje estético se hacinan stores quirúrgicos con las estanterías llenas de prótesis, siliconas y botos sonrientes de porcelanas robadas por el butrón de la hipocresía que entretiene a personas ociosas y disconformes con sus formas, creyendo que con el cambio mejoran el atractivo interior, tan deseable y duradero.

A las mentes huecas y frías con bolsillos rellenos y calientes, se ofrecen piezas selectas de carne humana enlatada, mutilación de imperfecciones, nuevos párpados, estiramientos de piel y cambios de apéndices sensoriales hasta conseguir momificarse en clones idénticos de belleza estereotipada por la moda de turno, para seducir al vecino o vecina que camina a su lado por la calle hasta el socavón de la muerte que devora todo esfuerzo por alargar el tiempo más allá de lo que a cada cual corresponde.