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Etiqueta: Concejos

PARIDAD

PARIDAD

Unknown

No hablo de la paridad como inversión de coordenadas espaciales, ni entendida como corrección de errores en una transmisión, o comparación de algo con otra cosa, o igualdad de cosas entre sí o relación de una moneda con el patrón monetario internacional vigente, que sería lo normal, como dictan las normas y academias. No.

Me refiero a la paridad de género en política, término empleado por los sabiondos mandatarios para expresar la igualdad de miembros, – y miembras, claro -, en las Instituciones públicas. Es decir, que haya matemáticamente tantos hombres como mujeres en gobiernos, parlamentos, diputaciones, concejos, parques de bomberos, cuerpos de seguridad, lavanderías, viajes espaciales, faros costeros, colas del paro y paritorios. Bueno, no, en paritorios no, mientras los hombres no puedan dar a luz.

Esto significa que muchas mujeres con demostrada competencia profesional, inteligencia probada, manifiesta capacidad de trabajo y honradez contrastada, no podrán ofrecer sus servicios a la comunidad porque la paridad política exige dar paso a hombres con evidentes condiciones inferiores para ejercer el trabajo correspondiente, porque la matemática exigida por la paridad impone su presencia, sin dotar de competencia a los elegidos, y va siendo hora de que una mujer presida el Gobierno de España, algo que no ha sucedido desde la extinción de los dinosaurios.

La incuestionable igualdad de género no debe confundirse con la paridad política, ni la igualdad de oportunidades despistarse con el reparto matemático de poder, basado en criterios numéricos y no competenciales, para seleccionar a las personas que deben realizar tareas que afectan al colectivo, donde la falta de cualidades para ello perjudica gravemente a los ciudadanos.

No creo que la gestión de la sociedad sea una cuestión que deba dirimirse a partir del género estadístico, igualando faldas y calzoncillos en las tribunas públicas, sino apelando a los valores de cada cual, dando primacía al talento individual, la honestidad particular, la competencia laboral, la integridad personal y la honradez profesional, pero estoy convencido que si el resultado de este cóctel se hubiera inclinado a lo largo de la historia a favor de las mujeres hubiéramos tenido menos guerras, más concordia, superior bienestar y mayor progreso.

Decía Borges con desacierto para unos, fortuna para otros e indiferencia para la mayoría, que la democracia es un abuso de la estadística, replicándole Carlyle en parecidos términos, afirmando que era el caos provisto de urnas electorales.  Yo creo que la paridad política basada en el género sexual va más allá, haciendo de la igualdad un esperpento.

COMPÁS DE ESPERA

COMPÁS DE ESPERA

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Este compás no se refiere al silencio que dura el tiempo marcado por el signo que determina el ritmo en una composición musical, sino a la parada obligatoria que estamos haciendo los ciudadanos en espera de soluciones que hagan aparecer brotes verdes de esperanza en nuestro futuro.

Nos gustaría saber el tiempo que falta para que quienes aparentan representarnos en el Parlamento, los Concejos Municipales y las Diputaciones Provinciales, acaben finalmente representándonos en dichas Instituciones.

Quisiéramos saber cuánto tiempo debemos esperar aún para que los gobiernos sucesivos dejen de mentirnos y los políticos justifiquen con su trabajo los sueldazos, dietas y jubilaciones que se llevan en crudo.

Desearíamos tener una idea aproximada de las horas y días que debemos aún permanecer a la puerta de los juzgados, esperando que los magistrados nos expliquen algunas sentencias difíciles de comprender para los humildes mortales.

Sería bueno que alguien nos dijera en qué momento van a desaparecer los políticos de los procesos judiciales, y cuándo los partidos políticos abandonarán la desvergüenza de incluirlos en sus listas electorales.

Pedimos que se nos diga el tiempo aproximado que falta para que se extinga la ley de impunidad que ampara a enfermos psicopatológicos que con su megalomanía han despilfarrado nuestro dinero en estériles caprichos.

Estamos impacientes por saber si el rey va a presentar finalmente su candidatura oficial en las elecciones democráticas a la presidencia de la Tercera República Española, porque a muchos les gustaría botarle.

Aspiramos a saber qué día podremos abrir indistintamente cualquier periódico para estar objetivamente informados, sin manipulaciones tendenciosas, silencios cómplices y recortes oportunistas.

Anhelamos saber cuándo los ladrones de guante blanco, los políticos corruptos y los banqueros que han metido la mano en la caja, van a devolver lo que se han llevado, aunque haya prescrito el delito.

Finalmente, quisiéramos saber si van a ponernos sillas en la sala de espera donde nos encontramos, porque estamos cansados de estar de pie esperando unas respuestas que no llegan, y el cansancio excita los ánimos, produce malestar, genera indignación y enaltece el espíritu agresivo.