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Etiqueta: chocolate

PESADILLA SUBSAHARIANA

PESADILLA SUBSAHARIANA

LLEGADA CAYUCO A TENERIFE

Soñaban al sur del Sahara con tierras de promisión que alejaran sus estómagos de la hambruna, y con esa intención comenzaron a rodar miseria arriba hacia el imposible milagro, hacinados en trenes, carretas y autobuses, con el alma seca por soles desérticos y a la intemperie, bajo el siniestro vuelo de las aves carroñeras que acechaban, en espera de nutrirse con los muertos abandonados en el camino.

Desnutridos, agotados y somnolientos, cruzaron desiertos, vadearon ríos, se cobijaron en cuevas y comieron reptiles con hierbas de guarnición, hasta llegar a la frontera de la opulencia donde fueron desgarrados sus cuerpos en concertinas desafinadas y arrinconados como apestados en habitaciones con ventanas enrejadas donde el sueño redentor de la indigencia se convirtió en negra pesadilla de luto mortecino.

Su delito: nacer en el sur. Su ambición: sobrevivir. Su pecado: la ingenuidad. Su error: confiar en otros hombres. Su esperanza: comer algo cada día. Su destino: la pobreza. Su realidad: el fracaso en la redención de la injusta condenación a la hambruna, en un mundo con alimento sobrado para todos.

Con el alma astillada por la frustración tras el desmedido esfuerzo, son obligados a regresar frustrados a la choza de la que partieron junto a la desahuciada familia, certificando los verdugos la entrega de los descarriados, mientras en los foros del norte siguen los especuladores sin alma, discutiendo sobre la calidad del chocolate.

HAMBRUNA Y HARTURA

HAMBRUNA Y HARTURA

Unknown

Nunca fueron buenos los extremos ni admisibles las posiciones radicalmente opuestas en el ámbito existencial, pero ese antagonismo se hace detestable cuando toma cuerpo en la justicia social, y abominable si afectan al reparto de riqueza, porque en ambos casos revienta la conciencia ciudadana, destierra la solidaridad y espanta los más elementales principios éticos y morales que deben regir la sociedad.

Bastaría tomar algunos deciles situados en la parte superior derecha de la campana social gaussiana y pasarlos a la parte inferior izquierda de la misma, para que los golpes del badajo anunciaran felices repiques solidarios en vez de tristes campanadas funerarias, como sucede hoy en todas las espadañas de nuestra geografía económica.

Los ciudadanos que pasan el tiempo discutiendo sobre la calidad del chocolate, mientras sus vecinos se comen los puños de hambre, merecen ser desposeídos de sus bienes. Una sociedad que tolera impasible la convivencia del hambre y la hartura en sus calles, es una sociedad enferma que debe ser llevada a la hoguera por su herejía social.

La hartura de bienestar lleva asociado el despilfarro que abre jirones de impotencia y rebeldía en quienes buscan restos de alimentos en los estercoleros con el dolor a cuestas, la enfermedad en el cuerpo, el hambre en el estómago y la desesperación en el alma, condenando esta sociedad occidental defensora de la civilización cristiana que profesan los mandatarios y siervos de todos los países cristianizados.

Paradoja doctrinal exhibida con cínica ostentación por los favorecidos que unen al desprecio y condena de los empobrecidos, la contradicción de golpearse el pecho en los templos con la mano izquierda mientras con la derecha abofetean la miseria, protegidos por el Dios que predican quienes roban la comida al hambriento, desnudan al vestido, infectan al sano, cierran los grifos al sediento y condenan al inocente.

EL CHOCOLATE DEL JILGUERO

EL CHOCOLATE DEL JILGUERO

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Muchos indianos ricos del siglo XVIII tenían en casa un loro al que daban un trozo de chocolate de baja calidad, que el animal picoteaba. Pero ya pasada la época de bonanza, los arruinados ricos  disfrazaban su pobreza suprimiendo la jícara de chocolate al loro. Esto justifica que cuando se pretende solucionar la ruina económica ahorrando demagógicamente una partida de gasto insignificante, se hable de suprimir el chocolate del loro.

Pues bien, cuando el efecto producido por la supresión de gastos tiende a cero, hablamos del chocolate del jilguero, por tratarse de un dispendio insignificante y sin efecto alguno sobre la economía, que sólo consigue generar malestar en el pobre animal.

Pero si la decisión de quitarle el chocolate al jilguero, viene acompaña de insultante demagogia, entonces ya el malestar se transforma en indignación, provocando que el pájaro termine por hacerse un espacio entre los alambres de la jaula para irse a comer en las toneladas de trigo que guardan en sus graneros, quienes han suprimen el sustento básico que alimenta a los encarcelados en la red tejida por los depredadores.

Esto sucederá algún día si alguien no lo remedia, debido al egoísmo y la falta de inteligencia de quienes han tenido la desvergüenza de suprimir medicinas gratuitas, eliminar el agua de la dieta a los enfermos, quitar la comida a los médicos de guardia y obligar a pagar por el sillón del acompañante, cuyo gasto no es comparable con los excesivos sueldos y cargos dirigentes que hay en los hospitales, las prolongaciones más allá de la edad de jubilación a parásitos inútiles de solemnidad, ingresos económicos de los políticos, irracionales indemnizaciones a los “cajeros”, inoperancia del Senado, mamoneo de los Ayuntamientos e hipermegamultimillonarios rescates bancarios.